Mié, 12/13/2017 - 06:22

La final soñada de un niño cuarentón hincha del azulito. Memorias de los 80´s.

Fotografía tomada de fotosclasicascdlm.blogspot.com

La última vez que Millonarios y Santa Fe salieron campeón y subcampeón del fútbol colombiano yo tenía un año y medio de edad. Eso fue por allá en 1975 y el formato del torneo era distinto, se jugaba un hexagonal final de todos contra todos, por lo cual, esta en realidad es la primera final entre azules y rojos de la Capital en mis 43 años de vida.

Andrés F. Giraldo (izq) hincha de Millonarios, Fredy Coronado (der) hincha de Santa Fe

En esa ocasión el León se alzó con el título y Millonarios salió segundo. Pero siempre escribiré Millonarios primero porque soy hincha del azulito desde que tengo uso de razón. Y Santa Fe, bueno, Santa Fe son (en plural porque hablo del equipo y su hinchada) los rivales tradicionales de patio que pasaron de ser la cenicienta en los 80´s para empezar la segunda década del siglo XXI como uno de los equipos más grandes no solo de Colombia, sino del Continente. Mientras, Millos se fue diluyendo en la intrascedencia y la tristeza que provocan las pésimas administraciones. Ganó una estrellita solitaria en 2012 cuando el club por fin alzó la cabeza al mando de Felipe Gaitán como gerente y Hernán Torres como Director Técnico, pero se la volvieron a cortar los mercenarios empresariales del fútbol. Pero acá estamos de nuevo, en otra final, a pesar de esas malas administraciones. No gracias a ellas. Que quede eso claro, señores directivos.

Mis recuerdos del fútbol de los 80´s, cuando esta fiebre se me metió en las venas para no irse jamás, ahora son débiles y esporádicos, desordenados y vagos. Han pasado 29 años desde esa estrella 13 en 1988 que yo celebré a rabiar a mis tiernos 14 años con la ingenuidad absoluta de creer que la habíamos ganado en franca lid. Y bueno, quizás se ganó en franca lid si lo vemos desde el punto de vista de las mafias. José Gonzálo Rodríguez Gacha le ganó esa estrella a Pablo Escobar y a los hermanos Rodríguez Orejuela, amos y señores de Nacional de Medellín y del América de Cali respectivamente. Las mafias del Santa Fe de esa época negociaban más con esmeraldas que con coca y no les alcanzó para competir con los grandes capos del narcotráfico. Solo podían comprar partidos, pero no campeonatos. Quedará para la memoria el famoso "gol fantasma" de Santa Fe en 1989 cuyas imágenes comparto. Pero el campeonato ese año fue cancelado porque sicarios de Escobar mataron al árbitro Álvaro Ortega, por pitar bien un partido del verde contra el DIM.

En los 80´s, para definir campeonatos a su manera estaban los capos. Gacha se conformó con torneos nacionales. Los hermanos Rodríguez Orejuela y Pablo Escobar le apuntaron además a torneos internacionales. Nacional al final lo logró en 1989 con la Copa Libertadores de América, mientras que los capos del cartel de Cali tuvieron que ver como se les iba el título en tres finales seguidas, una de ellas faltando 15 segundos para la consagración. No recuerdo el año exacto de esa tristeza, pero fue en la segunda mitad de los 80´s. 1987, si la memoria no me falla.

De esa época recuerdo una lista interminable de jugadores de Millos que me hicieron adorar la camiseta azul. El más importante y quién ha sido un referente para mi vida como arquero amateur, ahora rechonchito y saltador, es el inmortal Pedro Alberto Vivalda. Algunos dicen que en realidad se llamaba "Alberto Pedro". No lo sé, para mí seguirá siendo "Vivalda", a secas. Ser rubio de cabello liso y usar camisetas de Millos desde muy niño, me hacía parar en el arco creyéndome ser el gran Vivalda. Creo que pocas veces he sentido tanta tristeza por la muerte de alguien a quien solo vi desde la lejanía en una tribuna del Estadio Nemesio Camacho "El Campín" que quedaba a solo unas cuadras de mi casa. Vivalda se le echó a un tren en movimiento en su natal Argentina agobiado por rupturas sentimentales y deudas a granel. Así atajó el último gran balón de su vida. Pero éste se lo llevó consigo hasta el fondo de la red.

Y como buen Vivalda, en mi barrio en Bogotá, Nicolás de Federmán, vivía también mi némesis, mi archienemigo con guantes, el gran rival a derrotar, mi Julio César Falcioni, arquero del América de Cali de la época, uno de los mejores arqueros del mundo en su momento. Él se llama Fredy Coronado. El mejor arquero aficionado que yo haya visto atajar en mi vida. Hoy en día es uno de mis mejores amigos. Jugamos verdaderos clásicos, cada uno en un arco de los dos que habíamos armado en el parque con un saco y un poste. Así eran los arcos de los parques. Solo había palo en el poste. Nada de mallas, nada de líneas de cal señalando las áreas, nada de piso plano, eran superficies irregulares, llenas de huecos, baches y tumultos. Si el balón pasaba sobre el saco, solo había discusiones sobre si era gol o no, y al final el veredicto lo daba el más grande y fuerte, a quién todos le teníamos miedo. Un Salomón de barrio que usualmente definía la situación con un penal en donde no había habido falta alguna. Así era el fútbol de barrio.

Fredy siempre se declaró en neutralidad como hincha. Siempre dijo ser "hincha de los equipos de Bogotá" como buen conciliador y diplomático que ha sido toda su vida. Hace pocos años salió del clóset santafereño vistiendo la camiseta del León en el estadio. Siempre lo supe. Era santafereño enclosetado. Nadie es perfecto.

