Vie, 09/08/2017 - 10:54

"No se olviden de rezar por mí, porque yo soy muy vulnerable"

Anoche, cuando todos daban por terminada la jornada en Bogotá, el Papa Francisco sorprendió con un gesto más. A las puertas de la Nunciatura. Después de la eucaristía en el parque Simón Bolívar, escuchó a quienes lo esperaban. He aquí lo que dijo.

Recibido entre cantos y bailes a las puertas del edificio de la nunciatura apostólica por personas con discapacidad cognitiva, se bajó del auto y escuchó los cantos folclóricos que lo esperaban. Entre las personas vinculadas a la Fundación Estímulos, de Cali, Francisco se detuvo en el mensaje que una joven leyó para él: Lina María.

Pronunciando su nombre, le pidió que repitiera una expresión de la carta. “Queremos un mundo donde la vulnerabilidad sea reconocida como esencia de lo humano […]; y la humanidad, como un lugar de encuentro común”.

Estas palabras le arrancaron una reflexión que se suma a la serie de pronunciamientos con que viene configurando una particular catequesis para los colombianos durante su viaje apostólico.

— Gracias, Lina María —dijo Francisco.
— Mucho cariño para ti, eres una bendición —contestó la joven.

Momento seguido puso en consideración de los presentes y de quienes alcanzaron a captar el instante feliz que todos somos vulnerables. Hay quienes ven esa vulnerabilidad. Hay quienes no. “Necesitamos que esa vulnerabilidad sea respetada, acariciada, curada en lo medida de lo posible y que dé frutos para los demás […]; por eso, no se puede descartar a nadie, porque cada uno es un tesoreo que se ofrece”.

— ¿Quién es la única persona que no es vulnerable? —le preguntó el Papa a Lina.
— Dios —respondió ella.
— Dios es el único que no es vulnerable. La esencia de lo humano es esa necesidad de ser sostenido por Dios.

Luego se despidió pidiendo otra oración para él: “No se olviden de rezar por mí, porque yo soy muy vulnerable”.

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