Mar, 12/19/2017 - 08:29

Ricardo Jiménez: “Me interesa hablar con la verdad”

Fotografía escena "El abogado del pueblo". Cortometraje dirigido por Ricardo Jímenez.

El director de cine habló con Revista Enfoque sobre su pasión y los retos de sus próximos proyectos, en los que afirma seguirá contando la verdad que muchos se atreven a esconder o minimizar.

Ricardo Jiménez descubrió su pasión por el cine mientras se encontraba trabajando como ingeniero de sistemas con el programa presidencial Familias en Acción. “Un día mi jefe necesitaba un video y le dije que yo lo hacía, me arriesgué”. Éste no solo fue aclamado por su superior, sino por sus compañeros y espectadores. Este episodio lo motivó a cuestionarse sobre lo que quería dedicarse en adelante. Decidió entonces inscribirse en un diplomado de tres meses en la Escuela Nacional de Cine, en el que Andy Baiz, director de películas como La Cara oculta y Satanás, fue su profesor y guía. Ricardo recuerda que el requisito para graduarse era realizar un cortometraje y gracias a su experiencia visitando varios municipios de nuestro país, la idea de su guion nació casi de inmediato. ¿El motivador? Una entrevista realizada a uno de los asesinos de la época del cartel de Medellín. “Cuando la vi dije que la mayoría de personas que supuestamente quieren cambiar al mundo, siempre manejan dos caras. Entonces, se me ocurrió la idea y empecé a escribirla, así que le dije a un amigo que me ayudara”. Así nació su primer cortometraje "El abogado del pueblo", que no solo ganó el premio como Mejor actor en el Festival de Cine de Santander de 2013, sino que fue nominado mejor corto en el Festival latinoamericano en Londres y participó también en otros festivales en España y otros países de Europa.

Ese primer trabajo fue el punto de partida para Ricardo y un paso en la dirección que deseaba apuntar. Comenta, además, que con este primer corto tuvo todos los problemas imaginables. El mismo día de la grabación, tres personas le cancelaron “su ayuda”, entre ellos el camarógrafo. Sin embargo, logró finalizarlo en 6 horas. Él mismo le atribuye la facilidad de la labor a que “la tenía bien clara”, como él manifiesta. La historia que se desarrolla en un espacio de 4 x 2 m, permite ver un diálogo entre el actor principal y su amigo, sobre las aspiraciones profesionales de uno de ellos. “Lo que más me gusta es cuando aparece el tercer actor, no creo que nadie se imagine que aparece uno más”.  La manera de contar las cosas para Ricardo ya tiene su propio sello personal, decir la verdad para que la gente se dé cuenta de lo que es. “Cada detalle de este corto es intencional, la actitud del actor principal, por ejemplo, cuando está de pie tiene un discurso motivador, pero cuando está abajo, es otro. Quise hacer una simbología, donde una cosa es abajo y otra arriba”. El resto es historia. Ricardo supo con certeza su nuevo rumbo y aunque al principio no creyó que le fuera a ir tan bien, el hecho de haberlo presentado en varias universidades y festivales fue la confirmación de su deseo y pasión para ser parte del séptimo arte.

Posterior a este trabajo, Ricardo decidió emprender la idea de hacer un festival de cine de derechos humanos, pero debido a algunas desavenencias con otros integrantes, decidió dar un paso al lado y seguir su pasión. “Con base en esa experiencia saqué el guión “La cruda verdad”. Yo considero que la vida es un tema de conciencia, de apoyar medios alternativos, de liberar a la gente. Me gusta este estilo porque me parece que la verdad se muestra mejor así”, explica. En este cortometraje se cuenta la historia de tres amigos con vidas muy diferentes, quienes discuten sobre la capacidad de decir la verdad en un mundo que solo tolera las mentiras. Agrega que su propósito es llegarle a la gente y crear conciencia de que también es parte de eso. “Lo más importante es que uno se identifique, se cuestione si uno es así o no”.

La idea, explica, nació de hacerse la pregunta ¿Cómo sería el mundo si realmente se hablara con la verdad? Luego, pensó en los temas que rondan en todas las sociedades, política, religión y amor. “Quise representar esas tres cosas y lo interesante de esto es que yo no me meto con nombres propios. No ofendo ni a la izquierda, ni a la derecha, ni al azul, ni al rojo. No puedo ofender a nadie, pero puedo ofenderlos a todos”. Manifiesta que todo lo gestionó él mismo, la locación, los actores, el vestuario y agrega que esta labor le ha permitido entender mejor el proceso con el cine, una escuela para todo lo que viene. “A veces yo pienso que ni siquiera los guiones hay que escribirlos, sino que están por ahí, solo es pasarlos”. Gracias a esta premisa, Ricardo escribe guiones que permanentemente cuestionan al espectador, sobre sus actitudes y decisiones en la vida.

Nueva vida

En el 2012 Ricardo decidió seguir su sueño de hacer cine, renunció a su trabajo, se independizó y empezó a trabajar y estudiar para mejorar sus habilidades cinematográficas. Y aunque explica que empezar no fue fácil, pues como él afirma, son cuatro años de caídas y subidas, son especialmente las primeras las que le han permitido ver con mejores ojos el cine. Además de seguir con la idea de vivir del arte, Ricardo también realiza videos institucionales, que son los que le han permitido perseguir su pasión. “Hay mucho por hacer, sobre todo en un país como el nuestro, que es una locura. Estoy muy motivado”. Por eso, el primer semestre de 2019 empezará a grabar dos cortometrajes, uno sobre unas charlas con el diablo y el segundo que trata sobre unas prostitutas que se cuestionan por la ausencia de uno de sus mejores clientes.

Su sueño es hacer películas en gran formato, con temas que despierten a la gente. “Pienso que el rescate de la humanidad es así. Con un cine que despierta y lo ponga a uno a analizar. Mi objetivo es darle un mensaje al mundo”.

Compartimos los dos cortometrajes dirigidos por Ricardo Jímenez:

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