Dom, 06/17/2018 - 11:06
Foto: eltiempo.com

Muy difícil

Ha sido muy difícil la campaña política que enfrenta Colombia en este momento para escoger nuevo presidente. Un proceso lleno de mentiras y de insultos en los que los electores hemos sido una especie de idiotas útiles replicando en redes sociales, los engaños en los que caemos antes de replicarlos. Por esto se han roto familias y largas amistades han llegado a su fin. Nada más absurdo que distanciarse por política.

Años de guerra y no hemos aprendido que son precisamente esas disputas las que alimentan el fragor de una violencia que se repite y se repite sin parecer tener un fin claro y transparente. Somos expertos en reciclar odios y alimentar venganzas sin entender que es imperante contar con espacios de reflexión que nos lleven a encontrarnos como sociedad.

Mi candidato ideal fue un gran perdedor en la primera vuelta. Al día siguiente seguí leyendo, escuchando, observando, pero sobre todo tratando de entender cuál sería la mejor opción para esa Colombia que nos duele a todos. Y me toca repetir: es muy difícil. Primero había que depurar de mentiras el debate y no fuimos capaces. En esto, y es una percepción muy personal, los colombianos somos los grandes perdedores. Mientras no entendamos que la opinión del otro merece nuestro respeto y que la diferencia de pensamiento enriquece, perdemos como país.

Quienes vivimos en el exterior, lo que no nos hace menos colombianos ni menos entendedores de nuestra realidad, podemos ejercer nuestro derecho al voto de forma anticipada. Yo lo hice para seguir disfrutando del mundial pero especialmente de mi familia en este día del padre. Y vuelvo y lo digo: no fue facil tomar una decisión. Tres opciones y cualquiera muy válida y respetable. Mi primer pensamiento fue votar en blanco, la verdad no me siento representado por ninguno de los dos candidatos. Valga aclarar que tampoco creo en la tesis de que hacerlo favorece a Duque o a Petro. A ellos solo los favorece la capacidad de convocatoria que tengan para cautivar a sus electores.

No creo que Petro sea guerrillero ni que Duque sea paramilitar. Pero si pienso que Petro ha sido un mal gobernante y que a Duque le falta experiencia. No me quedan dudas de que Petro coqueteó por mucho tiempo con el chavismo y menos que a Duque lo apoya el Uribismo. Para mi, esas dos tendencias políticas tienen muchas cosas que las asemejan. Dos mesías que buscaron perpetuarse en el poder, que no soportaban la crítica, que estigmatizaron a sus opositores, que manipularon la constitución de sus países, por mencionar solo algunas cosas.

Finalmente tomé mi decisión. Lo hice desde la esperanza y tratando de dejar mis miedos a un lado. Lo hice apostando por la juventud y la confianza de que una vez posesionado sepa rodearse y entender que en sus manos está que en el futuro no llegue a nuestro país uno de esos proyectos populistas de izquierda que tanto han afectado a Latinoamérica. Pero sobre todo, porque entre los dos creo que Iván Duque es la opción menos mala. A muchas personas con las que he hablado en estas últimas semanas, incluso antes de la primera vuelta, les he repetido que creo que al final Iván Duque será el gran traidor de Uribe, en el buen sentido de la palabra. En un sistema presidencialista como el de Colombia, no imagino a una persona de la inteligencia de Duque llegar al primer cargo de la nación para permitir que otro gobierne en cuerpo ajeno.

Confío más en que el paso de Iván Duque por el Banco Interamericano de Desarrollo sea suficiente para encausar al país en el buen cumplimiento de las estricas normas de la OCDE, que en el populismo de Gustavo Petro enmarcado en un discurso revanchista y polarizante. Si Duque llega al solio de Bolívar y ejecuta lo plasmado por él cuando era columnista en el diario Portafolio e implementa la Economía Naranja que tanto ha defendido, algo bueno quedará de su paso por la presidencia. Si por el contrario, permite que esos viejos caciques que lo rodean, encabezados por los expresidentes Uribe, Pastrana y Gaviria, dicten las políticas de lo que esperamos sea un renovado gobierno, no estaremos muy lejos de tener en la Casa de Nariño nuestro propio experimento de la Revolución del Siglo XXI.

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