Lun, 11/06/2017 - 07:53

Bebidas azucaradas mienten en sus etiquetas

Revista Enfoque tuvo acceso a los resultados de un estudio realizado por la ONG Educar Consumidores, sobre el cumplimiento de lo declarado en las etiquetas frente al contenido de azúcares y glutamato monosódico de las bebidas endulzadas de venta en Colombia. La investigación encontró que, de las 47 bebidas analizadas, 31 no cumplen con lo declarado en su etiqueta.

Educar Consumidores es una organización de la sociedad civil que investiga e incide en todos los temas que afectan la salud humana y ambiental. Esta organización ha realizado una investigación sobre el cumplimiento de lo declarado en las etiquetas frente al contenido de azúcares y glutamato monosódico de las bebidas endulzadas de venta en Colombia.

¿Qué son bebidas azucaradas?

Se entiende como bebidas endulzadas los refrescos, jugos, néctares y concentrados de frutas de fabricación industrial, las gaseosas, las bebidas energizantes, las bebidas hidratantes para deportistas, las bebidas con aloe vera endulzadas, las aguas saborizadas y endulzadas y los polvos para hacer refrescos. Para dicho estudio la organización recurrió a un laboratorio de alimentos de reconocido prestigio y siguió todas las normas sobre recolección de muestras del INVIMA y la metodología necesaria para evitar sesgos en la investigación.

Principales hallazgos 

Educar Consumidores encontró que, de las 47 bebidas analizadas, 31 no cumplen con lo declarado en su etiqueta, bien sea porque presentan contenidos de glutamato monosódico que no reportan, o porque contiene azúcares diferentes a los registrados en la etiqueta.

Este hallazgo es de consideración porque la normatividad colombiana (Resolución 333 de 2011) establece que “azúcar” es entendido como la sacarosa de caña, y azúcares “son los otros azúcares que incluso pueden ser de origen sintético”.

Según el investigador de Educar Consumidores Rubén Orjuela, este es un hallazgo que tiene posibles implicaciones en la salud, pues se ha demostrado en diversas investigaciones científicas que los azúcares sintéticos como el jarabe de maíz de alta fructosa, muy utilizado en este tipo de bebidas, tiene impactos mayores sobre la salud, que el mismo azúcar de caña.

Vale la pena recordar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado en numerosas publicaciones (entre las que se encuentra las recomendaciones del comité para la terminación de la obesidad infantil en 2016) tasar con impuestos esta clase de bebidas por su comprobada relación con la obesidad, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes mellitus. En este sentido Educar Consumidores en compañía de la Alianza por la Salud Alimentaria Colombia, impulsaron fuertemente este impuesto en la pasada reforma tributaria, pero sus esfuerzos se vieron vencidos por el fuerte lobby de la industria de bebidas para impedir que este tributo se reglamentara.

El doctor Orjuela también aclara que, desafortunadamente, los exámenes realizados a las bebidas endulzadas no hacen posible determinar el nombre específico del azúcar utilizado. Aunque sí es claro en afirmar que la prueba es suficientemente sensible para determinar si una bebida contiene azúcar de caña u otros azúcares y de esta forma contrastar con la información declarada en el etiquetado.  En este punto el doctor Orjuela resalta el derecho que tienen los consumidores de saber lo que consumen en realidad y cuestiona cómo esta clase cosas pasan inadvertidas ante los ojos de los entes de control especializados.

Síndrome de la comida china 

De otra parte esta investigación también encontró que 13 de las 47 bebidas analizadas contienen glutamato monosódico (GMS), un aditivo cuya función es la de resaltar el sabor de los alimentos.

Este aditivo tiene efectos deletéreos sobre la salud como lo son: “el síndrome de la comida china” el cual consiste en dolor de cabeza; enrojecimiento, entumecimiento o ardor en la boca o a su alrededor; sensación de presión o hinchazón facial, sudoración, irritación en los ojos, visión borrosa, taquicardia, comezón generalizada, diarreas y asma.

Este aditivo también ha sido relacionado con efecto tóxico sobre las células nerviosas, favorecimiento de células cancerígenas, obesidad y depresión nerviosa. Se ha observado que personas obesas presentan un umbral de percepción y palatabilidad mucho más alta a la presencia de los sabores incluidos en la categoría umami, razón por la cual tienden a consumir mayor cantidad de comestibles que contengan GMS, lo que se asimila al desarrollo de adicción a tales productos. Algunos estudios señalan la relación del alto consumo de productos con glutamato monosódico durante la gestación,  con la aparición de autismo y síndrome de Aperger en los bebés.

Es de resaltar que la normatividad colombiana permite que ciertos aditivos no sean declarados en las etiquetas y la decisión está a discreción de los fabricantes.

¿Qué es el GMS?

Es es glutamato monosódico, también conocido como glutamato de sodio o GMS. La Administración de Fármacos y Alimentos de Estados Unidos (FDA), clasificó al GMS como seguro y la Unión Europea, como un aditivo alimentario. La industria alimentaria comercializa y usa el GMS como potenciador del sabor, debido a que equilibra, combina y resalta el carácter de otros sabores.

El GMS ha sido aprobado por el Codex Alimentarius a pesar de que en la propia página de esa entidad internacional aparece una colección de más de 50 estudios recopilados desde los años 60 en donde se describen los efectos nocivos de dicho aditivo.

