Jue, 08/09/2018 - 02:27
Fotografía tomada de El Tiempo

El espectáculo de Macías a lo Dostoyevsky

No quiero comenzar este artículo de opinión poniendo entre comillas la palabra honorable para referirme a Ernesto Macías Tovar, actual presidente del Congreso, pues el senador se ha convertido en todo un ejemplo de vida que me sirve para entender por qué la objetividad e imparcialidad es un asunto de todos los oficios. Macías es una muy buena fábula para que todos los profesionales seamos capaces de comprometernos con los límites, la verdad y la prudencia. Así que no voy a jugar con su honorabilidad, es suficiente con que Macías, un hombre que ha sido señalado de no tener título de bachiller, no haya sido capaz de hacer de un acto protocolario sencillo un momento dignificante y lustrado.

El discurso de Macías durante la posesión de Iván Duque fue tan incendiario que no hará falta una constituyente, para qué, si una institución como el congreso, cuya imparcialidad es necesaria para poder legislar por el bien común de un país, parece estar comprometida con el tono revanchista con que el nuevo gobierno pretende proteger la vanidad de Alvaro Uribe Vélez. Al menos como país no podemos esperar menos de la cabeza del congreso, pues el señor Macías dejó entre ver que tiene comprometida su alma con el sectarismo y la polarización, virtudes políticas innecesarias para estos tiempos de transición.

De otro lado, el discurso incendiario de Macías Tovar como presidente del congreso es una falta de respeto con cada uno de los senadores que conforman dicha institución, como quiera que el congreso es un recinto en donde el pluralismo político es necesario para configurar un estado social de derecho democrático.

Por lo tanto, ese incomodo momento durante la posesión de Iván Duque, elaborado para hacerle pasar un muy mal momento a Santos ante la comunidad internacional, quedó como una hazaña mediocre y de quinta que espero se atesore entre las redes sociales como el momento exacto en el que este gobierno inició su acostumbrada cacería de brujas, pues no es ni tan mala idea que quede constancia de este mal comienzo para el país- no olvidemos lo que hicieron las redes por Venezuela al dimensionar el trato a la oposición y a la protesta.- Vale mucho tener en cuenta esto y estar prevenidos, pues no sobra que nos preguntemos qué tanto necesita este gobierno que resultó electo gracias a la política del miedo, de un Congreso que tiene en su cabeza al hombre menos imparcial del país.

Está preocupación no es exagerada. Durante la última campaña el propósito Uribista encarnado por Duque pretendió unificar cortes y en sí, desbaratar el equilibrio de poderes como una salida para la eterna enemistad entre Uribe y la Corte Suprema de Justicia. Por esa razón, la sentencia 'a Venezuela también se llega por la derecha', es tan cierta que lo acontecido durante la posesión de Duque es una alerta para no permitir que el sentimiento vengativo de este gobierno intente debilitar aún más las instituciones.

Hace unas semanas, por ejemplo, el nuevo ministro de defensa, quien tiene más experiencia comercial que de defensa, argumentó que la protesta social debía ser regulada. Tal declaración fue sin duda alguna, un pésimo comienzo para este gobierno en temas relacionados con los derechos fundamentales y las garantías constitucionales de los colombianos.

Con Botero al frente del Ministerio de Defensa y Macías como presidente del congreso, la guerra seguirá siendo un negocio y una cortina de humo en este gobierno. Así que no está de más entrar en paranoia nacional. 

Digo esto, porque por puro instinto de protección hacia la democracia, me intranquiliza que un presidente del Congreso, que trabaja para el poder legislativo, no le importe quedar ante los medios nacionales e internacionales como un mensajero a disposición del poder ejecutivo, pues tal cosa es de un cinismo abusivo y monumental con las instituciones y la democracia.  

La vergüenza nacional por culpa de ese episodio presidencial me durará los cuatro años, y de paso me permite predecir con algo de paranoia nacional que los malos días han regresado. A lo sumo espero que el asunto bochornoso trascienda lo suficiente como para que Duque entienda el nivel de maleabilidad que Uribe le exigirá por haberlo apadrinado políticamente. Porque claro, la actitud del presidente del Congreso durante su discurso es un espejo de lo que Uribe también espera de Iván Duque, pues ese compromiso vanidoso a lo Dostoyevski de llamarle justicia a las venganzas personales requieren de tan enaltecido tono lagarto y clientelista.

Ahora bien, sería absolutamente válido, como si de un buen capítulo de Black Mirror se tratara, que tomáramos cada plano de Iván Duque durante el discurso de Macías, para comprobar que tal episodio incómodo fue premeditado entre Uribe y Macías, pero no entre Macías y Duque.

¿Alguien más notó lo calculado de ese momento, la parafernalia lista y montada premeditadamente? Sé que lo vimos millones.

Ahora entiendo por qué no es gratis lo del Estatuto de la oposición: esa vieja escuela del 91 conquistada por el proceso de paz. En efecto, el estatuto comprueba lo gran estratega político que fue Santos por concretarlo antes de abandonar el poder, pues conocía muy bien las represalias que podrían tomar sus enemigos, enemigos de bolsillo como Macías que jamás le perdonarán que haya asumido como presidente y no como mandadero.

Y no, que no venga la derecha sectaria a decir que por favor le bajemos el tono a la discusión o a la opinión, ustedes, los 'nuevos' inquilinos de la casa de Nariño, no tienen ni idea de tono. Son ustedes, los únicos capaces de burlarse de un valor supremo como la paz ante la comunidad internacional, solo porque no fue su indiscutible líder el patrocinador de un proceso de paz que cuenta con el apoyo de casi todas las veedurías internacionales. Así que no nos vengan a decir que saben cómo se debe hacer la paz, si ni siquiera pueden con las emociones durante un acto protocolario tan sencillo.

 

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