Jue, 11/22/2018 - 08:53
Nestora Salgado García. Foto: Tomada de news.culturacolectiva.com/mexico

El camino hacia la justicia, la lucha de Nestora Salgado García

Entre los años 2013 y 2016, Nestora Salgado García enfrentó una detención ilegal por actividades relativas a su cargo como comandanta de la Policía Comunitaria de Olinalá, ubicada en el estado mexicano de Guerrero. En el último año de su reclusión dentro de un centro penal femenil de la Ciudad de México, Salgado permitió que su voz fuera llevada más allá de las celdas por varios medios de comunicación. Durante una entrevista para RT en español, a la comandanta se le preguntó por el camino que había seguido para llegar a la cárcel. Frente esto respondió:  “Yo no hice un camino a la cárcel. Mi camino fue de lucha, fue para abrir puertas a nuestra gente, para llegar a diversos lugares y abrir conciencia sobre lo que estaba pasando. Yo quise abrir caminos pero no para ir a una cárcel, sino para la justicia”.

En el 2016, Nestora fue absuelta de todos los delitos y abrazó la libertad. Y desde ese entonces, ha liderado varias causas que tienen que ver con los presos políticos de México, los migrantes en el Norte global, la pervivencia de los pueblos indígenas, y los derechos de las mujeres, los niños y las niñas. En julio de este año, ella obtuvo una curul como senadora del estado de Guerrero por parte del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), cuya cabeza es el presidente electo de México: Andrés Manuel López Obrador. Adicionalmente, fue la primera mujer que se autoidentificó como “indígena” en toda la historia del Senado mexicano. 

Nestora ha emprendido un camino de lucha para oponerse a la violencia estatal y criminal en su país. Ha defendido con ferocidad los derechos de los líderes, lideresas, activistas y autoridades indígenas. Paralelamente, ha cuestionado la criminalización de los pueblos indígenas que han decidido organizarse, y ha abogado por la vida de todas las personas sin distinciones de género, raza/etnicidad, clase, situación migratoria, edad, condición especial o enfermedad permanente, y orientación sexual. Su historia es un ejemplo para las mujeres latinoamericanas que han decidido construir su vida dentro del activismo para la defensa de los territorios y los cuerpos, que son depredados cada vez más por gobiernos, bandas y empresas multinacionales.

¿Quién es Nestora Salgado García?

En la imagen: Nestora Salgado realiza labores de Policía Comunitaria de Olinalá. Foto: Tomada de Facebook. 

Nestora Salgado García nació el 28 de febrero de 1972 en el rancho de Palito Redondo. Es hija de Fernando Salgado y Aurora García de Salgado, quien murió cuando ella tenía trece años. Su padre trabajaba en la medicina tradicional. Su madre fue reconocida por hablar tres lenguas fluidamente: me’phaa, náhuatl y español. Don Fernando y doña Aurora concibieron siete hijos en total, cinco hombres y dos mujeres. Nestora es la hija menor.

En un texto sobre peritajes antropológicos [1] donde relató su vida, Nestora afirmó que desde muy pequeña sufrió la violencia provocada por la militarización. “Lo que sí es que desde niña me tocó ver de cerca las arbitrariedades del ejército contra mi pueblo”. Puesto que don Fernando ejercía la medicina, y eso implicaba recibir muchas familias en su propio domicilio, el ejército sospechó que la familia de Nestora estaba creando una célula guerrillera. Por este motivo, varios soldados entraron a su casa con violencia, sin orden judicial o algún documento que los autorizara a ingresar legalmente.

 “Eran los tiempos de la guerrilla de Lucio Cabañas y todos los indígenas y los campesinos de la región eran considerados subversivos en potencia. En aquellos tiempos el ejército entraba permanentemente en la región, pero la gente no los quería porque no respetaban, embarazaban muchachas, se las robaban a la fuerza”.

Y añadió Nestora: “Los soldados nunca trajeron paz a la región. ¡Siguen siendo terribles, represores!

