Jue, 07/19/2018 - 08:20
Foto: contactohoy.com

El terror como medio para erradicar la diferencia y aniquilar alternativas

Desde hace varios meses ha llamado la atención el recrudecimiento de la violencia contra líderes, lideresas y activistas en Colombia. Diferentes organizaciones y académicos hemos resaltado la intensidad del fenómeno y la inoperancia del Estado ante el mismo. A nivel internacional, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU se pronunció y pidió al Estado adoptar medidas para garantizar la vida y los derechos de quienes hacen activismo. Asimismo, han surgido iniciativas ciudadanas para clamar justicia por las vidas perdidas. Tal fue el caso de la “velatón” convocada por varias organizaciones ciudadanas.

Todo lo anterior da cuenta de un repudio generalizado a esta ola de violencia que viene gestándose desde la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc-EP en el 2016. Hoy, esta violencia ha alcanzado niveles impensables para cada uno de nosotros y ha significado mucho. Para mí este fenómeno ha dejado dolor, incertidumbre y rabia. Resulta irónico que el Gobierno que trabajó con tanto esmero por la paz sea el mismo que ahora ignora las muertes de aquellas y aquellos que lucharon por ese ideal.

A esta ola de violencia se suma también el incremento de amenazas a periodistas y reporteros. El fin de semana pasado María Jimena Duzán -columnista y presentadora del programa de opinión Semana en Vivo- manifestó haber recibido amenazas de muerte a través de una cuenta falsa de Twitter. El dueño de la cuenta hizo un llamado para que, a nombre del paramilitarismo, se violara, escupiera y picara con motosierra a Duzán. La cuenta fue eliminada poco tiempo después. En un comunicado de este mes, el Bloque Occidental de las Águilas Negras emitió un panfleto donde prometió desaparecer a la periodista y activista Jineth Bedoya, y a algunos integrantes de La Silla Vacía. Periodistas de RCN Radio también recibieron amedrantamientos al aire por parte de una persona que se identificaba como miembro de un grupo armado.

La Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) viene informando sobre el incremento de amenazas a periodistas en todo el país. Este organismo ha afirmado que los periodistas que más sufren los ataques son aquellos que combinan su profesión con la investigación y el activismo. En el 2017 la Flip tuvo conocimiento de 129 amenazas y notó que estas ocurrían de modo paralelo al asesinato de líderes, lideresas y activistas en Colombia. Adicionalmente, la Flip declaró que ha denunciado estos hechos ante la Unidad Nacional de Protección (UNP)  con el propósito de exigir medidas de seguridad para periodistas. Ante esta solicitud la fundación no ha recibido respuesta estatal.

Considero que esta reconfiguración de la violencia ha sido incentivada por los acontecimientos que rodearon las negociaciones de paz en el 2016. La victoria del No en el plebiscito sobre los acuerdos de paz fortaleció partidos políticos de ultraderecha y movimientos interesados en frenar las luchas por la igualdad de ciertas poblaciones, como los indígenas, los afrocolombianos, los campesinos, las mujeres y las personas con identidades de género diversas. De la misma forma, robusteció acciones específicas de grupos armados para castigar la diferencia política y aniquilar las alternativas de cambio social. Por medio de amenazas y muertes a las personas que tienen una voz pública en las comunidades y los medios, estos grupos armados pretenden sembrar el terror, y con ello, resguardar la autoridad del Gobierno que vendrá.

También conviene decir que esta manera de difundir terror se encuentra atravesada por el género. Las amenazas de violación a mujeres que hacen periodismo y activismo contra la violencia sexual -como Bedoya, entre muchas otras- es algo que debe ser ferozmente repudiado. La toma de los cuerpos de las mujeres como botín de guerra y como arma para causar terror tiene que ser motivo de alarma. Ante esto, no nos queda otra opción sino luchar por nuestros derechos y demandar condiciones de seguridad para aportar al debate público.

Vivian Martínez Díaz

 

 

Añadir nuevo comentario