Jue, 06/28/2018 - 07:44
Foto: Prensa Latina

La defensa de la paz como proyecto de resistencia

La elección de Iván Duque Márquez como Presidente significó muchas cosas tanto para Colombia como para América Latina. En primer lugar, este hecho representó un triunfo aplastante del uribismo en las urnas y la consolidación de la derecha en nuestro país, conformada por el Centro Democrático, los partidos tradicionales y los sectores más conservadores de la sociedad.

Entre estos podemos incluir a denominaciones católicas y cristianas específicas, y a grupos antiderechos. Dichos grupos pueden ser entendidos como colectivos que abogan por retrocesos en los derechos de los pueblos indígenas, afrodescendientes, campesinos, movimientos LGBTI, mujeres, feministas y personas en condición de discapacidad. Esto, para imponer su visión de mundo o legitimar modelos de sociedad dominantes regidos por la desigualdad, el despojo y la violencia racista, patriarcal y (neo)colonialista.

En segundo lugar, el ascenso de Duque a la Presidencia también fue un triunfo de la derecha latinoamericana que, al amparo de la ideología neoliberal de siempre -ahora popularizada bajo el término no tan reciente de “libertarismo”-, genera retrocesos en las conquistas sociales de gobiernos alternativos en la región. Para la derecha, el éxito de Duque podría representar un logro más en la lucha contra el “castrochavismo” y “el peligro de convertirse en otra Venezuela”. Hoy en México estas ficciones ideológicas empiezan a imponerse con fuerza de cara a las elecciones presidenciales del próximo domingo. Es en esta batalla ideológica y discursiva donde la derecha obtiene su fortaleza, tal como lo vimos en el caso de Colombia.

A menos de dos semanas de la victoria electoral de Duque, los ataques contra el proceso de paz -que siempre han existido- ahora toman más fuerza, y se dan de distintos modos. Para empezar, se ha visto cómo las bancadas de los partidos políticos que apoyaron al Presidente electo en su candidatura se han organizado con el propósito de impedir la aprobación a tiempo de proyectos legislativos relativos a la Jurisdicción Especial de Paz (Jep). Al respecto, cabe destacar la manera en que las bancadas del Centro Democrático y el Mira han recurrido a ficciones como la “ideología de género” para impedir que el Congreso apruebe el proyecto de ley de procedimiento de la Jep.

Debido a una columna que escribí sobre el uso de la “ideología de género” como medio para obstruir el cumplimiento del acuerdo de paz, concluyo que el apoyo del Partido Mira a la candidatura de Iván Duque será determinante en el tratamiento de todas las iniciativas vinculadas a la justicia transicional en Colombia. El Mira, que había mantenido una independencia relativa (y admirable) de los sectores políticos corruptos y anti-derechos hoy se alía con quien asume la representación plena de estos: el Centro Democrático. Así, se consolida una vez más la alianza entre partidos de derecha y agrupaciones religiosas contra el acuerdo de paz que también estuvo presente en la coyuntura que rodeó el plebiscito de octubre de 2016.

El proceso de torpedear sistemáticamente la implementación del acuerdo se tradujo en la intención actual de senadores uribistas de “descabezar” el enfoque de género del proyecto de ley de procedimiento de la Jep. Ciertamente, esto tendría resultados nefastos no sólo para las víctimas sino también para el país entero. Una justicia transicional que tenga en cuenta las diferencias entre seres humanos y la manera en que el conflicto afecta particularmente a cada persona en virtud de su género/sexo, identidad étnico-racial y clase social ofrece garantías para que la violencia no retorne jamás. Adicionalmente, fundar un proceso de paz sobre la base de la igualdad y la valoración de la diferencia haría de Colombia un territorio más democrático. En términos de derechos, con una justicia transicional orientada por enfoques diferenciales y de género ganaríamos todas y todos.

Desde que conocimos el nombre del nuevo Presidente de Colombia, nos comprometimos con una acción de resistencia frente al proyecto machista, homofóbico, lesbofóbico, clasista, racista y de terror del uribismo. Sin embargo, la resistencia no puede quedarse en una palabra insulsa ni en un activismo de hashtag. A pesar de que las redes sociales son importantes para difundir información y promover iniciativas encaminadas a la defensa de los derechos, estas no suelen ser el único terreno de disputa. Los sectores políticos que intentan destruir acciones de inclusión también operan en las calles, en las familias, en las iglesias, en las escuelas y en las fábricas. Por esta razón, la resistencia a la destrucción completa del acuerdo debe tomarse los espacios cotidianos en los que habita la gente con el objetivo de construir diálogos, saberes y conocimientos conjuntos para la construcción de paz. A través de amistades, solidaridades y amistades entre activistas, columnistas, formadores de opinión, líderes sociales y personas que desean una Colombia mejor podremos desmitificar las falacias que rondan la implementación del acuerdo. Como sociedad tenemos que valorar, cuidar y proteger este tesoro valioso que es la paz. Esta es una victoria que urge defender.

Vivian Martínez Díaz

@VivianMartDiaz

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