Es claro que esta permisividad ha sido adoptada por el Estado colombiano, en donde los vacíos técnicos de la normatividad local y del Codex Alimentarius han sido el caldo de cultivo del uso indiscriminado de este aditivo.

Aunque las cantidades halladas de GMS fueron variables, no se encontraron registradas en las etiquetas de los productos analizados, tal vez bajo la premisa de que no son registrados los aditivos que no tienen función tecnológica en el producto.

Estos hallazgos dejan más preguntas que respuestas porque, ¿bajo qué lógica un fabricante que hace una inversión en busca de unos dividendos, gasta dinero en un aditivo que no le va a realizar alguna función en su producto? ¿qué cantidad de este aditivo pueden llegar a consumir niños, niñas y adultos a diario, teniendo en cuenta su alta disponibilidad y qué efectos no medidos genera sobre la salud pública dicho consumo?

Los resultados obtenidos por Educar Consumidores son llamativos porque en el caso de los jugos analizados (n=9), 8 presentaron contenidos de GMS. Otros aspectos llamativos son, la elevada cantidad de GMS de productos promocionados y consumidos especialmente por niñas y niños, como es el caso de la Pony Malta y Soka, o los altos niveles encontrados en el jugo Premium Tropicana.

Se ha considerado como niveles seguros de ingesta de GMS hasta 16mg/kg, lo cual indica que los productos que lo contienen en altas cantidades deberían tener una advertencia que prevenga su consumo en exceso en niños y niñas pequeños.

Sin embargo, tras estos hallazgos y la relación que tienen estas sustancias adicionadas a las bebidas, queda la pregunta si el Estado debe ejercer un mayor control sobre esta clase de productos y también qué tanto está el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA) verificando que los fabricantes cumplan con lo que declaran en sus etiquetas y cómo estos contenidos pueden estar o no afectando la salud de la población.

También queda la reflexión de por qué estos productos, cuyo consumo excesivo representan un riesgo para la salud, no son lo suficientemente regulados y se permite que salgan al mercado con tan poco seguimiento.

Ley de Obesidad y loncheras saludables

El hecho de que el 51% de la población colombiana –es decir, más de la mitad de los habitantes- presentan sobrepeso y obesidad confirma que esta epidemia ya es el principal problema de salud pública del país, con tendencia al aumento, pese a los múltiples esfuerzos que las sociedades científicas y el propio gobierno realizan para detener las cifras y muy a pesar de que Colombia cuenta desde 2009 con una Ley de Obesidad.

Desde el año 2009, se expidió en Colombia la Ley 1355 ó Ley de Obesidad, que definió a la obesidad como una enfermedad crónica de Salud Pública, la cual es causa directa de enfermedades cardiacas, circulatorias, colesterol alto, estrés, depresión, hipertensión, cáncer, diabetes, artritis, colon, entre otras, todos ellos aumentando considerablemente la tasa de mortalidad de los colombianos.

Esta misma Ley estableció una seria de  determinaciones que deberían ser aplicables a las Entidades y Organizaciones del Estado a nivel nacional y territorial responsables de promover los ambientes sanos, la actividad física, la educación, la producción y la distribución de alimentos; así como a las entidades encargadas de la prestación y la garantía de los servicios de salud y los sectores de transporte, planeamiento y seguridad vial, y de las que sería beneficiaria la población colombiana, en especial los grupos vulnerables.

En la ley se responsabiliza a las autoridades competentes de la promoción de ambientes sanos, donde exista armonía entre la actividad física, la educación, y disponibilidad de alimentos saludables. Esta promoción de una alimentación balanceada y saludable involucra a los establecimientos educativos públicos y privados, los cuales deberán adoptar un Programa de Educación Alimentaria, conforme a las guías y lineamientos del Ministerio y el ICBF. Igualmente, se plantea poner en marca estrategias de concientización sobre los riesgos de la obesidad y la importancia de los contenidos nutricionales y calóricos de los alimentos.

Según Ibope (Target Group Index, TGI 2010), 1 de cada 5 (22,1%) colombianos (entre 5 y 64 años), consume gaseosas o refrescos diariamente, y 1 de cada 2 los consume semanalmente. Siendo igualmente el grupo entre 14 a 30 años (28%), y de 9 a 13 (21,6%) quienes mayormente lo hacen.

Anualmente los colombianos consumen más de 12.5 billones de pesos en bebidas azucaradas y su demanda creció en 40% durante los últimos 5 años. Del total consumido, un 67,6% se vende en las tiendas de barrio. El mercado pasó de tener ventas por 47.620 millones de pesos en el 2008 a 301.535 millones al final del 2013.

Es así como la mayoría de administraciones municipales han decidido promover las llamadas "Loncheras saludables", en las cuales se reemplazan los paquetes, gaseosas, frituras y dulces, por alimentos saludables como frutas, verduras frescas, cereales integrales, semillas, nueces, agua natural, quesos y yogures. 

La investigación citada en éste artículo fue liderada por la Dra. Esperanza Cerón, Directora de la ONG Educar Consumidores y realizada por el Nutricionista Investigador Dr. Ruben Orjuela. 

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