En su relato, Nestora mencionó que fue a través del oficio de su padre que aprendió la importancia de ayudar a personas con problemas. La solidaridad fue, definitivamente, un valor heredado en casa. Gracias a las enseñanzas de sus padres Nestora decidió vincularse a las luchas de los pueblos indígenas de Guerrero por la justicia.

Nestora recuerda a doña Aurora como una mujer que estaba a la par de su padre en las luchas sociales. Ella siempre lució como una mujer dócil y sumisa ante su esposo, pero a sus hijas les mostró otra faceta. “Había una cierta contradicción en la casa, porque con mi papá, mi mamá era muy sumisa, pero a nosotras nos enseñaba a ser mujeres fuertes, a no dejarnos”. Nestora considera que su madre fue una mujer aguerrida y valerosa, y aprecia que le haya enseñado la fortaleza en su camino.

A los catorce años Nestora decidió huir con el padre de sus hijas. En ese tiempo, la costumbre entre las jóvenes era huir con el novio, pedir perdón a los padres, y después, casarse. Así, Nestora contrajo matrimonio con Miguel Rodríguez, un trabajador del campo. Poco tiempo después, los dos decidieron migrar a Estados Unidos para buscar mejores oportunidades. Primero se fueron ellos, sin sus hijas. Años más adelante regresaron por ellas y empezaron a residir como familia en Seattle.

En Estados Unidos, Nestora enfrentó la violencia doméstica. Su esposo se reunía con amigos para beber, pero el alcohol lo convertía en alguien supremamente violento. Adicionalmente, ella tuvo que lidiar con la doble y triple jornada de trabajo, al igual que otras mujeres inmigrantes en ese país:

Yo era la que salía a trabajar y él se encargaba de nuestras hijas, pero no las cuidaba bien. Yo trabajé de todo: limpiando casas, luego en un hotel, en un club de golf, tenía hasta tres trabajos a la vez, trabajaba todo el día. De mesera ascendí a ‘bartender’, tomé cursos para ascender”.

A medida que pasaba el tiempo, la violencia iba aumentando en el hogar de Nestora. Fue así como puso un alto a las agresiones y empezó a recibir ayuda psicológica en el Centro La Raza. Ella asistía a reuniones y sesiones donde se hablaba de los derechos de las mujeres y la importancia de la autoestima. “Ahí decidí que no podía seguir en una relación violenta y que tenía que aprender a manejar para no depender de él. Aprendí sobre mis derechos y aprendí a defenderme”.

Gracias a las leyes progresistas de Seattle, que protegían a grupos vulnerables y mujeres víctimas de violencia, Nestora obtuvo la nacionalidad estadounidense. Sin embargo, en el país donde residía sufrió accidentes de tránsito que dañaron gravemente su medula, incapacitándola para caminar. Conforme fue recuperándose, Nestora decidió que lo mejor para su vida era regresar a Olinalá. En consecuencia, el camino hacia la justicia que venía recorriendo se transformó sustancialmente.

La Policía comunitaria, la CRAC y la criminalización de los pueblos indígenas en Guerrero

Cuando Nestora regresó a Olinalá encontró que la violencia, la injusticia y la inseguridad habían incrementado. Esto se debió a la acción del gobierno estatal de Guerrero, el narcotráfico y el crimen organizado.

Antropólogas e investigadoras mexicanas se han adentrado en Guerrero con el propósito de comprender la violencia que allí impera. Al mismo tiempo, han diseñado formas de colaboración y activismo para defender los derechos de las comunidades. Los aportes de estas intelectuales son importantes para entender lo que Nestora halló a su retorno.

Para Giovanna Gasparello –profesora titular e investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México–, son tres los factores que inciden en la reproducción de la violencia en Guerrero: la arbitrariedad en el ejercicio del poder político, la corrupción y la represión gubernamental [2]. En esto las fuerzas policiales y militares han tenido un rol fundamental. Organizaciones como la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos del estado de Guerrero y el Centro de Derechos Humanos de la Montaña—Tlanochillan, sostienen que el ejército y la policía judicial son los principales responsables de la violencia en la región. Por su parte, Gasparello afirma que en las instituciones judiciales predomina el racismo. Esto se expresa en la forma en que los funcionarios públicos ignoran denuncias de violaciones a los derechos humanos hechas por las comunidades indígenas.

