Mié, 04/11/2018 - 09:14
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Lo público y lo privado muchas veces caminan cual equilibrista

La docencia, la sanidad y demás, son manejadas por el estado con el dinero público. Es decir, dinero sacado de los impuestos que pagan los ciudadanos. Porque en el país en el que vivo, socialdemócrata, con seguridad social y con alto sentido del bienestar. En teoría no está mal la idea de servicios públicos que te aseguran ciertas facilidades vitales para no preocuparte. El problema, el gran problema como siempre es el uso que se hace del poder.

Elegir cargos debería no ser una elección cuando se trata de la rex publica pero (siempre hay uno) los humanos que somos corruptibles actuamos como tales. De tal forma que los puestos son dados y otorgados como regalos a quien hay que regalar.

Los puestos públicos normalmente se opositan.

Vamos a resumirlo, las personas con x requisitos (según el cargo) estudian un temario, lo aprenden, pagan, se examinan y dependiendo de las notas y puntos tienen o no opción a un puesto o a estar en la larga lista de espera. Porque siempre hay más gente que cargos ofrecidos.

Pero no, los amigos a los que se le regalan puestos no pasan por esto.

Nos lleva a un caso reciente en mi país. Donde por ahora es todo supuesto. Vamos a suponer que existe una mujer con un cargo político.

Vamos a suponer que dicha mujer asistió a un master en una universidad. De pronto,  se descubre que hace años no lo aprobó por falta de una asignatura y el trabajo final.

Vamos a seguir suponiendo, que, mágicamente dos años después dicha política mágicamente ha aprobado la asignatura y hecho el trabajo. Pero,  a la hora de explicarlo todo se llena de lagunas, vacíos de información, errores humanos, errores informáticos… se dicen y desdicen  como un malabarista que pretende que las bolas nunca se caigan de su juego. Pero, todo suena a rancio, a falso, todo, claro, supuestamente.

Así que nos encontramos con una política que tiene su master gracias a la mágica de suspenso a notable. Estas cosas te llevan a pensar que Harry Potter existe y que soy una triste Muggle.

Tenemos a dicha política cuyo examen coincidía con la llegada de la selección de futbol española tras una de sus arrebatadoras victorias. Dicha política se ocupaba en aquella época de la seguridad de la urbe madrileña.

Días duros de trabajo, master, etc… milagro que notas, que encima eran excelentes.

Otro aspecto curioso, es el hecho de que ninguno de los alumnos que asistieron… la recuerdan en clase.

La universidad ya sin saber qué hacer ante los datos aportados por los periodistas, salva el asunto limitándose a abrir una investigación…que probablemente tarde lo más posible y que será extrañamente favorable para la susodicha.

Todo suena muy lógico (véase la ironía). A todo esto hay que sumar que los altos cargos de la universidad fueron elegidos a dedo y a la par coqueteaban con puestos y proyectos privados y no privados, otorgados por políticos del partido de nuestra protagonista. Todo muy normal.

Todo esto sucede aunque sea supuestamente porque se mezcla lo privado y lo público, corrompiendo ambos en un bucle sinfín. Un círculo vicioso imparable. Lo más cínico del cuento, es el trato que el partido político de dicha señora tiene con otro que decidió apoyarles. Dicho pacto era realmente explicito con temas parecidos, donde se incluía mentir en el cv. Y ahora, mientras todos se tiran entre ellos la patata caliente, los pactos se olvidan, las mentiras se multiplican y la corrupción sigue demostrando que no tiene solución. Ah sí, nuestra lucha, nuestras voces, nuestros votos… pero parece que ya no importa.

 

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