Vie, 10/12/2018 - 10:04
Foto tomada de www.semana.com

Otra lucha por la Educación

Aquel día Gabriel García Márquez vestía de traje y corbata. Algo inusual para un hombre que en 1982 recibió el premio Nobel de Literatura vestido de Liqui Liqui, un tradicional traje de lujo de los llanos de Venezuela, pero oriundo de culturas orientales. Era 21 de julio de 1994. En un hecho que, más de 20 años despues, casi nadie recuerda, la llamada Misión de Sabios entregaba al entonces presidente de Colombia César Gaviria el informe de un exhaustivo estudio que realizaron 10 de las mentes más brillantes del país. Estaban, además de Gabo, Rodolfo Llinás, Manuel Elkin Patarroyo y Ángela Restrepo, entre otros.

El decano de los periodistas en Colombia y gran mentor de las nuevas generaciones de escritores criollos, leyó un documento magistral escrito por él y titulado "Por un país al alcance de los niños". Era el final perfecto para un análisis en el que se buscaba encontrar respuestas a la ya larga cadena de problemas que aquejaban a la nación, entre ellos la profunda violencia. Para esa época, en la que se hablaba de apertura económica, el mandatario buscaba impulsar el desarrollo del país y los sabios le demostraron que era a través de una verdadera y profunda revolución en la educación.

A Gaviria lo reemplazó Samper, a este Pastrana, luego vino Uribe a quien sucedió Santos. Ahora tenemos a Duque. El último no ha cumplido sus primeros cien días de gracia y ya enfrentó su primera marcha o protesta estudiantil. ¿Pero a cuál jefe de Estado de la historia reciente de Colombia no le ha tocado? Todos, los aquí mencionados, y los que los antecedieron, sintieron la ira santa de los estudiantes. La razón es una sola: el país está en deuda con ellos.

La de hace unos días fue tan solo una más. Gigante e importante, pero una más. Miles y miles de jovenes de diversos colores, sexo, estrato social, se tomaron las calles con hambre de conocimiento y sueños de grandeza. Y los colombianos no aprendemos. El llamado era a que en 2019 se destinen 4.5 billones de pesos para educación y el gobierno les respondió con 500 mil millones como si fueran la gran cosa. Solo migajas de un presupuesto que se derrocha en la corrupción y en la guerra que hubiéramos podido detener hace décadas si nos hubiéramos educado.

Marcharon con esa bandera tricolor que tanto hemos olvidado. Y maltratado. Yo era joven y no pensaba sino en la rumba cuando otros jóvenes, también con marchas y movimientos estudiantiles, impulsaron la Séptima Papeleta que dio vida a la Constitucion del 91. Los de aquella epoca ya nos hicimos viejos y el país sigue en deuda.

En la más reciente marcha, como siempre y una vez más, políticos oportunistas se aprovecharon de los estudiantes para infiltrarse de frente en un movimiento que debe ser noble y transparente. Mientras tanto, políticos de la otra orilla ideológica, también fueron oportunistas pero criticando a los primeros. Todos quieren su cuarto de hora con los estudiantes, todos quieren los votos de los jóvenes. Pero de su educación poco o nada se han preocupado en décadas. ¿Se les habrá olvidado que ellos también tuvieron sueños?

Los jovenes negros marcharon en Soweto en 1976 y fue el preámbulo para el fin del Apartheid en Sudáfrica. Más de 500 murieron. Protestaron los estudiantes en Estados Unidos contra la guerra de Vietnam y demostraron que era posible un cambio. Exigieron los jóvenes en Francia en 1968 impulsando logros que todavía se recuerdan. En el mismo 68, en Praga, los estudiantes se enfrentaron a la poderosa URSS. Ese año también en México murieron miles. En el 89 en Tiananmen muchos cayeron protestando contra la corrupción. En Estados Unidos los llamados Dreamers no se han cansado de luchar. Más recientemente en Venezuela y Nicaragua las calles se han teñido de sangre de jóvenes que buscan un mejor futuro. Eso son los jóvenes: impetuosos, luchadores pero sobre todo soñadores.

Yo, tengo 46 años y tres hijos. Uno de 10 años, otro de 17 y el mayor de 21. Crecí en una familia que me regaló la oportunidad de estudiar -así yo no la hubiera aprovechado- y trabajo a diario porque mis hijos estudien. Lo hice en Colombia, lo hice en Venezuela y lo hago ahora en Estados Unidos. Siempre con el mismo anhelo. Si algo tengo seguro hoy en día, es que sueño con un país que brinde las mejores oportunidades a las generaciones venideras. Ellas son el verdadero futuro así suene a frase de cajón. Sueño con una Colombia donde hasta el más humilde de nuestros niños tenga la enorme bendición con la que han contado mis tres muchachos. Un país donde no se les arrebate la inocencia. Un país donde en vez de darles fusiles y prendas militares, les demos lápices y cuadernos. Un país como el que imaginaron esos sabios en 1994 y que tan perfectamente plasmó Gabriel García Márquez en una frase: "al alcance de los niños". Porque nosotros... nosotros ya demostramos que no fuimos capaces. El turno es de ellos, ayudemoslos a crecer pero con educación. Solo así, con profundos valores enclavados en sus almas y en sus corazones, evitaremos que Colombia se hunda en el abismo de la ignorancia.

En Twitter: @JCAguiarNews

Añadir nuevo comentario