Dom, 11/04/2018 - 06:11

La mentira sobre el Autocontrol

Voy a contarte una historia de Alberto, un hombre que volcaba todo su estrés con su mujer.

Culpaba a su mujer de todos sus males. Le daba igual que llegara pronto o tarde, que lo comida estuviera fría o demasiado caliente o que los niños alborotasen. Ella siempre tenía la culpa. Para evitar la confrontación su mujer no decía nada. Pero así soló mostraba su acuerdo.

Hasta que un buen día su mujer tomo una decisión irrevocable.

Dejó a su marido. 

De golpe le soltó que no le quería. Y que pediría el divorcio por su salud mental.  Alberto se quedó estupefacto. "Me lo dijo sin más."

Pero no fue sin más. Su mujer llegó a un extremo intentando quererle día a día. Hasta que un día se acumuló todo y se dio cuenta que no le quería.

¿Dirías que toda la culpa la tenía mi amigo Alberto? No. Ella permitió ese abuso y lo que es peor: con esa actitud volvería a meterse en otra relación permitiendo un nuevo abuso.

(Te diré que su mujer aprendió y que ahora está felizmente casada con una gran persona.) Alberto sin embargo no superó la ruptura y sigue pensando que la culpa fue de ella. Con esa venda en los ojos no ve la realidad.

Quiero que sepas esto: No se trata del autocontrol. El autocontrol no lleva a ninguna parte.

Si no eliminas el estrés se convierte en una bomba.

No es bueno interiorizar  sentimientos. Está muy bien mantenerte frío pero canaliza tus sentimientos o estallarás. En cuanto notes los primeros síntomas, cambia.

Si te sienta mal un comentario, te enfadas en medio de un atasco o tengas un arrebato sin más es hora de cambiar algo. 

Haz deporte, canta o baila... cualquier actividad que queme toxinas.

Dedícate a tu hobby o simplemente haz algo que te de alegría.

Si no haces caso al primer síntoma, el estrés se acumulará en capas que acabarán por reventar tu interior.

Deshazte de los primeros síntomas de estrés motivándote. No hace falta golpear un objeto, eso solo genera más energía negativa, simplemente transforma esa energía en motivación. Con sonreír es suficiente.

No te enfades, no te desesperes cuando alguien te interrumpe, no pienses que la gente habla a tus espaldas, no des más vueltas a ese tema. No fabriques un estrés que vaya creciendo poco a poco. Motívate pensando en tus objetivos.

Estás a tiempo. Sonríe sin más en cuanto notes cualquier síntoma. Sonríe como si estuvieras contento y contagiarás tus emociones. El día entero cambiará. 

Lo que podía haber acabado en una discusión puede acabar en un momento divertido con tu pareja.  ¡Funciona!

Por tu éxito,

David

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