Dom, 02/18/2018 - 10:31
Fotografía: Guillermo Camacho Cabrera.

Maltrato infantil y seguridad vial

En calles y avenidas los niños y las niñas son invisibles a los conductores, tanto por el estatus social de la niñez, como por el tamaño, estatura y voz de niños y niñas. A un conductor que transita por una zona escolar o residencial a más de 30 kilómetros por hora, no le caben los niños y las niñas en la cabeza y su percepción del riesgo la lleva por fuera del acelerador.

Por estos días la organización colombiana Asociación Afecto, organiza el XXV Congreso Colombiano de Prevención y Atención del Maltrato Infantil, a realizarse del 23 al 25 de julio de 2018 en las instalaciones de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano.

El lema del XXV Congreso de Prevención y Atención del Maltrato Infantil surge a partir de preguntas básicas como: ¿cuál es el costo del maltrato infantil? ¿Cuánto afecta el maltrato infantil a los costos de la salud en Colombia? ¿Cómo se afecta la productividad de un país por causa del maltrato infantil no intervenido?

Este XXV Congreso cuyo lema es “Costo del maltrato infantil”, está dedicado a la persona del prestigioso exjuez argentino Carlos Rozanski, quien profirió recientes fallos de condena en contra de represores en tiempos de la dictadura argentina. El exmagistrado, además, ha sido un constante defensor de los niños y niñas víctimas de abuso sexual y autor de una ley que reformó el Código Procesal Penal Argentino para regular el testimonio de niños y niñas víctimas en las sedes policiales y judiciales.

¿Cómo se relacionan el maltrato infantil y la seguridad vial? Colombia y los países del mundo, excepto Estados Unidos, han ratificado la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Esto, ha permitido incorporar la Convención, su espíritu y su texto, a las legislaciones nacionales. Colombia lo hace a través de la Ley 12 de 1991.

El artículo 6 de la Convención Internacional de los Derechos del Niño y de las legislaciones nacionales que la aprueban, habla del reconocimiento que hacen los Estados Partes al derecho intrínseco que tiene todo niño y niña a la vida. Adicionalmente, dice que los Estados Partes garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo de los niños y las niñas.

A nivel mundial, los traumatismos causados por el tránsito son la segunda causa de muerte en niños y niñas con edades de 5 a 14 años, y la primera en personas con edades de 15 a 29 años. Los datos son de la Organización Mundial de la Salud.

En Colombia, de acuerdo con el Ministerio de Transporte, los siniestros viales son la primera causa de muerte en niños y niñas en edad escolar.

El más reciente boletín epidemiológico del Instituto Nacional de Medicina Legal reporta que en 2017 fallecieron en Colombia 553 personas menores de 18 años, víctimas de siniestros viales. Es decir, en promedio más de uno cada día.

El total de niños, niñas y adolescentes lesionados por la siniestralidad vial en Colombia fue de 3.974, en promedio más de diez lesionados diarios durante los 365 días del año.

En calles y avenidas los niños y las niñas son invisibles a los conductores, tanto por el estatus social de la niñez, como por el tamaño, estatura y voz de niños y niñas. Por algo la palabra “infancia” viene del latín “infantia”, que significa incapacidad de hablar. Así, en muchas familias, comunidades y sociedades, los niños son los que no tienen voz. No son escuchados, ni vistos. Ni respetados sus derechos.

A un conductor que transita por una zona escolar a más de 30 kilómetros por hora no le caben los niños y las niñas en la cabeza y su percepción del riesgo la lleva por fuera del acelerador.

Todas las muertes y lesiones por siniestros viales que afectan a niños, niñas y adolescentes son responsabilidad de los adultos. Ya sea por negligencia, falta de protección o por carencia de cuidado. Es inaudito ver en calles y avenidas de ciudades grandes y pequeñas, de carreteras rurales y pueblos en Colombia, a niños y niñas caminando solos al colegio expuestos al tránsito vehicular y de motocicletas.

En Uruguay, por ejemplo, las motocicletas fueron la primera causa de muerte en niños y niñas en el tránsito en 2016. Los fallecimientos de menores de 18 años, como conductores, pasajeros o peatones, en siniestros donde estuvo involucrada una moto, aumentaron 67% entre 2015 y 2016.

En Colombia, no es extraño ver a niños y adolescentes conduciendo motocicletas en carreteras y calles de municipios y ciudades intermedias.

La exposición al riesgo alimentada por las familias y la sociedad que la tolera, junto con la negligencia adulta son factores asociados a las muertes y lesiones de niños, niñas y adolescentes en las vías.

El costo del maltrato infantil también se traduce en las muertes violentas de nuestros niños, niñas y adolescentes en las vías.

Tan costoso como segar 553 vidas de niños y niñas en un año. O una sola.

 

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