Ciertamente, existe una espiral de violencia que no sólo es producto de la acción estatal, sino de otros hechos como la guerra contra el narcotráfico y el saqueo de recursos naturales por parte de empresas transnacionales. En una investigación sobre usos contrahegemónicos del derecho por los pueblos indígenas de Guerrero, María Teresa Sierra –profesora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)– argumentó que estos crean sus propios sistemas de justicia para resistir a los desmanes generados por estas situaciones y actores [3]. “Como instrumento central de sus estrategias, [los pueblos indígenas] apelan al discurso de la ley y los derechos con el fin de confrontar los poderes estatales y la impunidad con la que estos actúan”, asegura la doctora Sierra.

Una vez en Olinalá, Nestora decidió ayudar a sus paisanos más pobres trayéndoles ropa de los Estados Unidos. De igual modo, los apoyó en la elaboración de trámites y en la resolución de sus propios problemas. Luego, se percató de la presencia del crimen organizado en su municipio:

Puse una pequeña tienda, pero llegaban integrantes del crimen organizado para pedir ‘impuesto’. Era secreto a voces en el pueblo que ellos actuaban con apoyo del presidente municipal. No se limitaban a pedir impuestos, empezaron a robar, secuestrar, se sabía que  había redes de tráfico de mujeres y pornografía infantil. Había mucho miedo. Queríamos poner un alto a todo eso, pero no sabíamos qué hacer”.

Nestora recuerda bien la “rebelión de Olinalá” del 27 de octubre de 2012. Esta dio origen a la Policía Comunitaria de ese municipio, la cual, después, pasó a ser parte de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias–Policía Comunitaria (CRAC–PC). La CRAC-PC se define como una institución de los pueblos indígenas de la Costa-Montaña de Guerrero que garantiza la seguridad y la justicia conforme a los derechos autónomos de los pueblos. Esta viene operando desde 1995 a través de programas de reeducación de personas que cometen delitos. Varios académicos y organismos de derechos humanos han documentado que esta institución ha logrado reducir el crimen hasta en un 95%. 

Rosalva Aída Hernández Castillo –profesora del CIESAS y perito cultural en la defensa de Nestora, junto con el antropólogo Héctor Ortiz Elizondo– documentó la rebelión de Olinalá. Según la profesora Hernández, la rebelión se dio cuando la comunidad decidió confrontar a las autoridades por la impunidad ante hechos criminales como feminicidios, secuestros, masacres y extorsiones de comerciantes [4]. Los ciudadanos se organizaron en asambleas barriales con el objetivo de crear su propia policía comunitaria. Al hacer parte de la CRAC-PC, la Policía Comunitaria de Olinalá recibió camionetas y equipos del gobierno municipal para realizar sus labores.

En el texto sobre peritajes antropológicos donde Nestora dio su testimonio, los eventos que llevaron a la rebelión sucedieron así:

“El 27 de octubre de 2012 fue el día que llamamos la Rebelión de Olinalá. Repicaron las campanas y todos nos juntamos en la iglesia. Hacía 40 años que las campanas no sonaban así para llamar al pueblo. Todos sabíamos donde vivían los sicarios y fuimos a buscarlos. Yo no entré al departamento en el que estaban, pero dicen que tenían a dos jovencitas drogadas semidesnudas, menores de edad, computadoras con pornografía infantil y celulares. Éstas eran pruebas de que se trataba de una red amplia, así que tomamos la computadora y el celular y las entregamos al ejército, porque no confiábamos en la policía local. Tal vez el ejército también estaba coludido porque perdió las pruebas […] Cuando la gente estaba sacando a los sicarios del departamento, llegó la policía y los detuvo, pero lo único que hizo fue sacarlos de Olinalá. Pusimos retenes ciudadanos a la entrada del pueblo y establecimos guardias en todas las entradas del pueblo para evitar que entraran de nuevo”.

