Sáb, 07/28/2018 - 08:37
Foto: deportes.canalrcn.com

Etapa de Lourdes con seres más veloces que las águilas

Las yeguas y sus crías lucían imponentes. Hermosas se veían sus rubias crines que contrastaban con el castaño de sus pieles, y perfectamente quietas en la cima de la alta montaña parecían saber que los camarógrafos de Caracol las enfocaban una y otra vez, para recordarle a los hombres que ellas son las que paren hijos más veloces que las águilas, y también han sido sus hijos los precursores de progreso y libertad. Fueron hermosas las tomas que nos dejaron esa grata sensación de ver cumplida la afirmación del profeta Jeremías.

¡Héroe que se respete sobre un caballo está!

Mientras tanto abajo, en esa carretera que conduce a la milagrosa Lourdes donde están los pastorcitos, llena de gentes sin trabajo –les dieron descanso por esta vuelta- se ven pasar los ciclistas que hacen surgir los “hombres ladradores”, aquellos que cual perros perseguidores de llantas de carros y bicicletas en las ciudades, también le ladran a los cansados ruteros queriéndoles morder las piernas o la oreja.

¡Que fanáticos! ¡Que amor por el deporte y sus machos! Nos imaginamos que éstos en vez de echarle los perros a la novia se los echan a la luna. Ladran. Porque son muy machos estos muchachos, quienes por mucho cojín que lleven en las nalgas, necesitan de buenos cojones para pedalear, cinco horas y más, durante tres semanas levantándole el ego a sus patrocinadores y a quienes les apostaron en las casas de juego y hacen su fortuna con ese pedalazo de quien agoniza pensando en los besos que recibirá en el podio mientras se desperdicia, sin razón, una champaña que tanto esfuerzo significó cultivarla embotellarla.

¡Ah, mis queridos colombianos! Hoy no ganaron pero cumplieron. Por eso admiré a Egan cuando dijo: “…hice mi trabajo. Puedo morir”. Eso es compromiso. Eso es verraquera. Eso es ser colombiano de bien. Eso es ser responsable.

¡Nairo! Ahí está. Una caída. Un tobillo. Pareciera que a los pelimonos no les cae bien que los morochitos ganen. No prejuzgamos. No se pudo. Punto. Se les mostraron los dientes y para qué sirve la papa y la arepa boyacense. ¿Arepa? Recordé a Cochise en una Vuelta a Colombia, descendiendo, desbocado por aquellos caminos de herradura, arriesgando la vida y al Campeón Carlos Arturo Rueda, en el transmóvil de R.C.N., manejado por “Peligro”, siguiendo a ese monstruo que fue en su momento el paisa y dejó historia para la eternidad. Y, dentro del transmóvil, un ayudante: ¡Paren…Paren… hijos de… pues nos matamos! El hombrecito renunció. La causa: Cochise era un suicida bajando por esos huecos que transitaban las mulas de carga.

La etapa 19 ganada por Primoz Roglic fue hermosa por los potrillos y las yeguas, por los paisajes que nos dejaron ver los productores, por las vías que no necesitan de milagros de la Virgen de Lourdes para permanecer limpias y, en fin, porque aprendí que en la hípica cuando escribo cabeza a cabeza en el ciclismo debo decir: Tete de la course y que se le arregle el tobillo a nuestro Nairo.

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