Mar, 08/07/2018 - 09:11

¿El amor es cosa de dos?

Desde hace unos años la sombra de la apertura de las relaciones sentimentales, avanza lentamente. Poco a poco, con la llegada de una nueva forma de ver la vida, con la independencia de la mujer dejándose ver, podemos apreciar los cambios de roles.

Tradicionalmente nos han metido en la cabeza que lo normal, lo que se debe hacer es encontrar una pareja y vivir con ella en la clásica monogamia.

Pero, ¿Para qué ha sido útil la monogamia a nuestra especie? Para el control de la fecundidad, es decir, para controlar que la progenie que se va a obtener se asegure de quien es la paternidad. Por eso, el control de la sexualidad femenina, y el hecho de la infidelidad femenina como acto terrible. Los hombres, debían asegurarse que su prole sí había sido concebida por ellos.

Si eliminamos esa necesidad de la ecuación, nos queda el apartado romántico. El buscar al alma gemela. Búsqueda que normalmente nos lleva mucho tiempo y muchos corazones rotos. Porque seamos sinceros, la perfección no existe y nadie ha sido creado para ti. La alma gemela es un mito azucarado, para controlar que todo quede entre dos.

Las peleas, las discusiones, los enfados, tópicos, típicos de las parejas que no se darían si fuéramos capaces de ver que cada persona es como es y no deberían ser cambiadas. Porque muchas veces tratamos de cambiar a las otras personas para que se ajusten a todo lo que realmente queremos. Ergo, podemos decir que tras encontrar a alguien que nos mueve a nivel químico y hormonal, lo tratamos de modelar para que sea todo lo que nosotros necesitamos.

Creamos, nuestra alma gemela. Eso que suele suceder bastante y estoy totalmente en contra, es otro de los grandes errores de la monogamia.

Si planteamos la imposibilidad de alguien que tenga justamente todo lo que buscas, dado que las personas somos poliédricas, quizás podamos entender que la monogamia no es más que una utopía que nos han metido a la fuerza en nuestras vidas.

Con ello no hablo de la inexistencia de relaciones sanas de pareja, no hablo de que la infidelidad sea el estado normal. Ante cosas tan cambiantes y determinantes, como la personalidad, las hormonas, la química del cerebro, y un largo etcétera no se puede dar por hecho ningún tipo de norma cuando hablamos de relaciones personales.

Pero, nos acotamos a una serie de normas que nos han impuesto desde hace demasiado tiempo. Normas que nos hacen caer en la decepción, en la cero libertad, en ataduras, cañudo lo más sencillo es simplemente ser honestos.

Honestos con nosotros mismos, con nuestro pensar y necesitar, con nuestra sexualidad, más allá de los tabúes de la “depravación” del que vive su vida siendo sincero, sea en una relación monógama, sea en una relación abierta, con poli amor, o sin él.

El amor, no es cosa de dos, o de tres. El amor comienza siempre siendo cosa de uno, y cuando ya sabes quién eres, el amor debería ser pureza y honestidad más allá de todas las cadenas que nos acaban desangrando nuestras almas.

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