Mié, 06/28/2017 - 07:08

¿Qué o quiénes ganan con tanto hacinamiento? Cuarta Parte

Foto semana.com

A continuación les entrego un nuevo reporte, una cuarta entrega de la Investigación que he venido haciendo en cuanto al mal uso de los dineros destinados para las cárceles en Colombia, hoy veremos las terribles historias que los mismos presos denuncian dentro de las cárceles en el tema de la alimentación, alimentos podridos, lo que se puede llamar la mafia interna en los alimentos y la consabida corrupción reinante en la USPEC al celebrar Contratos con Empresas señaladas de no cumplir a cabalidad con dichos contratos, por eso sigo y seguiré preguntándome: QUIÉN O QUIÉNES GANAN CON TANTO HACINAMIENTO EN COLOMBIA?. Cada investigación por sí sola me está dando la respuesta.

Miremos el informe:

Suero, pastillas y antiácidos. Esas eran las únicas armas de la sección de sanidad de La Picota para combatir la intoxicación masiva que afectó a más de 300 presos el 24 de septiembre de 2016. En las cocinas de la cárcel, en los ranchos, prepararon pollo asado con arepa y papa, todo un banquete en la rutina alimentaria de los presos. Se celebraba el Día de la Virgen de las Mercedes, la patrona de los reclusos. “Yo no me intoxiqué porque decidí guardarlo, y cuando vi lo que estaba pasando no me lo comí”, me explica Jonier Martínez, uno de los internos del patio cuatro, a través de notas de voz por WhatsApp. Llevamos hablando casi a diario por más de un mes, a través de mensajes escritos, notas de voz y fotos: fotos de él mismo, de excombatientes de las Farc y de sus compañeros de celda apiñados alrededor de un televisor diminuto durante un partido de la Selección Colombia y, sobre todo, fotos de la comida que le sirven en la cárcel y que parece tener el mismo aspecto todos los días: sopas aguadas, arroz sin sazonar y trozos de carne cada vez más diminutos. “Ese día algunos pollos se veían bien, otros tenían partes verdes, y cuando fuimos a preguntar nos dijeron que era un colorante que le habían echado, ¡pero qué va!”, me contó por teléfono.

El pollo que sangraba de color verde al cortarlo, fue el responsable de la intoxicación. Pero en el historial de La Picota, y de varias cárceles del país, no fue el primer ni el último alimento encargado de arruinar los estómagos de los internos del penal. 

El pollo lo enviaron de vuelta a las instalaciones de Servialimentar, una empresa fundada en 2007 que lleva años encargándose de la alimentación de esta cárcel, la de Cómbita, la de Leticia y la de Barne, que tuvo que cerrar su cocina el año pasado por orden de la Secretaría de Salud, luego de sufrir otra intoxicación de proporciones masivas. Llamé varias veces a Servialimentar para hablar de pollo y otros alimentos, pero nadie habló conmigo. Benjamín, sí.

 “Acá la comida es lo mismo, lo mismo…, siempre es lo mismo”, me dice por enésima vez Benjamín, esta vez en persona. Ya debe estar cansado de que se lo pregunte, siempre por WhatsApp y ahora cara a cara. “¿Qué almorzó esta semana?”. “¿Qué novedad hubo con la comida hoy?”. Llevo días intentando que me diga algo nuevo, pero siempre me dice lo mismo, la misma rutina alimentaria: “arroz-papa-carne-arroz-papa-carne”. ¿Ni una ensaladita? No, ni una ensaladita.

Según el contrato con la empresa alimenticia, debería haber variedad. De acuerdo con lo pactado entre Servialimentar y la Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios, USPEC, los menús tienen la composición perfecta de una pirámide nutricional balanceada. Sin embargo, la comida que sirven en los ranchos ni se ve, ni pesa y muchas veces ni sabe como un plato de comida regular. Lo que debería ser un desayuno con bebida a base de leche, fruta y cereal, o un almuerzo con sopa, carne, cereal, un tubérculo, una verdura y bebida con fruta, se reduce a sopas aguadas y turbias con trocitos de zanahoria, arroces pegajosos sin sal, carnes fritas con la mitad del peso establecido (60 g por porción) y jugos que son más agua que pulpa. Las seis de la mañana, las once de la mañana y las dos de la tarde son las horas establecidas por esta empresa y los guardias o dragoneantes del INPEC para servir los alimentos. Jonier y Benjamín se levantan a las seis de la mañana para cumplir el primero de los tres conteos diarios en la cárcel, y a esa misma hora los desayunos de los internos se preparan, se empacan en canastas plásticas de mercado y canecas azules industriales, y se transportan en carritos de metal para servirlos en cada patio. Los “rancheros” son los encargados de esta dinámica diaria, se trata de reclusos coordinados por un cocinero que trabajan en las cocinas de La Picota: cortan, cocinan, empacan, alistan y sirven desayunos, almuerzos y cenas que superan las decenas de miles todos los días. En teoría existe un ranchero representante de cada patio, que debe responder por la alimentación diaria de este. 

