Mié, 11/07/2018 - 08:18
Foto: Agencia AFP.

Demócratas logran una victoria que le complica la vida a Trump

Con información de Carlos Chirinos- Univisión Noticias.

Con la Cámara de Representantes en manos demócratas y el Senado aún bajo dominio republicano se presagia un tenso pulso político en Washington que le complicará al presidente los últimos dos años en la Casa Blanca.

Esta vez las encuestas indicaron lo que terminaría pasando en la votación final de las elecciones de mitad de periodo y, como se pronosticaba, el Partido Demócrata recuperó el control de la Cámara de Representantes del Congreso.

Si bien la “ola azul” que los demócratas prometían y esperaban no terminó verificándose en los resultados, el partido obtuvo una importante victoria al lograr ocupar 35 escaños que estaban en manos republicanas, superando los 23 que necesitaban como mínimo para obtener la mayoría.

De hecho, para minimizar la derrota, el Partido Republicano hace énfasis en que el 'tsunami' con que los amenazaban terminó siendo una 'onda', como indicó en un comunicado la presidenta del partido, Ronna McDaniels, en el que se refirió al “entusiasmo generado por el presidente Trump” como uno de los factores que habría evitado una derrota más aplastante.

Con la Cámara Baja en manos de la oposición demócrata se le dificultará al presidente Donald Trump seguir avanzando su agenda política y es posible que, con un previsible agravamiento de la polarización, vengan dos años de estancamiento político en Washington, considerando que el Senado sigue en manos de los republicanos.

El nuevo balance de poder cambiará la dinámica política en Washington y las estrategias para las presidenciales de 2020, una campaña que, podríamos decir, empezará apenas se terminen de oficializar los resultados de estos comicios.

Bloqueo parlamentario

El primer efecto previsible en el nuevo balance del poder es la paralización de la agenda legislativa del presidente, sobre todo sus planes en inmigración y seguridad y su promesa de una nueva reducción de impuestos.

Trump, que ha acusado de obstruccionismo a los demócratas para explicar fracasos legislativos como la derogación de Obamacare o la imposibilidad de imponer una dura reforma migratoria, pese a que su partido tiene la mayoría en el Congreso, podría estar por conocer lo que es un verdadero bloqueo parlamentario si no afina sus habilidades negociadoras para llegar a consensos con la oposición.

El proceso de formación de leyes se hará previsiblemente más engorroso y puntos importantes para la Casa Blanca, como reforma de las leyes de inmigración que aporte fondos suficientes para la construcción del polémico muro fronterizo con México, podrían no llegar a contar con el respaldo necesario en la Cámara Baja.

Sin embargo, el presidente podría sacar provecho de su minoría en la Cámara de Representantes con miras a la reelección en 2020, si termina convenciendo al electorado que sus futuros fracasos e incumplimiento de promesas empeñadas se debe a que no cuenta con el respaldo de la mitad del Capitolio.

Para Trump tener un contrincante bien identificado en el Congreso puede ser de utilidad, sobre todo ahora que Nancy Pelosi podría volver a convertirse en presidenta de la Cámara de Representantes.

Impeachment en la mira

Con los demócratas controlando la Cámara Baja, el presidente pierde un importante muro de defensa que hasta ahora lo había protegido de los deseos de algunos de abrir investigaciones contra él y su entorno por la supuesta colusión con operadores de inteligencia rusos durante la campaña presidencial de 2016 y los conflictos de interés que pueden representar sus negocios.

El impeachment o juicio político al mandatario ha sido hasta ahora anatema para el liderazgo del partido, pero está en la lista de tareas inmediatas de muchos de los demócratas que están llegando al Congreso.

Eso presagia un potencial pulso entre los más progresistas que pueden asumir sus victorias como un mandato popular para limitar el poder de un presidente al que consideran que ha violado la ley con negocios no muy bien aclarados y un sector más moderado que puede pensar que no es necesariamente buena estrategia cazar una pelea con un político que se alimenta del debate y lo usa para aglutinar su base electoral.

Quizá antes de llegar a esa instancia, los congresistas decidan ejercer el poder de citación que tienen ahora que controlarán los comités para pedir al presidente que entregue las declaraciones de impuesto que no ha querido mostrar, rompiendo una tradición que marcaba que los aspirantes a la presidencia mostraban el estado de sus finanzas como gesto de transparencia.

La hora de los moderados

La victoria demócrata se produce en gran medida por el avance de candidatos considerados moderados en distritos en los que el estilo y el discurso del presidente genera rechazo, incluso entre algunos republicanos, un fenómeno que se vio en zonas suburbanas.

Sin embargo, hay nombres destacados entre los nuevos congresistas, como la ’niuyorrican’ Alexandria Ocasio Cortez, considerada una de las representantes del ala más radical del partido por su agenda de socialismo democrático, inspirada en el senador Bernie Sanders. O Rashida Tlaib, en Michigan, la primera musulmana en integrar el Congreso.

Por lo pronto, los más liberales pueden desafiar el liderazgo de Nancy Pelosi, que como líder de la bancada debería volver a convertirse en presidenta de la Cámara de Representantes, una función que ya ejerció entre 2007 y 2011, cuando se convirtió en la primera mujer en ese cargo.

Durante la campaña, varios candidatos que se presentaban como del ala progresistas dijeron que no respaldarían una nueva presidencia de la congresista de California, falta saber si lo hicieron por conveniencia electoral, considerando que ella suele ser el centro de las críticas republicanas, o por real convicción de que conviene una renovación de la cúpula demócrata en el Congreso.

 

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