Mié, 05/09/2018 - 09:51
Foto: El Tiempo

Don José

Sus pobladas cejas, oscuras como el azabache, parecen estar allí para enmarcar unos ojos tristes y cansados. Su sombrero café y su camisa a rayas, dibujan fácilmente la estampa de cualquiera de nuestros campesinos colombianos. En sus manos llevaba una vieja guitarra y la interpretó por unos minutos. Deleitó a los presentes con Mama Vieja, aquella hermosa melodía de Los Visconti. Tan humilde él, que ver su foto y saber lo que sucedió me llena de dolor, pero me esfuerzo para que no sea rabia.

Tenemos que aprender de todo y de todos. He leído muchos artículos porque esta historia refleja lo que somos como sociedad. Y paralelo a las versiones de prensa, como sucede últimamente, las redes sociales de los colombianos están a reventar.

Hasta hace unas pocas horas, don José, de 61 años, era un hombre anónimo que por tres décadas se ha rebuscado la vida con su guitarra. Seguro que ya ni recuerda cuántas compañeras de seis cuerdas ha tenido. Hoy, bien o mal, es una celebridad entre los colombianos. ¿La razón? Un extraño caso de esos que suceden a diario en nuestra Colombia macondiana. Hoy las vestiduras son rasgadas en las redes sociales y el estupor por el rechazo del que fue víctima don José es generalizado. Para los pocos que no lo saben, este hombre, que se gana la vida en la calle, tocó en un restaurante en Medellín y en un acto muy generoso una mujer lo invitó a que almorzara con ella allí mismo. No lo permitieron, sin que por eso haya que estigmatizar al establecimiento.

Está muy bien que nos sacudamos a diario y ojalá por cosas similares. Hay gente con hambre, niños enfermos y ancianos desprotegidos. Todos ellos también son don José. Más allá de participar en manifestaciones de rechazo frente al restaurante, preguntémonos cuántas veces en el último mes, semestre, año, hemos ayudado a un desamparado. Cuántas veces hemos dominado a nuestra indolencia para ayudar al que más lo necesita. Hay que ir más allá de unas monedas en un vaso plástico vacío que acompaña a un indigente en la calle.

No se trata solo de don José. ¿Cuántas veces hemos dado un poco más de lo que alguien necesita? Regalar lo que sobra es muy fácil. Finalmente nos sobra. Pero cuántas veces hemos tenido un verdadero sacrificio, algo que nos haga falta, que realmente necesitemos. Ahí radica el esfuerzo de comenzar a construir la diferencia. Esto debería ser un compromiso de todos y con todos. Con unas palabras, más o menos, el asesinado presidente de Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, lo resumió al decir: "No se pregunten qué puede hacer su país por ustedes, pregúntense que pueden hacer ustedes por su país".

Hace un año largo se hablaba de los niños de La Guajira, hace unos meses de las víctimas de Mocoa, y hoy de don José. Somos de protestas apasionadas pero de cortas acciones. Ahora hablamos de política y la carrera presidencial, pero en poco más de un mes lo haremos sobre el mundial. ¿Por qué? Porque somos un país sin memoria. Seguro que si nosotros mismos cambiamos haremos de Colombia un país mucho mejor, en el que todos los don José encuentren un espacio en el que no sean rechazados, así solamente les quieran invitar a un plato de sopa.

P.D. Gracias papá, Carlos Alfonso Aguiar Tello, por enseñarme a compartir. Sin tu ejemplo, nunca hubiera sido igual. Y sé que no te gustará que lo escriba, pero te lo mereces.

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Me parece que el articulo enfoca muy bien la realidad social, pero quizás a Don Jose no le interesa en estos momentos esa fama en redes sociales, porque el seguirá rebuscandoce su diario vivir y su vida continua igual. Pienso mas bien que debemos reflexionar en lo que puede generar nuestras acciones, como el caso de la señora del restaurante que a pesar de pagarle por el plato de comida por parte de uno de sus clientes, para Don Jose, no era digno de comer en el mismo.

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