En una de las asambleas, Nestora fue elegida como comandanta de la Policía Comunitaria de Olinalá. Y fue la primera mujer en ocupar un cargo de dirección dentro de esa institución de seguridad indígena. Esto la puso en la mira de los diferentes poderes estatales y criminales que deseaban seguir sosteniendo su opresión en la región. En ese tiempo, la Presidencia Municipal de Olinalá rechazaba la policía comunitaria argumentando que la comunidad no era indígena. Sin embargo, los “comunitarios”, como se les conoce, se ampararon en la Ley 701 del estado de Guerrero que legitima la CRAC-PC como un sistema de justicia y seguridad indígena.

Cuenta Nestora que los comunitarios de Olinalá se organizaban en la Casa de Justicia de El Paraíso, y que allí llevaban a las personas que cometían delitos. En este lugar se llevaban a cabo todas las actividades de reeducación de los detenidos.

“Cada comunidad se turna y cubre también la alimentación de los reeducandos. Los detenidos hacen trabajo comunitario y no están encerrados, van a las comunidades a trabajar. También hay consejeros que les dan pláticas, se busca que reflexionen sobre sus acciones y pidan disculpas por sus errores”.

Durante su labor como comandanta de la Policía Comunitaria de Olinalá, autoridades municipales intentaron sobornar a Nestora en repetidas ocasiones. Esto sucedió cuando esta institución indígena empezó a mostrar resultados en la desarticulación de redes de crimen organizado. Adicionalmente, para el 2013, varios comunitarios fueron detenidos por las autoridades mexicanas por distintos cargos. Desde la perspectiva de Nestora y otros actores, estas detenciones hacían parte de una estrategia de desarticulación de las policías comunitarias, y de criminalización de los sistemas de justicia y seguridad indígenas de Guerrero.

La persecución que sufrió Nestora no sólo fue desplegada por los poderes estatales y el crimen organizado, sino también por medios de derecha que pusieron en duda su autoridad dentro de la policía comunitaria por su condición étnica y de género. Esto es: ser mujer indígena tlapaneca ocupando un cargo de autoridad. En una columna publicada en el periódico La Jornada, la profesora Hernández explicó que la condición de género influyó mucho en la manera en que se criminalizó el liderazgo de Nestora. “Que una mujer se atreviera a denunciar la corrupción del narcoestado y no aceptara venderse a ningún precio fue tomado como una afrenta personal por quienes detentan el poder local”.

Un caso particular detonó la persecución contra Nestora Salgado. Un día fue reportado ante la Policía Comunitaria un evento de desaparición de cuatro adolescentes. Las madres de las jóvenes acudieron a esta institución con dos propósitos: uno, solicitar la búsqueda y dos, ingresarlas al programa de reeducación para alejarlas de bandas criminales. Esta solicitud se hizo por escrito. Después, las jóvenes fueron encontradas en otra comunidad y reconocieron que habían estado compartiendo con dos hombres adultos en una fiesta. A raíz del incidente, emergió una denuncia formal contra Nestora por haber “secuestrado” a estas jóvenes. El acto de encontrarlas e ingresarlas al programa de reeducación fue rápidamente interpretado por las autoridades estatales como un delito de secuestro. Esa interpretación supone una contradicción con el reconocimiento que hace la ley de Guerrero de las policías comunitarias y sus labores.

A pesar de lo anterior, Nestora fue detenida ilegalmente por las fuerzas militares y policiales mexicanas.

“El 22 de agosto de 2012, unos 500 militares llegaron a la Casa de la Justicia de El Paraíso y liberaron a las personas que estaban en proceso de reeducación, entre ellos los delincuentes involucrados en el tráfico de mujeres. A la vez que liberaban a los delincuentes, detuvieron a los 20 policías comunitarios que estaban de guardia […] Ese mismo día a las 6:00 de la tarde, marinos, militares, y miembros de la Policía Federal preventiva me secuestraron cuando iba rumbo a la gasolinera del pueblo a donde me dirigía con mi sobrino, que también era miembro de la policía comunitaria, a cargar combustible”.