A finales de 2014, Servialimentar recibió un contrato por casi 17.000 millones de pesos para prestar el servicio de alimentación en varias cárceles, incluida La Picota y las cárceles de La Mesa y de Zipaquirá. Sin embargo, a pesar de varias denuncias por parte de los internos por incumplimiento con las condiciones alimenticias, y hasta llamados de atención por parte de entes como la Contraloría y la Defensoría, el contrato con la USPEC sería por casi 22.000 millones de pesos, 20.000 de los cuales se invierten en Bogotá.

Dentro de la hora larga que hablamos, Miguel Ángel me cuenta que no se explica cómo Servialimentar sigue ganando las contrataciones año tras año, una empresa fundada en 2007 por Juan Carlos Almansa tras unir a Representaciones Agroindustriales del Oriente y Huerta de Oriente SAS, y la cual ha estado bajo la lupa de entidades como la Contraloría y la Secretaría de Transparencia por irregularidades en las licitaciones que celebra cada año con la USPEC, y a ciertos incumplimientos con su contrato, denunciados por los mismos internos. El año pasado, la Contraloría denunció 72 irregularidades en una auditoría realizada a la USPEC, señalando que la unidad recurre a la contratación directa sin ninguna justificación ni análisis de la experiencia de las empresas proponentes y que también existe “concentración de contratación”, en la cual empresas de alimentación como Servialimentar y Fabio Doblado Barreto se quedan una y otra vez con los contratos.

En la investigación encontré que Representaciones Agroindustriales del Oriente, la empresa que en su mayoría representa la unión de Servialimentar, lleva desde 2009 teniendo contratos de suministro de alimentos con el INPEC, suministro de raciones de campaña con la Policía Nacional e incluso suministro de refrigerios a colegios distritales con la Secretaría de Educación del Distrito.

Los informes, sin embargo, resultan fríos al lado de los testimonios de viva voz de los rancheros. Jairo* lleva dos meses en el cargo y su rutina empieza casi siempre a las tres de la mañana.

 “El domingo la carne estuvo pésima; por la textura y el sabor uno se daba cuenta de que era carne en descomposición”, se empieza a quejar el ranchero, que inicialmente evita a toda costa preguntas personales. “Es tan triste la situación acá, que a los guardias del INPEC les duele pagar un almuerzo y sacan de la misma ración de los internos para su comida”. Luis Alberto Pinzón, presidente de la seccional de la Unión de Trabajadores Penitenciarios, uno de los más de 78 sindicatos que tiene el INPEC, no lo negó, y me dijo que la guardia ha estado más atenta en los últimos tiempos. “Ahora conformamos un comité de alimentación con el subdirector del establecimiento carcelario, comandantes de vigilancia, el coordinador de derechos humanos del INPEC y un representante de cada pabellón o cada patio del establecimiento. Los dragoneantes tienen un reglamento para la producción y distribución de los alimentos. Ellos deben cumplir ciertas condiciones y estándares”.

Por eso el puesto de ranchero es tan codiciado en La Picota, un cargo que siempre es elegido de manera ilegal y por el que Jairo pagó dos millones de pesos, una plata que pagó para poder sostener a su familia y sobrevivir en la cárcel. “A nosotros Servialimentar nos da un sueldo, el mínimo”, explica. 

La fruta llega a ser un lujo dentro del penal porque muchas veces, según los internos, llega podrida. “Ahora están dando unas cerecitas que venden en la calle, a cada uno le dan cuatro o cinco de esas”, me contó Jonier a través de otra nota de voz.

A Uribe Noguera, el Monstruo de la niña Yuliana, el Arquitecto de la Maldad, le preparan la comida en una cocina aparte y graban todo el proceso: desde que la empiezan a preparar hasta que llega a su celda. La razón, más que un lujo, es para evitar que lo envenenen. Es el único reo que puede presumir de su chef.

 

Como vemos, la situación de la alimentación en las cárceles, sobre todo para el preso raso, para aquel que no tiene dinero y que su alimentación depende totalmente de lo que le den, es lamentable y se ve que existe algo turbio en los Contratos con la Empresa Servialimentar. Se sigue presentando lo mismo que en las investigaciones anteriores, la USPEC sigue haciendo Contratos con empresas que han incumplido, sin embargo, ésas Empresas siguen teniendo ésos millonarios Contratos.

Definitivamente, cada vez las investigaciones responden a mi pregunta, es claro, MUCHA GENTE SE LUCRA POR TANTO HACINAMIENTO EN COLOMBIA.

Seguiré informando. #nomáshacinamientoenColombia. AMÉN.

 

Añadir nuevo comentario