Mié, 09/12/2018 - 07:11
Fear, el libro de Bob Woodward sobre Trump, contiene entrevistas "deep background" con el secretario de Defensa Jim Mattis y el jefe de gabinete John Kelly.

Cuatro cosas que diferencian al libro de Bob Woodward de otros sobre la "caótica" Casa Blanca de Donald Trump

Por: Carlos Chirinos Vásquez- Univisión

'Fear' refuerza versiones sobre cómo trabaja la presidencia de Trump conocidas por otras obras y trabajos periodísticos, pero el prestigio y la experiencia de su autor hace que sea más difícil de rebatir. A continuación el análisis del periodista Carlos Chirinos Vásquez, Editor político principal de Univisión, dedicado a hacerle seguimiento a la peculiar actividad política estadounidense.

El libro escrito por Bob Woodward, quien junto a Carl Bernstein integró el equipo de The Washington Post que destapó el escándalo de espionaje político que quedó acuñado para la historia como el caso Watergate, dibuja una Casa Blanca disfuncional y caótica, a merced de un presidente temperamental e ignorante de muchos temas de política mundial y nacional.

Trump queda retratado como un líder caprichoso, que humilla a sus colaboradores, no deja que sus ideas sean mejoradas o modificadas por el aporte de sus asesores. A su vez, el equipo de la Casa Blanca desconfía de la capacidad del presidente y ha tomado acciones para evitar “tragedias”.

Quizá el pasaje más conocido sea el relato de cómo su entonces asesor económico Gary Cohn y su secretario de gabinete Rob Porter le quitaron documentos del escritorio para que no los firmara. O como cuando quien era su abogado personal John Dowd recomendó no hablar con la oficina del fiscal especial del ‘Rusiagate’ porque reconocía que su cliente era un “jodido mentiroso” (aunque nunca se lo dijo directamente).

En ese sentido, Fear refuerza la recopilación de versiones que se han ido conociendo sobre la manera como se trabaja en la presidencia de Trump en reportajes periodísticos previos y en otros libros, como el polémico Fire and Fury de Michael Wolf, A higher loyalty del exdirector del FBI James Comey (despedido por Trump) o el más reciente, Unhinged, de la exasesora presidencial Omarosa Manigault.

El aporte diferencial con esas otras obras que hace Woodward es la tradicional rigurosidad investigativa de su reportaje y décadas de prestigio que ayudan a blindarlo de las naturales críticas que comenzaron a salir de la Casa Blanca apenas empezaron a trascender datos sobre la documentación que hizo el periodista de la presidencia de Trump.

En la foto: Bob Woodward (izq) y Carl Bernstein en los años 70 / The Washington Post

Acá les presentamos cuatro aspectos que diferencia el trabajo de Woodward:

1- Quien lo escribe

A Woodward hay que tomarlo más en serio que a otros autores. 

No necesariamente porque los otros no sean rigurosos investigadores, sino porque el emblemático periodista de The Washington Post tiene una larga carrera desnudando a presidentes que data desde 1972 cuando empezó a investigar junto a Bernstein el caso Watergate que terminó con la renuncia de Nixon. 

No en vano ha ganado dos veces el Premio Pulitzer y tiene una docena de best sellers políticos con los que ha analizado varias presidencias.  

El prestigio de Woodward es tal que el propio Trump le reconoció que ha sido “justo”, una rara valoración del mandatario a la hora de hablar de periodistas, en una conversación telefónica que tuvieron ambos en agosto, cuando se supo sobre la inminencia de la publicación y el presidente quiso saber por qué no había sido entrevistado. 

 Woodward no habló con Trump porque aparentemente nadie le dio el mensaje de que quería entrevistarlo.

2- Los halagos pasados de Trump

Desde el 4 de septiembre Trump ha escrito 10 tuits cuestionando a Woodward y su libro. 

En nueve de ellos nombra al autor, algo que podría considerarse una señal de deferencia por parte de alguien que suele insultar con sobrenombres a sus críticos, cuando no decide atacarlos sin nombrarlos.

Pero no siempre fue así. Antes de Woodward, quizá sólo Omarosa Manigault haya sido la otra autora que pasó de contar con la admiración de Trump al desprecio del mandatario.

Por ejemplo, en enero de 2017, Trump agradeció en un mensaje en su cuenta Twitter que Woodward cuestionara editorialmente la decisión de BuzzFeed de publicar el no verificado dossier del exespía británico Christopher Steele con supuesta información comprometedora sobre el mandatario.  

Mucho antes, en marzo de 2013 el magnate tuiteó: “Solo la Casa Blanca de Obama puede salirse con la suya atacando a Bob Woodward”. Hoy es él el que dirige la ofensiva desde la presidencia. 

3- La forma y el fondo

“La información de este capítulo proviene primordialmente de entrevistas en “deep background” (que pueden ser usadas y ocasionalmente citadas para construir la historia, pero no identificadas) con fuentes de primera mano”, dice en las anotaciones de cada uno de los 42 capítulos en lo que se divide el libro de 416 páginas. 

Casi todo el relato está construido con declaraciones textuales de funcionarios actuales o previos del gobierno, citando la manera como esas fuentes recordaron acontecimientos en los que tomaron parte o de los que dicen haber conocido por testimonio de quienes los protagonizaron. Tiene una profusión de fechas y datos que hace complejo rebatirlo. 

El presidente, como siempre, pone en duda que las fuentes anónimas existan, aunque es un viejo recurso del periodismo investigativo para manejar temas delicados. 

Habría que recordar que la fuente que permitió a Woodward y a Bernstein desenmarañar la madeja del Watergate fue anónima por tres décadas, hasta que en 2005 Mark Felt, subdirector del FBI durante los años de Nixon, reveló que él era la famosa “Garganta Profunda” que guio a los jóvenes reporteros. 

La Casa Blanca también apunta los desmentidos que varios de los citados se han apresurado a sacar. Pero es otro ritual del periodismo político: negar lo que se le haya dicho a un reportero, en parte para conservar el trabajo. 

4- La coyuntura electoral

El libro sale a la venta a menos de dos meses de las elecciones de mitad de período en las que los republicanos se juegan las mayorías en el Congreso, cruciales para el avance de la agenda presidencial y hasta para la viabilidad de la misma presidencia de Trump. 

Si se cumplen las proyecciones y los demócratas logran la mayoría de la Cámara de Representantes, la posibilidad de abrir un juicio político al presidente se acrecienta, algo que está usando Trump para motivar a que su base salga a votar. 

A los demócratas no parece que les haga falta mucha más literatura para impulsarlos criticar, y eventualmente votar, contra el actual mandatario.

Algunos republicanos, confiados en la credibilidad de Woodward, podrían decidir que el manejo errático del presidente no es cosa de chismes y exageraciones y que es necesario tener un Congreso que pueda enfrentarse a la Casa Blanca.

También puede movilizar a la base de Trump, convencida de que hay una operación política del establishment político y mediático de Washington contra el presidente (y Woodward es parte de la élite de los medios de la capital estadounidense) y es necesario salir a defenderlo de esos ataques. Por eso, a diferencia de otros, este libro puede llegar a tener algún impacto en elecciones de mitad de período, a diferencia de esos otros predecesores, ya “viejos” para la vertiginosa marcha de la política estadounidense de la ‘era Trump’.   

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