En la imagen: Nestora Salgado en los juzgados del penal de Tepepan. Foto: Hugo Cruz. Tomada de www.proceso.com.mx

Nestora fue trasladada a la ciudad de Chilpancingo. Dentro del interrogatorio que las autoridades le hicieron al ser detenida, Nestora pudo descubrir que ni la Marina, ni el Ejército ni la Procuraduría tenían un documento oficial que ordenara a su aprehensión. La orden, según todos estos, “venía de más arriba”. Entonces, la enviaron a Acapulco en un helicóptero, y la ingresaron en un centro de detención clandestina.

Como se trataba de una detención ilegal, Nestora pidió que se llamara a la Embajada de Estados Unidos en México para recibir apoyo. Asimismo, se defendió apelando a la ley 701 del Estado de Guerrero, que como anteriormente se mencionó, respaldaba la operación de las policías comunitarias. Nestora cuenta que se le violaron todos sus derechos al ser procesada, incluso uno tan primordial como el derecho a tener un abogado. Posteriormente, la trasladaron a Tepic.

En Tepic Nestora fue recibida por la Policía Federal, institución que la trasladó a la cárcel de máxima seguridad de El Rincón. Allá le dieron un uniforme, le tomaron una nueva declaración y le explicaron los delitos que se le imputaban.

La detención de Nestora duró dos años y siete meses. Estuvo en las peores condiciones y fue sometida a tortura psicológica.

“Me pasaron primero al sistema de clasificación, pero la psicóloga que me entrevistó inducía mis respuestas. Empezó preguntándome: ¿por qué secuestraste? Le aclaré que no era secuestradora, que ella no estaba ahí para juzgarme. Yo sabía mis derechos y también sabía que no era ético lo que ella hacía. Hablé de mi trabajo a favor de la vida y los derechos de los pueblos. Ella tomó mis críticas como rebeldía, me clasificó como ‘narcisista’ y me pusieron en celda de aislamiento total. Es tan terrible el uso que hacen los psicólogos de la información que les sacan a los detenidos que es parte de un aparato de tortura. En mi caso, cuando en una entrevista hablé de mi miedo a la oscuridad, esto fue aprovechado para ponerme en una celda sin luz, en pésimas condiciones y aislada de los demás”.

Nestora también fue privada del consumo de agua potable y de medicamentos esenciales para mantener su condición de salud después de los accidentes de tránsito. Y fueron tantas las violaciones a sus derechos, que resolvió hacer una huelga de hambre. Por esta razón, las autoridades mexicanas decidieron trasladarla al Centro Femenil de Readaptación Social de Tepepan, al sur de la Ciudad de México.

Finalmente, Nestora Salgado fue liberada en marzo de 2016. Su liberación fue producto de estrategias de solidaridad nacional e internacional que buscaron un pronunciamiento de parte del Grupo de Trabajo de Detención Arbitraria de las Naciones Unidas. En febrero de ese año, la institución internacional exigió la liberación inmediata de Nestora al Estado mexicano. Asimismo, influyeron en este resultado positivo las acciones de académicos comprometidos con los pueblos como Rosalva Aída Hernández Castillo y Héctor Ortiz Elizondo, y la defensa judicial rigurosa de los abogados Leonel y Sandino Rivero.

Según el diario mexicano El Economista, al salir, Nestora estuvo rodeada del afecto de sus familiares y compañeros de la policía comunitaria. Para este medio, y para muchas otras personas, ella se convirtió en un símbolo para activistas que cuestionan diariamente la represión estatal.  Indudablemente, esta experiencia fue determinante en el nuevo rumbo que tomó el camino de Nestora hacia la justicia: la política partidista y del Estado.

