Vie, 05/04/2018 - 09:36
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Familias y amigos, siempre lo primero

Entrar a las redes sociales por estos días es un suplicio. Ataques, agresiones, calumnias y mentiras. Todo por un proceso político que a fin de cuentas es más de lo mismo.

Esta mañana escuché una entrevista que en W Radio le hicieron a un hombre que el próximo 6 de mayo prestará un singular servicio. Seguramente muchos no saben que, en agosto de 2017, el CTI de la Fiscalía capturó a Manuel Vicente Duque, alcalde de Cartagena, por un abanico de delitos. Desde entonces en esta ciudad, que pertenece al corazón de todos los colombianos, se inició una disputa en busca de saber quién se quedará con las riendas de la administración municipal. Será por un corto tiempo pero con unos recursos que suman alrededor de 10 billones de pesos. Si, leyó bien. 10 billones de pesos en proyectos que están pendientes de diseño, aprobación y/o ejecución.

Regresando a la historia del entrevistado, el hombre contó que para cada proceso electoral hace lo mismo: transportar electores a sus puestos de votación y regresarlos. Y aquí comienzan unas cuentas interesantes. Aseguró que hay varios puntos de encuentro, que podrían ser mínimo cuatro. En cada punto hay entre 200 y 250 carros contratados para esto. A él le pagan 180 mil pesos el día y cada votante que decide vender su voto recibe entre 40 mil y 50 mil pesos. Minutos después, periodistas de la misma emisora, informaron que otra empresa, que ofrece el mismo trabajo en clasificados, le paga a los conductores 150 mil pesos el día. Yo decidí hacer las cuentas por lo bajo: 30 electores por carro a 30 mil pesos y 200 carros por punto a 150 mil pesos cada uno. Esto da un total de 270 millones de pesos. Si hablamos de cuatro puntos la suma es alarmante: 1.080.000.000. Si. Mil ochenta millones de pesos en compra y transporte de votos para una alcaldía de corto tiempo.

Me llamó mucho la atención que el hombre reconoció que lo que hace no está bien pero se justificó en que no hay trabajo y necesita el dinero. Entendible en una situación tan dura como la que afronta Colombia que no es ajena a las dificultades de la economía mundial. Pero lo que más me asombró fue cuando aseguró que lo ha hecho muchas veces. En elecciones para gobernador, alcalde, diputados, concejales, congreso, presidente y hasta para el plebiscito. El mismo plebiscito por el que los colombianos llevamos llevamos año y medio peleando por sus resultados. Cuando le preguntaron puntualmente por los movilizados ese 2 de octubre de 2016, respondió que eran votantes por el No. Seguramente en otros lugares del país, o allí mismo en Cartagena, pudo suceder lo mismo con votanes por el Si. En Colombia son tan manipulados los electores que ya qué más nos puede escandalizar.

Ese es el sistema por el que nos agarramos a diario en las redes sociales. Un sistema corrupto, endeble y manipulado por unos poderosos que parecieran querer turnarse el poder para enriquecerse, pero que cuando están allí olvidan que es para turnárselo y se amarran para no soltarlo. Lo ceden o heredan a hijos, esposas, primos, sobrinos, hermanos y un muy largo etcetera. Los apellidos son los mismos.

En los últimos meses, precisamente desde aquel plebiscito, familias y amigos entrañables han peleado y se han distanciado por los insultos y las agresiones debido a un ejercicio de la política bastante ruin que solo busca polarizar. Creo que lo definió muy bien el gerente de una de las campañas del No, Juan Carlos Vélez Uribe, quien le dijo al periódico La República que la estrategia era buscar que “la gente saliera a votar verraca”.

Hoy Pastrana y Uribe son amigos o aliados con un fin común; fregar a Santos. Antes, cuando fue su ministro de Defensa, Santos fue amigo de Uribe; pero mucho antes el mismo Santos, fue ministro de Hacienda de Pastrana y también eran amigos. Pero entre esas amistades vale la pena recordar que Uribe y Pastrana fueron enemigos. Alejandro Ordóñez sancionó disciplinariamente a Andrés Felipe Arias que era el consentido de Álvaro Uribe y a quien buscaba llevar a la presidencia. Hoy, Ordóñez sale en la misma foto con Uribe. ¿Para qué? Para fregar a Santos. Ordóñez también buscó fregar a Gustavo Petro el mismo que, con su voto cuando era congresista, fue determinante para que Ordóñez llegara a ser Procurador. Y así, sin mucho esfuerzo, podemos sacar los trapitos al sol de los ilustres padres de la patria que a diario enriquecen sus arcas a costillas de los colombianos que pendejamene seguimos cayendo en la trampa.

Seguro que ni el 6 de mayo en Cartagena ni el 27 de mayo o el 17 de junio en Colombia, cambiaremos las cosas. Esto será un proceso largo y muy doloroso para nuestra democracia. Por lo pronto, deberíamos contemplar la posibilidad, contemplarla y aplicarla, de conservar a los familiares y amigos como ese tesoro que hemos tenido siempre. Basta ya de pelear por política. De todos mis amigos muy poquitos, pero muy poquitos, se verían beneficiados si gana Petro, Duque, Vargas o cualquiera de esos. Entonces, ¿por qué seguir atacándonos? Mejor sentarse a conversar, recordar viejas épocas en medio de un café o un trago. O si es casi imposible, como en mi caso, dejar de hablar de política, hacerlo a sabiendas de que hay cosas más importantes que esos políticos de turno. Todo parece indicar que para ellos el verdadero interés supremo de la patria, que debería ser el pueblo colombiano, no existe.

Estoy lejos de muchos, pero si alguno viene por estos lados o está cerca, la invitación está abierta: tomémonos un tinto y como decían en un viejo y muy buen programa de television “dejémonos de vainas”. Y aunque no debería escribirlo no sobra hacerlo: familias y amigos, siempre lo primero.

#SeValeSoñar

En Twitter: @JCAguiarNews

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