Jue, 06/14/2018 - 09:32
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¡No estoy! ¡Diga que no estoy!

No tengo a quien darle la orden, pero es un hábito para evadir “chepitos”. Gloria, mi mujer, tampoco está. Está a mi lado. Frente al televisor. La inauguración. Wow. Pero nosotros no queremos shows. ¡Queremos fútbol! Tengo intereses en ese partido. Invertí unos pesitos. Sé que me darán una buena utilidad y tengo la certeza de que me pagan lo que gane. Aquí voy, como en mis carreras de caballos: ¡a la fija!

Queremos ver multitudes. Caras victoriosas. Mujeres hermosas chillando porque perdió su país. Mujeres echándole miradas no santas a futbolistas que posan bien pagos para deleite de solteronas. Y, ¿por qué no?, de casadas también.

Cuando veo lo bien uniformados que están los futbolistas del mundo me imagino lo bien que les fue a los sastres y a los fabricantes de corbatas, de guayos, de medias. Un porcentaje de todo esto no caería mal para los chinos que están dejando morir de hambre en La Guajira. Pasemos.

Queremos ver a un hombre de buen pulmón con un pito en la boca, que sople y resople y tensione al mundo. !Cámara, luces y acción! Se le rinde culto a un dios oculto entre la pelota que puede ser pateada por 22 contendientes. Que todo le salga bien a ese árbitro en honor a su madrecita y para que no se atragante con el pito. Sería una tragedia. Creo que eso nunca ha pasado. No recuerdo. A un primito mio sí le pasó y pitaba y pitaba mientras llegaba la partera que lo atendió. Cuando creció fue árbitro.

Un recuerdo: El 11 de julio de 1982, en el Santiago Bernabeu, en Madrid, se enfrentaban Alemania Federal e Italia en la final del XII Campeonato Mundial de Fútbol. Cada uno de los equipos, para esa fecha, ya había ganado dos títulos mundiales. Venían de eliminar a Brasil y a Francia. Los hinchas lloraban a Brasil a pañuelo extendido.

Estamos embelesados. Lo que jueguen o hayan dejado de jugar, los problemas de si abandonaron o los echaron de sus cargos, de si el futuro de muchos jugadores será incierto y de si los violentos le ganarán la partida a la tecnología, no importa en este instante.

Vemos desfilar a nuestra bandera tricolor en otro mundial. Es el sexto al que asistimos. Desde aquel gol olímpico y el 4-4 con Rusia y luego 30 años de sequía vino la época dorada que se destiñó. Espero no equivocarme. Parece que nos llegó la hora del oro puro con la gallada de pies cerebrales. Buen fútbol y buen día. Abrazos.

 

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