La candidatura de Nestora: la resignificación del dolor y la búsqueda de la justicia

Nestora ha dicho que Guerrero, sobrevive en un clima de violencia, inseguridad y pobreza que mantiene a la población en la indefensión y la zozobra. Foto: Archivo. Tomada de El Siglo de Durango.

En el 2018, Nestora Salgado decidió postularse para ser senadora del estado de Guerrero por el partido MORENA. Durante su candidatura, recibió ataques de varias personas afiliadas a la clases y partidos políticos tradicionales. En uno de los debates presidenciales que se emitieron en televisión nacional, José Antonio Meade –candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI)– tomó el caso de Nestora como punto de partida para hablar de la problemática de armas e impunidad en México:

“Déjenme platicarles parte del problema y cómo debemos enfrentarlo. El problema tiene que ver con armas, que llegan a manos de los delincuentes. Y parte del problema tiene que ver con la impunidad. Y aquí hay una historia donde podemos escuchar las dos cosas, una historia de armas y una historia de impunidad. Les voy a leer lo que salió de un expediente, de una gente que salió libre porque la policía hizo mal su trabajo: ‘soy la comandante Nestora Salgado. Y solo le llamo para decirle que a cambio de la libertad de su hija me tiene que entregar la cantidad de 5000 pesos. Así es que ya sabe, cuando tenga esa cantidad, me la entrega y yo le entrego a su hija’. Nestora Salgado va a ser senadora por MORENA, una secuestradora que está libre por una falla en la policía. Esto, Andrés Manuel [López Obrador] queda en tu conciencia”.

En la imagen: Nestora Salgado con Andrés Manuel López Obrador en un mitin en Guerrero. Foto: Tomada de www.proceso.com.mx

Debido a las afirmaciones de Meade, Nestora decidió interponer una demanda por daño moral en el Palacio del Poder Judicial de la Federación en San Lázaro. Adicionalmente, exigió de parte de él una disculpa pública, puesto que su inocencia ya se había comprobado en los tribunales. En estos espacios se reiteró que las labores de Nestora hacían parte de las actividades propias de las policías comunitarias, y que estas eran entidades respaldadas por la ley guerrerense. Sin duda, en plena campaña electoral, el candidato del PRI estaba promoviendo condiciones para nuevas formas de criminalización de la justicia indígena en el estado de Guerrero.

A propósito de la criminalización de las justicias indígenas en México y de lo ocurrido en el debate presidencial, el Instituto Mexicano para la Justicia (IMJUS), la línea de investigación Diversidad cultural, etnicidad y poder del CIESAS y EQUIS-Justicia para las mujeres, organizaron un conversatorio con Nestora Salgado. Esto ocurrió el 19 de junio en la sede de IMJUS, ubicada en la colonia Santa Catarina de la delegación Coyoacán. En este evento Nestora tomó la palabra para hablar de la Policía Comunitaria de Olinalá y su experiencia de vida:  

“Yo voy a hablar a título personal, porque creo que lo que han hecho conmigo no tiene nombre. Es algo muy difícil de entender todavía. Al inicio no lo entendía. No entendía por qué tanto odio y tanta maldad en mi contra. Fue muy raro. La policía comunitaria tenía 22 años de trabajo hasta la fecha y funcionaba bien. Los pueblos no pidieron que la policía comunitaria desapareciera. Las comunidades la pedían, pedían que siguiera funcionando y era aceptada”.

Sin embargo, Nestora entendió que su encarcelamiento, la tortura física y psicológica que vivió y la violación a sus derechos más fundamentales hacían parte de una estrategia del gobierno mexicano para “fabricarle delitos”. A través de esta estrategia se buscaba criminalizar a las policías comunitarias de Guerrero para desarticularlas y erradicarlas.

