Dom, 03/04/2018 - 08:08
Fotografía: Guillermo Camacho Cabrera. Los sin techo, despojados en el espacio público. ¿Dónde construir refugios temporales?

Los sin techo

Quienes viven en la calle también merecen una vida digna. Esta dignidad comienza en que los hacedores de políticas públicas conozcan los patrones de viaje, migración y estancia de las poblaciones en calle en sus ciudades y municipios.

Ya corre el primer domingo de marzo de 2018 con sus vientos frescos y días de sol. Vale la pena oler las flores y disfrutar de la calle, los espacios que esta ofrece para caminar, conversar o simplemente ver el paisaje; una montaña, un malecón, la playa o casas y edificios. Los días domingo son especiales porque aguzan el ojo a otras realidades cotidianas que son invisibles entre semana.

Las grandes urbes, por su conformación y oferta de bienes y servicios, son atractoras de población que migra desde ciudades más pequeñas o desde zonas rurales. Las migraciones desde y hacia las ciudades son fenómenos que estudian urbanistas y, en menor medida, los ingenieros de transporte.

Al interior de las urbes y metrópolis también se dan fenómenos migratorios, en menores proporciones, pero no menos complejos. Esos fenómenos merecen la pena ser abordados y estudiados, en especial cuando se refiere a personas en situación de calle o en calle, como las llaman los especialistas en el tema.

Los sin techo o aquellas personas que pasan su vida en las calles, durmiendo, comiendo, relacionándose y viviendo a la intemperie, tienen patrones de migración interna y externa, patrones de viaje que merecen la pena ser conocidos por quienes manejan las políticas públicas en ciudades y municipios con poblaciones mayores a cincuenta mil habitantes.

¿Todos los viajes son a pie? ¿Hacen viajes motorizados en transporte público? ¿Desde dónde hasta dónde? ¿En qué zonas se asientan? ¿Son personas solitarias o se congregan en grupos pequeños o grandes? ¿Cuáles son sus principales motivos de viaje? ¿Dónde duermen, cómo duermen, en qué horarios?

Responder estos interrogantes es vital para el establecimiento de políticas públicas que trabajen en el tema. La conformación de hogares o sitios de paso, la calidad de estos, la provisión de alimentos, vestido, abrigo y programas de inserción social que les permita ser productivos y establecer un proyecto de vida son perentorios. Inclusive, a pesar de que la mayoría de la población sin techo puede presentar fases terminales de consumo de estupefacientes o de sustancias alucinógenas que la lleve a la pérdida de control y de facultades físicas y mentales.

Las ciudades pueden aprovechar sus espacios vitales para favorecer a estas poblaciones, además de establecer políticas preventivas de la salida a las calles de miles de personas que hoy viven en ellas y de ellas. 

Buscar soluciones a la indigencia, consumo de alucinógenos, problemas de salud y delincuencia de las personas en calle jóvenes o viejas, también pasa por el ámbito de los estudios de movilidad. Ello, abordando de paso la seguridad vial de estas personas, quienes por sus condiciones se exponen más que el resto a los efectos de los siniestros viales.

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