Vie, 03/02/2018 - 08:25
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Polarización y populismo

Es común que las campañas electorales para la Presidencia de la República generen una división en torno a dos de los candidatos que aspiran dirigir los destinos del país. En los comicios de 2014, por ejemplo, los votantes se encasillaban entre quienes apoyaban la reelección de Juan Manuel Santos y los que buscaban que un hombre de las entrañas del uribismo, Óscar Iván Zuluaga, ocupara el cargo en la Casa de Nariño.

Para el 2010 el preámbulo de las elecciones se concentró entre Juan Manuel Santos y Antanas Mockus; en el 2002 la polémica estuvo alrededor de Álvaro Uribe Vélez y Horacio Serpa Uribe, y me salto las elecciones de 2006 porque aunque se presentaron críticas a su primer periodo, sobre todo de aquellos que pretendían un cambio de gobierno con los nombres de Carlos Gaviria Díaz y Horacio Serpa Uribe, el entonces presidente Álvaro Uribe no tuvo mayor dificultad para reelegirse.

Sucesivamente en periodos anteriores se registraron esas contiendas que generaban un fraccionamiento del electorado. La actual campaña, aunque evidencia una polarización más radical, no gira alrededor de dos aspirantes, esta vez se divide entre derecha e izquierda.

El caballito de batalla de la paz y el conflicto armado que alimentó varias de las pasadas propuestas de campaña, dio paso al temor de vivir en un régimen como el que afronta Venezuela, por eso el espejo apunta hacia el país vecino, para descalificar opositores acusados de promover políticas que nos llevarían a la catástrofe administrativa generada por el chavismo.

Por el contrario, los que proponen escenarios sociales favorables planteando iniciativas asociadas a la izquierda, tratan de anular candidatos de la derecha señalándolos de propiciar circunstancias precarias para el pueblo, ante las inminentes reformas pensional y tributaria que traería el nuevo gobierno.

No pretendo tomar partido desde este frente pero si considero preocupante la polarización en momentos tan difíciles y cuando se intenta superar conflictos internos retrógrados que impiden el desarrollo. Pareciera que no existe el interés por buscar mejores condiciones, en cambio se dejan ver intereses particulares o sectoriales y el afán por imposibilitar al contradictor.

El segundo aspecto preocupante es esa corriente populista que se apoderó de la política. No hay el menor recato para hacer promesas sobre medidas inviables o quienes dirigen la administración púbica, tomar determinaciones que no favorecen el interés general, con el único propósito de obtener el apoyo de un sector de la ciudadanía.

Ya el presidente de la Andi, Bruce Mac Master, manifestó su preocupación por que los candidatos prometen “sin saber de dónde salen los recursos”, en una clara muestra del populismo al que llegó la manera de hacer política.

La única forma de mover el país hacia el desarrollo es que todos tiremos para el mismo lado, por eso si continuamos con un ambiente de radicalismos, podríamos reproducir la violencia de manera indefinida. Quienes buscan gobernar deben convertirse en verdaderos líderes, dando ejemplo de la transparencia que tanto extrañamos en los dirigentes.

@WilsonRuizO

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