“En 2012 se incorpora la policía comunitaria, se organiza y se apega al reglamento de la CRAC-PC. Empezamos a trabajar inicialmente para mantener el orden, la seguridad y la paz en nuestra comunidad. Desgraciadamente, cuando empezamos a hacer nuestro trabajo, nos enteramos de que las autoridades [estatales] estaban involucradas con el narcotráfico. La razón por la cual se me persigue y se me ‘fabrican delitos’ fue porque, junto con los compañeros de la policía comunitaria, acusé directamente a esas personas, con pruebas […] Me fabricaron delitos, y me detuvieron arbitrariamente. Solo hasta los nueve meses fue la primera vez que se le permitió a un abogado verme. Después pudimos probar que yo no tenía por qué estar en una prisión federal y que lo que yo hacía era parte de la labor de los policías comunitarios, lo cual era reconocido por la ley. La policía comunitaria se formó con cooperación de todos, con ayuda del pueblo. El mismo juez lo reconoció: los policías comunitarios no nos organizamos para delinquir, para secuestrar o asesinar, sino para dar paz y seguridad”.

Nestora manifestó que no sólo se le persiguió por sus denuncias contra las autoridades estatales, sino también por su defensa de las personas que no tienen voz, de los pobres, las mujeres, niñas, niños y jóvenes. 

“¿Cuál fue mi defensa? Defender a esos campesinos. Defender a los que no tienen voz. Defender a todos los que les han fabricado delitos como a mí, y que no tienen 1000 o 2000 pesos para pagar una fianza. Fue a ellos a quienes defendí. También trabajé defendiendo a las mujeres. A todas las mujeres y niños que violaron, a ellos defendía yo. De igual modo, defendí nuestro territorio, nuestro derecho a caminar en paz, a no ser violadas. ¿Y ahora por eso me criminalizan?, ¿me llaman secuestradora? Así se ha criminalizado nuestra lucha. Nos criminalizan porque como policías comunitarios ya no permitimos que secuestren, que extorsionen, que roben un carro, que roben ganado. Nos criminalizan porque sus intereses se ven afectados”.

Nestora lucha también contra los efectos que producen las empresas mineras en los territorios indígenas, y los perjuicios de la explotación de recursos para los pueblos:

“Cuando denunciamos los abusos de la minería e hicimos algunos eventos por ahí, y dijimos ‘no queremos más esas mineras’, fue porque notamos que los niños ya estaban enfermándose de la piel, de los ojitos, por la contaminación del agua. Eso está dentro de nuestro bienestar y hace parte de la defensa de nuestro territorio, nuestros derechos, nuestra vida. Así, hacemos oposición a estos gobiernos y a quienes cometen actos bárbaros contra nuestra comunidad”.

Finalmente, Nestora se reconoció como lideresa. Después, habló de las luchas que librará por los derechos de los migrantes y las mujeres en prisión:

“Soy una persona reconocida. He recibido premios de organizaciones importantes de derechos humanos. Soy una persona que tiene una reputación intachable. En Estados Unidos tengo un día en el calendario, en el estado de Washington. Y eso obedeció a mi trabajo con las mujeres y los niños. He defendido el derecho de los migrantes y les he apoyado, también he luchado por nuestros pueblos […] Voy seguir defendiendo la autonomía de los pueblos, sus luchas y derechos. Rechazamos la criminalización que hace Donald Trump de nuestra gente. Defenderé a nuestros connacionales en los Estados Unidos. Aquí estoy dando la cara y la voy a seguir dando por esa gente que no tiene nada, que no tiene la oportunidad de estar ante los medios, la televisión, o que no tiene un periodista que le escriba algo. Hablo por aquellos campesinos que están enterrados vivos, en las cárceles. ¿Quién ha hecho una investigación seria de las personas en la cárcel?, ¿quién ha documentado cómo nos sentimos en esos hoyos, sin los medicamentos que necesitamos?, ¿cómo nos sentimos cuando son las mujeres quienes están siendo prostituidas por los mismos policías y militares? Cuando las mujeres llegan detenidas a las cárceles ahí las ves, con sus derechos violados. Violadas sexualmente por marinos y militares. Esas mujeres llegan con los pies reventados y la cara moreteada. Eso es violación a los derechos humanos. Lo poco que tenemos en la cárcel cuando estamos presas nos lo quitan. Lo más elemental, eso es lo que nos arrebatan. Con la policía comunitaria luché por una reeducación digna para quienes cometían delitos. Lo que vivimos en las prisiones no es reeducación ni readaptación. Yo lucharé para que la persona que entre a una cárcel y salga se integre efectivamente a la comunidad”.

