Mié, 12/05/2018 - 08:38
Foto: Las2orillas.co

El peligro de llamarse Daniel Coronell (II)

En una entrevista hecha a Daniel Coronell por el colaborador de la revista SOHO, Simón Posada, dice que: “No ha nacido el hijueputa al que le tenga miedo”. Esta afirmación temeraria digna de otros escenarios y de otro tipo de personajes despertó en Posada ternura, según lo que cuenta en esa especie de autoreportaje donde habla de su voz dulce y de la cara de no decir semejantes malas palabras. Y agrega que le producía tanta ternura que pensó incluso que tendría que darle tetero. Que la palabrota se le salía a Coronell a propósito de que un abogado de Miami le dijo que lo estaban llamando desde la prisión de Coleman y que Coronell tuvo que googlear para saber que allí estaba Justo Pastor Perafán, con quien de acuerdo con su versión, le han enlodado su buen nombre y acusa particularmente al expresidente Alvaro Uribe.

Pretende hacer creer en esta especie de publireportaje que Coronell no sabía quién era Pastor Perafán en la época en que era la comidilla de los medios y de los nuevos poderosos con ánimos de nuevos ricos que habían llegado al gobierno del presidente Cesar Gaviria y conocidos como el Kinder, quienes se la pasaban en las fiestas que organizaba Perafán en el Chinauta Resorts, donde se hablaba del vertiginoso ascenso económico del ex policía caucano y su exótico gusto por la farándula. Además ya era famoso que Perafán había estado preso en Panamá por narcotráfico. Y dice Coronell que el periodista Juan Guillermo Rios le pasó al teléfono al periodista deportivo Edgar Perea y que Daniel Coronell era socio de los hermanos Cañón, David y Marco Antonio.

O sea que Coronell, quien no tenía escrúpulos para ser socio de Cesar Villegas, un hombre que hacía gala del dinero que tenía y de cómo lo había conseguido. Un nuevo multimillonario gracias a sus actividades de lavado de dinero y de los favores que recibía de la mafia por las pistas que otorgaba y por los aviones que autorizaba desde la Aeronáutica Civil. Sin embargo, ahora Daniel Coronell quiere hacer creer que no sabía que los Cañón, que no pasaban de ser unos modestos reporteros deportivos, eran los testaferros de Perafán. Para él Los Cañón eran prósperos empresarios que aparecieron de la noche a la mañana con los estudios de televisión más costosos que había en el país y con equipos tan modernos que en ese momento ni siquiera los tenían las programadoras de Caracol o RCN o las productoras más prestigiosas.

Es evidente que Coronell le sigue mintiendo al país y que usa el nombre de un muerto  como testimonio para decir que no habló sino una vez con Pastor Perafán. Un narcotraficante extraditado que por alguna razón aún no ha contado toda la verdad. Pero hay muchos testigos que dicen que Coronell se reunía con Perafán con frecuencia y que fueron varias las veces que el narco incluso le adelantó dinero para organizar los preparativos de la licitación y puesta en marcha de su noticiero, NTC. En los estudios de Imagen y Sonido los vieron muchas veces y hay camarógrafos y estudiantes de periodismo de la época que lo cuentan. Empleados de Perafán que terminaron trabajando con Coronell y que tuvieron que soportar sus malos tratos y sus gritos, que ya hoy no quieren ocultar porque ya no lo ven todopoderoso.

La misma historia que pretende contar Coronell, como si los demás fueran bobos, indica que lo tiene presente como un mafioso cuando dice que la llamada era para decirle “Señor Coronell, ¿como está?, quería darle un saludo cordial y decirle que yo nunca he tenido problemas con usted”, recuerda que le dijo su interlocutor. Insulta la inteligencia. No hay nadie en el mundo del periodismo que ignorara de qué se trataba cuando se producían este tipo de llamadas. Al colgar, Coronell dice que volvió a llamar a Perea y le pidió que pusiera de nuevo en la línea a Juan Guillermo Ríos para que le diera una explicación: “Él piensa que tú quedaste con una mala impresión porque los Cañón tuvieron diferencias contigo”, le habría dicho Ríos. O sea que Ríos sabía que era un mafioso pero Coronell, según este relato forzado, estaba sano.

La otra mentira de Coronell es la de sus supuestas amenazas. Cuando salió publicada la Revista La Otra Verdad de Pedro Juan Moreno, en la que se descubría como Coronell intentaba tumbarle al estado una suma cercana a los 20 mil millones de pesos y se revelaba el entramado que habían montado con Javier Ayala, presidente de la CNTV con un tribunal de arbitramento de bolsillo, con curiosas sociedades como la del Comisionado de Televisión Dario Montenegro y con peritos amañados, socios de Coronell en otras empresas. Y justo al día siguiente de cuando salió esta información en La Otra Verdad, Coronell se hizo entrevistar por Yamid Amat, desde su lecho de enfermo, para anunciar que se iba del país por amenazas de muerte. La verdadera amenaza era la verdad que denunciaba sus intenciones corruptas.

No se sabe qué le produjo tanta ternura a Posada. Si su descontrolado estilo amanerado o su capacidad manipuladora para victimizarse. Pero es claro que Daniel  Coronell es mentiroso. Y las mamás decían que el que es mentiroso es ladrón. Y para tratar de tapar sus mentiras recurre a hacerse autobombo y concitar la solidaridad de cuerpo con unos periodistas que no se sabe a qué juegan porque conocen su juego. Todos saben que Coronell pertenece a esa horda de nuevos empresarios que construyeron sus medios de comunicación con aportes de la mafia pero también saben que él les sabe muchas cosas. Otros saben que es taquillero que Coronell se haya especializado en afrentar permanentemente a un hombre con muchos niveles de  popularidad como el expresidente Alvaro Uribe Vélez. Pero en los medios parece que todos prefieren el hagámonos pasito.

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