Mié, 07/04/2018 - 10:57
El estreno será el 5 de julio en salas de cine del país

Una mirada distinta sobre la inmigración en la gran ciudad - ESTRENO JUL 05

Mientras el debate norteamericano sobre inmigración se enfoca en el cruce de fronteras, en Nadie nos mira, Solomonoff presenta la emigración latinoamericana hacia Estados Unidos en una perspectiva original donde su protagonista excede el tiempo de su visa, un fenómeno que afecta al 40% de los inmigrantes indocumentados en ese país. #SalirEsVencer a partir del 05 de julio en salas de cine en Colombia.

La experiencia de Nico es muy común, pero el cine americano suele dejarla de lado; hay muchas películas de inmigrantes latinos en Estados Unidos, sin embargo, no hay mucha diversidad en esas historias. "Lo que suele verse es una versión idealizada: un camarero vive en un loft de siete mil dólares al mes cuando gana solo mil quinientos. O, en el otro extremo, se nos cuenta un relato amargo, basado en la miseria, en el que se reduce la experiencia del inmigrante a una situación súper urgente que se resuelve con una Green Card", asegura la directora y guionista argentina, Julia Solomonoff.

Nadie nos mira se propone hablar desde un lugar más esencial, menos urgente pero no por eso menos importante. Como en El pasajero (1975) de Antonioni, el viaje es la fantasía de una nueva identidad y la libertad que conjuga esa posibilidad. Solomonoff se basó en su experiencia y la de gente cercana para hacer una "película que habla un poco de mi primera etapa en Nueva York, donde experimenté el malestar por no encontrar mi lugar en la ciudad".

Hay mucho de Julia en el personaje principal. "Hace veinte años me fui de Argentina a Nueva York para estudiarViví una vida parecida a la del personaje, quizás menos precaria. Como Nico, fui niñera, fui camarera… Fui un montón de cosas. Y tuve esa misma sensación de tensión con la cultura americana; con la idea de qué es latino y qué no; con la idea del inmigranteFui a buscar una cierta libertad, una cierta soledad y me encontré con bastante libertad y soledad".

Al igual que le ocurre al protagonista del filme, Julia se topa con una ciudad muy abierta y cosmopolita, pero con un discurso cultural muy cerrado. "Hacer la película fue mi manera de encontrar mi lugar en Nueva York", prosigue la realizadora de Hermanas (2005) y El último verano de la Boyita (2009).

La cámara de Solomonoff dibuja con elegancia el retrato de un sueño roto, la descripción de un inmigrante sobrepasado por las circunstancias. Nadie nos mira es un relato lleno de sensibilidad sobre un universo masculino donde aflora el drama de la soledad y la incomprensión, pero también un viaje introspectivo de auto descubrimiento como base para alcanzar el éxito real, que adquiere incluso mayor relieve en la era Trump. "A veces el crecimiento creativo pasa por otro lado y no es tanto la celebridad o aparecer en una gran marquesina como saber lo que uno es. De ahí la diferencia entre el ser y el estar", opina Julia.

Pese al notorio crecimiento de la población latina en Estados Unidos, son muy pocas las películas que intentan retratarla con inteligencia, humor y un punto de vista que contraste o desafíe la cultura dominante. La constante reducción de la identidad latinoamericana a una simple capa de color y sabor, revela etnocentrismo, una negación de la vigencia de nuestras variadas y ricas culturas.

El personaje principal, Nico, interpretado por el argentino Guillermo Pfening, se instala en la dicotomía entre ser un actor de éxito en Buenos Aires y un inmigrante en Nueva York, y es el encargado de retratar la búsqueda de identidad, el crecimiento personal y el valor que cada persona le da al éxito y al fracaso. "El miedo al fracaso es una gran trampa, nadie puede crecer si no se cae antes", resalta la directora.

Un anónimo en Nueva York

Luego de cierto éxito en la televisión Argentina, Nico (30 años), emigra a New York a protagonizar la película de un director Mexicano. Pero la película se cae y Nico decide quedarse. Demasiado rubio para hacer de latino, su acento demasiado fuerte para hacer de americano. Nico no consigue trabajar como actor y debe hacer malabares para sobrevivir: alquila departamentos para turistas, trabaja de mesero y de niñero. Temeroso de regresar como fracasado, hábil para aparentar lo que no tiene, Nico, queda flotando en la ciudad, en la que su vínculo emocional más auténtico es con el bebé que cuida y con las niñeras latinas del parque. Cuando recibe la visita inesperada de Martín, quien fuera su productor y amante, Nico debe confrontar las verdaderas razones de su huída.

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