Se hace camino al andar…

En la imagen: Nestora recibe la credencial de senadora. Foto: Tomada de Twitter @nestora_salgado

En julio de este año Nestora Salgado García recibió su credencial de mayoría. Esta la acredita como senadora del estado de Guerrero. Desde ese entonces, ella ha venido liderando varias iniciativas para respaldar a quienes han sido aplastados por la violencia. Al día de hoy, Nestora continúa denunciando con fuerza la impunidad y la ingobernabilidad que prevalece en México. En octubre fue nominada para ser parte del consejo que entregará el Premio Nacional de Derechos Humanos. Dentro su rol como congresista, propuso hacer una gira por las cárceles de su país para verificar las condiciones de vida de las personas presas. Adicionalmente, ha aprovechado su cargo para exigir garantías para la caravana migrante de Centroamérica y ha cuestionado la “xenofobia gubernamental” que viene creciendo en México.

Este ha sido el camino hacia la justicia emprendido por Nestora Salgado García. Su historia hace parte del entramado de experiencias de liderazgo político de mujeres indígenas latinoamericanas, que han ofrecido la vida entera para defender los derechos de sus comunidades. Los reclamos de justicia de las mujeres indígenas ocurren hoy en condiciones de extrema inseguridad y desigualdad. Ellas resisten la violencia de la militarización, la inoperancia del Estado y la rapiña del crimen organizado. Además, hacen frente a la depredación de los territorios por parte de las empresas multinacionales. Muchas mujeres indígenas también han muerto en el proceso de defender sus derechos –en países distintos al suyo y en prisiones–, siendo fieles a su causa y a sí mismas. De ahí que la historia de Nestora sea tan importante hoy: ella es una sobreviviente.

Vivian Martínez Díaz

 

Agradecimientos

Agradezco al CIESAS de la Ciudad de México, y a las profesoras que conforman la línea de investigación Diversidad cultural, etnicidad y poder por haberme proporcionado los conocimientos para hacer este informe especial. Sororalmente, agradezco a la Dra. Rosalva Aída Hernández Castillo por haberme enseñado que el conocimiento y el periodismo tienen una función política: la transformación de los pueblos. Agradezco también a IMJUS y a EQUIS-Justicia para las mujeres. De igual forma, quiero agradecer a Revista Enfoque y a su directora, Andrea Castañeda, por facilitar la elaboración y el espacio para publicar este trabajo investigativo. Finalmente, agradezco a Nestora Salgado García. Ella es una inspiración para mí, y para las mujeres colombianas que están siendo perseguidas y asesinadas por su activismo.

Fuentes 

[1]           N. Salgado García y R. A. Hernández Castillo, «Nestora Salgado García: un testimonio de resistencias ante la violencia patriarcal y la criminalización de los pueblos indígenas», Desacatos, vol. 57, pp. 168-179, 2018.

[2]           G. Gasparello, «Policía Comunitaria de Guerrero, investigación y autonomía», Política Cult., vol. 32, pp. 61-78, 2009.

[3]           M. T. Sierra, «Pueblos indígenas y usos contra‐hegemónicos de la ley en la disputa por la justicia: La Policía Comunitaria de Guerrero», J. Lat. Am. Caribb. Anthropol., vol. 20, n.o 1, pp. 133-155, 2015.

[4]           R. A. Hernández Castillo, «The Paradoxes of Using Witness Reports in the Defense of Indigenous Justice Systems: The Case of Nestora Salgado García», 2018.

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La historia de Nestora Salgado es la historia de varias mujeres mexicanas y guerrerenses que han participado en la transformación de nuestro país, aunque muchas de ellas no sean reconocidas más que por sus propias comunidades. En Guerrero y en México han existido y existen muchas Nestoras.

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