Mié, 11/29/2017 - 04:17

¡No le paren bolas a Maria Fernanda Cabal!

Fotografía tomada de El Espectador.

Maria Fernanda Cabal es de las personas que aplica el dicho de los ávidos de fama que pregonan que no importa si hablan bien o mal de uno, lo importante es que hablen. Y ella lo logra, por supuesto, mal. Y yo sigo siendo tonto al hacerle el juego con esta columna, que prometo, es la primera y la última que escribo sobre ese personaje.

En primer lugar, debo decir que hay un elemento que me une con Maria Fernanda Cabal del cual me avergüenzo. Los dos somos colegas egresados de la misma universidad aunque ella se graduó mucho tiempo antes. Sé de buenas fuentes que además, en su momento, fue el orgullo del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, único en el país cuando esa lumbrera egresó. Eso, por supuesto, habla muy mal de lo que puede hacer sentir orgulloso a un programa académico. Por allí pasé con más pena que gloria y puedo decir que me entregaron el diploma casi que por prescripción, con lástima, porque duré estudiando el doble de tiempo que una estudiante brillante como Maria Fernanda Cabal, por ejemplo. Pero bueno, claramente nunca he querido ser el orgullo de nadie, ni siquiera de mis papás, entonces no es un resentimiento académico o profesional lo que motiva estas letras.

Lo que creo es que Maria Fernanda Cabal ya ha demostrado con creces en diferentes escenarios, frente a diferentes públicos y de muchas maneras, que no es una persona a la que valga la pena ponerle atención. Y no lo es no solo porque dice estupideces en una cantidad alarmante, sino porque todos sabemos que llegó al Congreso no por su propio mérito sino porque ella fue la que puso Uribe. Encabezar la lista a la Cámara en Bogotá por el partido político del expresidente más popular en plena ola de indignación nacional por el avance del proceso con las FARC en el año 2013 para las elecciones de 2014, la pone al mismo nivel de lo que habría pasado con un caballo que ocupara ese renglón. Calígula ya había nombrado senador a un caballo en el Imperio Romano. Pues bien, ante la falta de un marco legal apropiado, nuestro Calígula colombiano prefirió optar por Maria Fernanda Cabal.

Entonces, a Maria Fernanda Cabal le dieron una tribuna nacional gratis y sin mucho esfuerzo para hacer gala de su ignorancia, para decir folclóricamente sandeces como que nuestro Nobel de Literatura Gabriel García Márquez debe estar en el infierno, que aún existe la Unión Soviética, que el Ejército Nacional está diseñado únicamente para matar, que el comunismo es el capitalismo más salvaje o que la masacre de las bananeras es un mito de la literatura comunista, entre muchas otras expresiones que se habrán quedado enredadas con los micrófonos apagados. De verdad, no vale la pena hacer eco, ni siquiera con indignación, de todas esas tonterías. Maria Fernanda Cabal lo único que quiere es notoriedad y la está logrando. Cada vez que dice algo pone a temblar las redes sociales que se burlan de ella durante días enteros. Y aunque parece que eso le da mala fama, es evidente que la mala fama es un requisito indispensable para tener aspiraciones dentro de la política colombiana. Y por eso ella va ganándose un sitial inexpugnable de protagonismo en la vida política de Colombia. Porque Cabal con su forma de ser representa no solo su propia ignorancia sino la ignorancia de millones de colombianos que prefieren decir brutalidades a responder con un sencillo "no sé", porque no saber en un mundo de apariencias es peor visto que saber mal. Porque como pocos tienen conocimientos profundos en un país en el que los políticos y contratistas se le roban la comida a los niños que van a las escuelas, cualquier cosa que alguien diga, más si es congresista, es tomada por verdadera. Y a eso se suma el entorno místico, fanático e irreflexivo de la caterba de seguidores de Álvaro Uribe Vélez, a quienes poco les importa la verdad porque para ellos la única verdad revelada e incontrovertible es que "Uribe ha sido el mejor presidente de la historia de Colombia duélale a quién le duela". Con esas verdades absolutas que se repiten a diario, cualquier mentira tiene una secta de creyentes ávidos de epifanías, profecías y enseñanzas como las que recita por lo menos una vez a la semana Maria Fernanda Cabal.

Por eso, estimados compatriotas, el mejor antídoto contra el poder que está acaparando la Cabal es no pararle bolas. Hay que promover una cruzada nacional por ignorarla y obviarla, como se hace con el aire contaminado que seguimos respirando porque no hay más. Pero eso de agitar tanto las redes repitiendo su nombre millones de veces está calando mal en el inconsciente colectivo y en épocas preelectorales. Eso le está dando a Maria Fernanda Cabal un protagonismo evidente que seguramente la va a amarrar a una curul en el Congreso en un país en donde la gente vota por las caras que reconoce que por las ideas que necesita.

Así pues, siendo consecuente con mi propuesta y como lo prometí al iniciar este escrito, estas serán mis últimas letras referidas a ese superfluo personaje. Pero sí debo citarles una frase inmortal de su inventario para que no caigan en las falacias que esa señora dice al ritmo de una metralleta en ráfaga y tengan criterios serios primero, para no creerle y segundo, para dejar de ponerle atención. Esa frase es: "¡Estudien, vagos!".

 

 

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