Jue, 05/10/2018 - 10:04
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La prevención y el empoderamiento de la mujer ante casos de violencia de género

Un aporte desde la comunicación estratégica. Por: Cristina Rangel, Nathaly Triana y Natalia Urrego.

El maltrato contra la mujer ha sido un problema social que ha existido siempre y limita los derechos individuales del género a través de la fuerza física, psicológica o económica para generar una posición de superioridad frente a alguien a quien no se reconoce como igual.

Según el Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Colombia es el quinto país de la región con mayor número de feminicidios en 2014, detrás de Honduras, Guatemala, República Dominicana y El Salvador, ubicando al país en una posición bastante delicada y compleja frente a la violencia contra la mujer.

El rol de la mujer en la sociedad actual, se ha visto condicionado por el pensamiento cultural y tradicional del patriarcado, que ve a la mujer como un ser inferior obligado a tener un comportamiento de sumisión.

La falta de sensibilización sobre este problema y por mucho tiempo la falta de herramientas efectivas que hagan posible la defensa de los derechos, ha generado que la violencia contra la mujer sea considerada como un problema individual, que compete solo a los implicados y conlleva a suponer que la solución del conflicto se debe dar en la esfera de la privacidad. Lo anterior, ha provocado la inoperancia de los mecanismos de protección en un marco de impunidad.

 

La violencia física contra la mujer es un problema social que se presenta desde el inicio de las sociedades, siendo la familia el foco en el que más casos son presentados en nuestra sociedad. “La revisión de un número seleccionado de encuestas de población indica que entre 20% y 50% de las mujeres notifican haber sido objeto de violencia física por parte de un compañero masculino íntimo al menos una vez en sus vidas” (García-Moreno, 2000, p.9).

Teniendo en cuenta lo anterior, se realizó un proyecto de investigación con el fin de crear una estrategia de comunicación con enfoque educativo, dirigida a jóvenes universitarios de 18 a 25 años de la Universidad Sergio Arboleda y Universidad Santo Tomás, para caracterizar el problema a partir de su conocimiento y experiencia; además, se buscó la superación de dificultades y confusiones para transformar sus imaginarios de género. Esta estrategia se enfocó en generar conciencia en este grupo específico de la sociedad, sobre la importancia del empoderamiento desde el ámbito cognitivo y la prevención de la violencia contra la mujer.

La metodología de investigación tuvo un enfoque mixto combinando la relación entre las características del enfoque cuantitativo y cualitativo; las técnicas utilizadas fueron grupo focal y entrevista desarrolladas a través de dos instrumentos: un formulario y un cuestionario. El formulario fue aplicado en el marco de un grupo focal en el que participaron 61 jóvenes universitarios; dicho instrumento estaba compuesto por 15 preguntas pensadas con el propósito de configurar y caracterizar el problema de la violencia física contra la mujer desde los imaginarios de los participantes.

El cuestionario se realizó teniendo en cuenta los perfiles profesionales de los tres entrevistados para recolectar la mayor información posible basada en su experiencia y conocimientos a favor de la prevención orientada a la violencia de género.

Con estas dos herramientas se pretendió conocer cuáles son los imaginarios de la muestra específica descrita anteriormente, establecidas como una metodología de comunicación que combina datos estadísticos y un análisis de la percepción de la violencia física contra la mujer.

Para obtener los resultados de la investigación se hizo un análisis y triangulación de los datos encontrados en los instrumentos aplicados. Por otra parte, con el fin de organizar y categorizar dichos resultados, se decidió dividirlos en tres subcategorías tomando como referencia un estudio cualitativo de la Universidad Complutense de Madrid, España, llamado “Corporalidad femenina, autoestima y discurso de moda”. Dichas categorías son: cuerpo como objeto, cuerpo como sujeto y cuerpo como cualidad.

En los resultados de la investigación se encontró que los factores que contribuyen al empoderamiento de los derechos por parte de las jóvenes universitarias, son promover la igualdad entre hombres y mujeres, respetar los derechos de las mujeres, velar por su seguridad y bienestar, así como fomentar la educación y la formación para el desarrollo integral de las mujeres como una manera de prevenir la violencia física.

Asimismo se evidenció que las mujeres necesitan creer más en sus capacidades y cualidades para generar un cambio en sus escenarios de la vida cotidiana, para que demuestren a quienes las consideran inferiores que son capaces de superar retos y ejercer roles que tienen etiquetas de género. Por otro lado, se identifica que su posición en el mundo de hoy les otorga el poder de tomar decisiones y asumir responsabilidades que las apropien de las situaciones no solo en el campo familiar sino también en el laboral.

Es importante desarrollar las capacidades, habilidades y competencias intelectuales de las mujeres que les permitan tener con un liderazgo para transformar sus conocimientos en acciones y que así generen impacto y trascendencia en la evolución de la sociedad.

Tanto ha sido el refuerzo del lenguaje machista que los roles de género son inculcados desde la educación a una temprana edad en el seno de las familias, aplicados desde los diferentes comportamientos y normas que son percibidas como propias para hombres y mujeres. Generalmente los roles femeninos están relacionados con aquellas actividades asociadas a la reproducción, crianza, cuidados y todo aquello relacionado con el ámbito doméstico; por otro lado, los roles masculinos están asociados a las actividades como el mantenimiento, sustento económico y todo aquello relacionado con la fuerza.

Sin embargo, existe una nueva generación que a pesar de haber interactuado en una sociedad que se mantiene como machista, moderniza los roles de género permitiendo que las actividades no tengan una asignación establecida.

Como se ha mencionado a lo largo de este artículo, la violencia de género está ligada a una práctica cultural, en donde el patriarcado es predominante. Las mujeres víctimas de violencia física, están sometidas a la ideología del machismo, en donde el hombre es por naturaleza superior a la mujer, fortaleciendo el imaginario que tiene la sociedad sobre roles de género. Es por esto que se encontró en el empoderamiento, un proceso estratégico capaz de transformar realidades acompañando a los jóvenes universitarios hacia el desarrollo de identidades completas y libres en donde se integren la masculinidad y la feminidad, para que las mujeres que sufren de violencia física se dejen de sentir víctimas a través del desarrollo de sus capacidades y la toma de conciencia de su poder interior. 

 

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