Sáb, 04/14/2018 - 09:45
Equipo periodístico El Comercio.

“¡Nos faltan tres!”

No solo es gravísimo sino muy doloroso lo sucedido con los periodistas ecuatorianos asesinados por las llamadas disidencias de las Farc.

Como periodista siempre supe que ejercer mi trabajo en un país en medio de un conflicto, que nos ha desangrado, me exponía a situaciones difíciles. Incluso muy peligrosas. Muchas veces salí de mi casa y me despedí de mis hijos dejándoles como protección mi bendición, sin tener la certeza de que regresaría a su lado en la noche. La zozobra estuvo allí, por mucho tiempo, en una extraña mezcla con la adrenalina que nos acompaña a quienes ejercemos este noble oficio, máxime si lo hemos hecho en medio de las dificultades propias de Colombia. La verdad siempre ha sido nuestra única arma. El amor por el periodismo, es la mística que hemos estampado en nuestro trabajo. Siempre, desde que recuerdo, y junto con todos los colegas colombianos con quienes he compartido cientos de experiencias en diversos cubrimientos y en muchos lados, aplicamos esa vieja y ya legendaria frase de Gabo, gran maestro de los reporteros colombianos: “La ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo, como el zumbido al moscardón”.

¿Hemos estado a salvo de que algo trágico nos pasara? No. Por qué si no somos personas especiales en medio de una guerra despiadada. No somos diferentes a ningún colombiano de bien. Hoy le tocó el turno al periodismo. Y no deja de doler, en lo profundo del alma, que tres hombres que hace pocas semanas salieron de la protección de sus hogares, en busca de historias, vayan a ser sepultados por las personas que más los amaron. Hace unos días fueron unos policías masacrados por criminales que no entendieron que unos años atrás el gobierno de turno generosamente les dio la oportunidad de reincorporarse a la sociedad en medio del proceso de paz con las AUC. Ahora, fueron otros criminales que tampoco entendieron que Colombia está cansada de tanta violencia y del derramamiento injustificado de sangre. Las disidencias de las Farc no entendieron el momento y la oportunidad que se les ofreció.

Me niego a compartir la fotografía que en otros lados se ha conocido de ellos luego de ser salvajemente asesinados. Prefiero conservar la imagen publicada por la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), en su cuenta de Twitter, en la que Javier Ortega (Periodista), Paúl Rivas (Fotógrafo) y Efraín Segarra (Conductor), se ven sonrientes, llenos de vida. Pienso que ellos y sus familias se merecen. No creo que sea necesario mostrar sangre para describir el intenso dolor que hoy vive el periodismo latinoamericano. A muchos les puede parecer mentira pero mientras escribo estas líneas se me escapan las lágrimas y siento un nudo que me amarra el corazón.

Esa frase que recorrió Ecuador en los útimos días: “¡Nos faltan tres!”, hoy la hago mía y seguro que la repetiremos periodistas del mundo.

Desde la distancia y con total solidaridad con el pueblo ecuatoriano, espero un pronunciamiento de rechazo por parte de los desmovilizados jefes de las Farc, hoy agrupados en un partido politico. Así como se pronunciaron para rechazar la captura de uno de sus miembros, en medio de contundentes pruebas de su presunta participación en actos delincuenciales, también tienen que salir a condenar tajantemente lo que han hecho hombres que en el pasado estuvieron bajo su mando.

Los periodistas no podemos desfallecer en el trabajo diario de construír una mejor sociedad, independiente de las inclinaciones políticas de cada uno. Hoy, el dolor de esas tres familias es mi dolor. Pido a Dios que estos hechos no tengan que repetirse con ningún otro periodista, policía o ciudadano de ningún país. Ya es hora de que respetemos la vida humana.

Que en paz descansen y paz en sus tumbas.

#SeValeSoñar

Añadir nuevo comentario