Jue, 04/26/2018 - 20:18
Foto: AFP

Madrid-Bayern Vol. I: la esperanza opacada

Decepcionante, desincronizado e inefectivo. Tres adjetivos para describir al Bayern Munich en su partido de local ante el Real Madrid en la semifinal de ‘Champions’. La esperanza del título está opacada; para el Bayern y para James. Y, aunque la remontada no es increíble o imposible, dependerá del instinto asesino con el que salga el Bayern en Madrid.

El partido de ayer fue insípido. Cuando hay tanta habilidad condensada en un solo campo de juego, tiende a suceder uno de dos escenarios: un partido con exceso de generación y oportunidades de gol, o, uno rígido, concentrado en el centro, donde nadie quiere regalar nada. Y así sucedió. Porque a pesar de que el Bayern tuvo más oportunidades que el Madrid, se le vio desprolijo, excesivamente respetuoso y demasiado consciente de sus derrotas en el pasado reciente.  

Los días previos al partido el Bayern-Real se asumieron con mucha expectativa. En el mundo y en Colombia. Cristiano contra Lewandowski, el campeón contra la bestia negra, y sí, en nuestro país, James contra Zidane. Eso sí, el colombiano, con la diplomacia que ha distinguido a esta generación de la tricolor, quiso bajar la agresividad en sus declaraciones en los días anteriores; pero el fútbol, no pasa por lo que se dice, sino por cómo se juega.

La parábola de James

El reencuentro, la revancha, el regreso, la venganza: en síntesis, el día de pago. O por lo menos, así se veía en Colombia, donde aún se siente recelo hacia Zidane y su menosprecio al colombiano. Lo cierto, es que James Rodríguez tuvo un partido a doble cara. En el primer tiempo, su desempeño fue más que bueno; entró con hambre y deseo de figurar. Era un todo terreno. Nominalmente, jugó como volante ofensivo; tenía que aportar en defensa y ataque. Pero el ex Madrid inició con todo. Participaba en cada pelota que podía; poco valía si se trataba de una ofensiva roja o madridista. En efecto, el primer gol del partido fue de Kimmich quien concretó una gran pared del colombiano.  

Ahora, el segundo tiempo… bueno, el segundo tiempo fue otra cosa. Sus buenas intenciones estaban ahí, pero de poco servían porque fue muy impreciso. Tampoco ayudaba que el resto del Bayern parecía hipnotizado por el eterno hechizo blanco. Todo lo que generó Rodríguez fueron pases cortados y mal ubicados. Y esa enfermedad de la imprecisión se apoderó de todos en el equipo alemán; si acaso, sólo el francés Franck Ribéry parecía inmune a tales síntomas.

La jerarquía del Madrid.

El Madrid, el Real Madrid; El REAL Madrid, el que mete goles, el que anota incluso cuando muestra poco. El cuadro que está cimentado en individualidades. El que funciona por y a pesar de los egos. El que siempre salva la papeleta. El que se resistió durante años al dominio de Messi. El que quiere repetir el máximo título europeo. En resumen: El que está ahí.

El Real Madrid jugó con un equipo estrecho, atado para no regalar nada, pero consciente de su propia efectividad. De tres remates a puerta, dos fueron gol. El primero, por una genialidad de Marcelo, y el segundo, un error caro Rafinha que Marco Asencio no dudó en cobrar por ventanilla.

La secuela

¿Está cerrada la serie? No, nunca. La ‘Champions’ es algo más. El partido de vuelta es siempre el que cuenta. La Roma ya lo demostró frente al Barcelona; aún más, entre equipos grandes, todo puede pasar. A decir verdad, la nómina del Madrid esta temporada está lejos de ser superlativa, e incluso, se podría argumentar que hoy el Bayern en tal aspecto está levemente mejor.  

Si la Roma fue capaz de ganarle 3 a 0 al Barcelona de Messi; todo es posible. En realidad, el Bayern puede hacer los dos goles. Tiene la nómina, tiene las variantes. Al momento de escribir el presente artículo, medio mundo da por sentado el paso del Madrid. Heynkes y su equipo técnico se desvivirán por encontrar la estrategia para explotar las debilidades del Madrid en su propia casa. Pero, tal vez no pasa por ahí. Tal vez, no pasa por las variantes. Pasa es porque el Bayern se crea el cuento. Porque llegue al Santiago Bernabéu con una certeza absoluta de ganar, jugando bien o mal. De anotar un gol en el último minuto si es preciso.

De una vez por todas sacar la jerarquía que ha sido incapaz en los últimos años, de demostrar que, sí es el grande de Europa del que todos hablan y de que la esperanza opacada no es, en todo caso, la esperanza terminada.   

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