Dom, 09/03/2017 - 12:02

El Papa Francisco, Colombia y la movilidad

La visita de un Papa a Colombia, y en especial esta que es la primera del siglo XXI, impacta la movilidad, especialmente hoy que se habla de sostenibilidad y de desarrollo sostenible. El mundo no es como era antes ni como será mañana.

En 1986 cuando Juan Pablo II visitó a Colombia, no se había llevado a cabo aún la Cumbre de Río que marcó el rumbo del mundo hacia el cuidado del ambiente. Esta “Cumbre de la Tierra” (1992) ofreció pautas para las buenas prácticas en el marco de lo que hoy se conoce como desarrollo sostenible. 

Para la época tampoco se hablaba de movilidad. El concepto de tránsito era incipiente para la sociedad, aunque conocido por técnicos y expertos. De movilidad comenzó a hablar en Colombia el actual alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa en 1998 cuando reemplazó con este concepto los temas de tránsito en su Plan de desarrollo “Formar ciudad”.

Pero hoy ya es 2017, una fecha impensable para quienes, de mi generación, crecimos después de la primera mitad del siglo pasado con series de televisión como Cosmos 1999, Viaje a las estrellas, los Supersónicos, Viaje al fondo del mar y Perdidos en el espacio, por mencionar algunas.

Y este mundo de hoy, ya habla de movilidad sostenible, uso de modos de transporte no motorizados, transporte público, transporte masivo, vehículos autónomos, movilidad del futuro, congestión vehicular.

En este contexto, aquí y ahora, es cuando Colombia va a recibir al Papa Francisco en sus calles y avenidas, en sus auditorios y campos abiertos, en su territorio rico en culturas, idiosincrasias, personas, formas y maneras de moverse.  

Villavicencio, Medellín, Cartagena y Bogotá son las ciudades elegidas entre los más de 1.100 municipios del país para la visita del Papa.

Villavicencio fue fundada como ciudad de paso entre el interior del país y los Llanos Orientales, Medellín, es ganadora de premios internacionales como ciudad sostenible, Cartagena tiene roles de puerto, ciudad turística y nodo histórico de Colombia, y Bogotá es la metrópolis, conformada por un tuttifruti de regiones que la habitan, incluyendo la idiosincrasia cachaca.

En nuestras ciudades de hoy contrasta que mientras el número de viajes a pie son mayores y la cantidad de viajes en vehículo particular son menores (para Bogotá, la encuesta de movilidad 2015 calculó en 4,6 millones los viajes diarios a pie, en tanto que son 1,6 millones en vehículo particular), el peso en la movilidad lo tienen los carros particulares. Este peso es calculado arbitrariamente en infraestructura, contaminación atmosférica, siniestralidad vial como victimarios, congestiones en las ciudades, infracciones de tránsito, costos de transporte, influencia en la opinión pública.

El Papa Francisco no es ajeno a estas realidades. Ha hablado ya a través de una de sus encíclicas, de la necesidad de “cuidar la casa”, entendiendo el planeta como nuestra casa, la casa de todos.

Algunas organizaciones internacionales han alertado acerca de la necesidad de cuidar la casa. El Fondo Mundial para la Vida Silvestre (WWF) a través de su informe Planeta Vivo 2014 sostiene que “vivimos en un planeta, pero consumimos uno y medio”. WWF es enfático en decir que, si la humanidad continúa con el ritmo actual, “en 2030 necesitaremos dos planetas Tierra para satisfacer nuestra demanda de recursos naturales. En 2050, necesitaremos tres”.

Por su parte, las Naciones Unidas invitaron a los gobiernos a trabajar en la prevención de siniestralidad vial a través de la Década Mundial de la Seguridad Vial 2011-2020 con metas precisas en reducción de víctimas. Y protocolos como el de Kioto abogan por la reducción de emisiones atmosféricas y combaten el calentamiento global.

El Papa Francisco hace un llamado a cada habitante del planeta frente al deterioro ambiental. Invita a buscar un desarrollo sostenible e integral, pues le preocupa la contaminación atmosférica asociada con la industria y con el transporte (vale anotar que, de acuerdo con la ley colombiana, el transporte es una industria).

En su encíclica laudato si’, el Papa Francisco se refiere al “caos urbano, a los problemas de transporte y a la contaminación visual y acústica. Muchas ciudades son grandes estructuras ineficientes que gastan energía y agua en exceso”, dice el Papa.

Francisco aboga por la mejora del transporte público que, junto con la recuperación de los bosques, el embellecimiento del paisaje y la producción de energía no contaminante, entre otras, “no resuelven los problemas globales, pero confirman que el ser humano es capaz de intervenir positivamente”.

El Papa continúa, refiriéndose a la calidad de vida y a cómo esta tiene que ver con el transporte, que “suele ser causa de sufrimiento para los habitantes”. Agrega que “en las ciudades circulan muchos automóviles utilizados por una o dos personas, con lo cual el tránsito se hace complicado, el nivel de contaminación es alto, se consumen grandes cantidades de energía no renovable y se vuelve necesaria la construcción de más autopistas y lugares de estacionamiento que perjudican la trama urbana”.

Todas las medidas de movilidad implementadas en las cuatro ciudades colombianas para recibir al Papa tienen que ver con garantizar la movilidad de los cientos de miles de peatones que saldrán a su paso y a acompañarlo en sus apariciones públicas. Estas consisten en restringir parcial o totalmente de forma temporal la circulación de vehículos particulares a motor, la puesta en funcionamiento del ciento por ciento de la flota de transporte público y en gestionar el tránsito con cierres viales y desvíos para garantizar la movilidad de la caravana del Papa y de las multitudes que saldrán a verlo.

Aunque el mundo no es como era antes ni como será mañana, Francisco es un Papa que camina y que peregrina con la gente. Los planes de movilidad ajustados en las ciudades para su paso y estadía son coherentes con su personalidad apostólica. No en vano el lema de su visita a Colombia es “Demos el Primer Paso” y la imagen que lo acompaña es la del Papa caminando.

Añadir nuevo comentario