Mié, 03/21/2018 - 10:28
Foto tomada de la cuenta de Twitter @petrogustavo del 19 de marzo de 2018

La bandera de la discordia

La bandera no fue elevada al máximo sino que permaneció a media asta, como si fuera una señal de luto o de duelo. Era de tres colores: azul, blanco y rojo. En la franja del centro, en negro, una sigla que todavía hace estremecer a los más viejos en Colombia: M-19.

La misma bandera, que por años hizo temblar a las víctimas de este grupo guerrillero, ondeó como queriendo recordar a los colombianos un pasado que todos creemos debe ser exclusivamente eso, pasado. El escenario no podía ser el menos indicado, el mismo lugar en el que hace 29 años fue asesinado el líder del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán, un hombre que con gran carisma y un apasionado discurso contra la corrupción y contra las mafias que en los años 80 comenzaron a enquistarse en la sociedad, había hecho soñar a los colombianos con un país distinto.

La foto que más fuerza tomó fue la publicada por el candidato presidencial Gustavo Petro, ex guerrillero del M-19 y beneficiario de un proceso de paz con el que generosamente Colombia le abrió las puertas a un grupo de hombres y mujeres que no solo se habían alzado en armas sino que muchos de ellos había cometido diversos delitos, varios muy graves. En su cuenta de Twitter el político y exsenador escribió junto a la foto: "Porque temerle a que lo mejor de las ideas colombianas, las de López Pumarejo, las de Gaitán, las de Bateman, las de Gómez Hurtado y las de Galán, confluyan en el camino del desarrollo colombiano a la colombiana".

¿Será que Petro olvidó que fue precisamente el M-19 el grupo guerrillero que secuestró a Álvaro Gómez Hurtado? ¿O en su memoria, prodigiosa para algunas cosas, desapareció que Luis Carlos Galán fue asesinado por orden de Pablo Escobar, el mismo narcoterrorista que dicen le habría pagado al M-19 para que se tomara el Palacio de Justicia en 1985? Gustavo Petro decidió ignorar el llamado de los hijos de Galán para no usar el nombre del inmolado líder liberal en sus actos de campaña. Pero esto parece no importarle a Petro quien ha dado muestras de hacer las cosas como quiere, cuando quiere y donde quiere. Nada más peligroso para una democracia que un aspirante presidencial autoritario que parece desconocer adrede el orden establecido. Cómo olvidar que el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, denunció hace unas semanas que el jefe del movimiento Progresistas realizó un evento popular en su ciudad sin cumplir con los requisitos de ley. En aquel entonces Petro llamó al desacato y pasó por encima de la autoridad.

Aunque no se puede culpar a la campaña de Petro por el incidente de la bandera, este podría no ser delicado si se tratara de un simple hecho aislado. Sin embargo, a comienzos de este mes, previo a las elecciones de Congreso, un grupo de encapuchados sembró el miedo en la Universidad de Córdoba lanzando papas explosivas. Tenían elementos alusivos al M-19 y se identificaron como juventudes de este grupo. Llama la atención que siendo Gustavo Petro tan activo en Twitter, en donde exige investigaciones a diestra y siniestra por hechos en los que es atacado, no se haya pronunciado sobre estas alteraciones de orden público en las que incluso rayaron paredes públicas de establecimientos educativos, haciendo campaña con su apellido.

Luego de su publicación con la foto con la bandera del M-19, no he parado de preguntarme qué pensarán todos los importantes políticos cuyo nombre hoy es usado por Gustavo Petro. Creería yo, y es una simple suposición, que los Gómez y los López, al igual que los Galán, no están muy contentos con sus apellidos esgrimidos públicamente por el candidato de la izquierda democrática. Incluso, es muy llamativo que Petro solo menciona a importantes políticos ya fallecidos. ¿Será que teme que en caso de nombrar a alguno que esté vivo, pueda salir a descalificarlo como lo han hecho los herederos del jefe del Nuevo Liberalismo?

Hace exactamente 28 años, el 9 de marzo de 1990, Carlos Pizarro Leongómez, comandante del M-19, entregó su pistola en Santo Domingo, Cauca, envuelta en una bandera de Colombia. Era esa bandera, la tricolor, la que hace unos días debía estar ondeando, imponente, en la Plaza de Soacha durante la manifestación de Gustavo Petro. No la del M-19. Esa, la que simbolizó a esta guerrilla fue doblada y guardada gracias a la generosidad del pueblo colombiano que en un gesto inigualable de paz les abrió los espacios para su reincorporación a la sociedad. La bandera del M-19 no debería desdoblarse para ser usada de forma desafiante, menos si una foto va a ser publicada por un candidato presidencial que, queriéndolo o no, logra polarizar a una sociedad que en el pasado supo perdonarlo.

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