Aparte de Vivalda, Millonarios era una máquina de buen fútbol de una legión maravillosa de jugadores argentinos que bien pudieron ser titulares de su selección. Al comenzar los ochentas jugaban en el azul Espíndola, Barberón y Van Tuyne y el más grande goleador que haya pasado por el azul, Juan Gilberto Funes, el búfalo de San Luis. Un jugador técnicamente deficiente, pero con un corazón tan grande y pasional en la cancha, que al final terminó llevándoselo de este mundo prematuramente a sus apenas 28 años. A Funes solo había que pasarle el balón en el último cuarto de cancha. Él la metía casi siempre de un riflazo que le doblaba las manos a los arqueros que osaban intentar detener el remate. Luego llegaron a Millonarios otros argentinos brillantes como Vanemerack, Juárez, Videla y los arqueros Basigalup y Cousillas, buenos, pero nada que ver con el gran Vivalda. Vivalda era único. De la legión criolla de los azules imposible olvidar a ese gran dúo de goleadores Arnoldo Iguarán y Acisclo Córdoba a quienes les reemplazaron los también contundentes "La gambeta" Estrada y Rubén Darío Hernández. Todos ellos indiscutibles en la Selección Colombia de ese momento.

De Santa Fe de los 80´s solo recuerdo con claridad dos nombres que me daban escalofríos: Gottardi y Sossa. Hugo Gottardi era de esos jugadores de los que uno no sabía la posición porque aparecía rechazando un tiro de esquina en contra como metido en el área rival cabeceando para anotar. Y Héctor "El Rambo" Sossa era un arma letal de tres cuartos de cancha hacia adelante. No recuerdo si coincidieron los dos en algún momento en la alineación del Expreso Rojo. Paradójicamente, hoy el gran Hugo Gottardi estará en el banco azul, vestido de azul, haciéndole fuerza al azul como asistente técnico de Millonarios. Pero estoy seguro de que si Santa Fe gana, algo muy dentro de él estará más que contento. Y con razón.

Me disculparán mis amigos de Santa Fe, no seguí con atención su equipo de los 80´s. América, Nacional, Cali y Millonarios acapararon los titulares de prensa de esa década. Sin embargo, eso habla bien de Santa Fe. No ser tan rico en el Fútbol Profesional Colombiano de los 80´s denotaba un mínimo de decencia entendiendo que solo ganaban los equipos dirigidos por los más corruptos y mafiosos del país.

Sin embargo, muchos de mis amigos desde mi más tierna infancia eran hinchas de Santa Fe que solían hacerle barra a Nacional o al América para que nos quitaran las estrellas que ellos no se podían ganar. Hoy recuerdo a mi amigo Guillermo Giraldo, con quién comparto apellido pero no familia al menos cercana, fiel hincha de Santa Fe, cuando celebró a rabiar un penalty de último minuto de Nacional contra Millonarios en 1988. Yo lloré y quise despedazarlo a pesar de que él tenía cinco años y cinco y centímetros más que yo. Pero todo volvió a ser felicidad para mí dos minutos después cuando Rubén Cousillas atajó ese penalty y nos pudimos consagrar por última vez campeones en el siglo XX.

Pues bien, pasaron 42 años para que Millonarios y Santa Fé volvieran a encontrarse para definir un título del Fútbol Profesional Colombiano. Esta vez no hay nadie más a quién hacerle fuerza. Sé que mis amigos Guillermo y Fredy estarán vestidos de rojo y yo estaré vestido de azul. Sé que muchos de mis amigos cardenales están confiados por la grandeza reciente de su equipo que no solo se destaca en el país sino que ya ostenta el título de Campeón de la Copa Sudamericana y de una Copa en Japón cuyo nombre no recuerdo. Por eso prefiero evocar al Millonarios de los 80´s que a este que se ha ido gestando a pulso. Pretendo evocar a esos espíritus del pasado para que nos den una mano por fin y así volver a ser grandes ganándole a un grande. Sin duda, junto con Atlético Nacional, Santa Fe es el rival a vencer de esta década. Porque si bien solo recuerdo a Gottardi y a Sossa de los 80´s, hoy tengo pesadillas con todo el club Cardenal desde su gran arquero Leandro Castellanos hasta su goleador Wilson Morelos, sin poder sacarme de la cabeza al gran Omar Pérez cuya sola presencia hace ver a Santa Fe como los espartanos invadiendo a Atenas. La Atenas Suramericana.

Cuento los segundos para que esta noche empiece a rodar el balón, para ver cuál de los dos equipos grandes de la Capital se alza con la estrella. Sería la 15 de Millos o la 10 de Santa Fe. Todo está en la cancha esta vez sin la terrible suspicacia de los capos jugándose como en casino los designios de nuestra maltrecha Liga Colombiana como debimos padecerlo en los 80´s. Desde ya abrazo a mis amigos santafereños ya sea para consolarlos en la derrota, lo que sería mi deseo, o para felicitarlos de corazón por empezar a contar sus ligas con dos dígitos. Esto es fútbol y es la primera vez en 43 años que la vida me permite presenciar, así sea desde el reino de muy, muy lejano, esta hermosa y añorada final. Mis amigos del león seguirán siendo mis amigos. A muchos les debo gran parte de mis alegrías y buenos momentos. Mal haría en hacer del azúcar vinagre por 180 minutos enfrentados en la misma cancha. Amigos y amigas santafereños, pase lo que pase, mi corazón seguirá alimentando la amistad y el cariño que les tengo. Espero que gane mi azulito del alma. Pero si no es así, espero que su alegría sea contagiosa para mitigar mi tristeza. Juguemos limpio y celebremos en paz. Abrazos bogotanos.

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