Mar, 08/07/2018 - 09:16

De la reventa y otros pecados en el fútbol

De los actos de corrupción no se salva ninguna actividad, ni siquiera el deporte y menos el más popular de ellos, el fútbol, que además de ser el espectáculo que convoca a miles de aficionados en sus escenarios, es un negocio que genera millones de dólares en ganancias.

Las recientes investigaciones de la Superintendencia de Industria y Comercio revelan la empresa criminal que presuntamente se conformó para la reventa de boletas, en los partidos que la Selección Colombia jugó de local para las eliminatorias del pasado mundial de Rusia.

La reventa es una actividad prohibida, sancionada por el Código Nacional de Policía y Convivencia. En el caso de ser promovida por las entidades encargadas de regular las normas del fútbol en el país, como es la Federación Colombiana de Fútbol, estas irregularidades constituyen un acto de corrupción, máxime si esa especulación fue orquestada con las empresas encargadas de su distribución.

Se desviaron más de 42.000 entradas al estadio, que fueron vendidas hasta en un 450% más del precio de taquilla, representando ganancias superiores a los cinco mil millones de pesos en gestiones que habrían sido planeadas entre la Federación y las empresas encargadas de comercializarlas.

Para adjudicar el contrato de elaboración y venta de la boletería, la autoridad que rige el fútbol en el país realizó un proceso de selección que aparentemente fue transparente, pero en realidad quien obtuvo la adjudicación hacía parte del plan para el desvío de las entradas.  

Desde hace varios años la Superintendencia tenía los ojos puestos en la logística de la selección Colombia para los encuentros disputados en condición de local, por los supuestos abusos en la ubicación y costo de la boletería.

No se ha podido explicar cómo se agotaban en una hora 30.000 entradas que presuntamente se ponían a disposición del público. Es cierto que es difícil controlar la reventa en cualquier espectáculo, pero las limitaciones que siempre se ponen para la adquisición de los tiquetes, pues se entregan máximo cuatro por persona, no permitirían que miles de ellos lleguen a manos de los especuladores, a menos que sean cedidos en grandes cantidades por quienes están encargados de la distribución.

El tema es que es inaceptable que un deporte que se constituye en el espectáculo que congrega mayor cantidad de público esté inmerso en tantos escándalos de corrupción, más aún si se trata de la selección Colombia que es tal vez la única causa que despierta el amor patrio, que nos une en torno a la bandera.

En el fútbol falta mucho por investigar, por ejemplo los rumores sobre irregularidades en viáticos, supuestas anomalías en las convocatorias de jugadores en las que empresarios estarían haciendo recomendaciones, manejo de capitales provenientes de transmisiones de televisión, en fin; aunque se trate de una empresa privada, los aficionados, que son quienes pagan por asistir a los estadios y mantienen viva la pasión, tienen derecho a saber la verdad de lo que sucede en ese negocio y a exigir transparencia en la administración de los recursos provenientes de este millonario deporte.

@WilsonRuizO

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