Mié, 11/07/2018 - 09:06

¿Quién escribe nuestra historia?

Hace apenas unos días, el condenado narcotraficante y desmovilizado paramilitar Juan Carlos "El Tuso" Sierra, dio una extensa entrevista a Vicky Dávila en W Radio. Habló de todo, de lo divino y de lo humano. También habló del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Lo que dijo se puede leer de diversas formas. Sin embargo me llama mucho la atención que de inmediato las huestes uribistas replicaron hasta la saciedad esa intervención, como una palabra sagrada para seguir santificando a su mesías.

Solo por poner un ejemplo, Margarita Restrepo, representante a la Cámara por el Centro Democrático, escribió en su cuenta de Twitter: “Colombia entera lo sabe y hoy #TusoSierraEnLaW lo confirma: URIBE ES INOCENTE. Sus enemigos políticos, ayudados por algunos periodistas, han querido distorsionar la realidad”. Y lo acompañó de otro hashtag: #ElTusoLoExpuso. De esto me llamaron poderosamente la atención dos cosas que no son más que interpretaciones que hago. La primera, que sea un criminal de la talla de “El Tuso” Sierra el que, para los cercanos al senador Uribe, deba exonerar al que es innegablemente uno de los políticos más importantes de nuestra historia reciente. Y la segunda es que, según ese escrito, si los enemigos políticos distorsionan la realidad, entonces, ¿qué viene siendo el señor Sierra, acaso un amigo?

Pero no fue solo Margarita Restrepo. Lo hicieron María Fernanda Cabal, Carlos Felipe Mejía, Álvaro Hernán Prada, Fernando Araujo, Nohora Tovar, y muchos más. Todos congresisas del Centro Democrático. Entendible que apoyen a su líder. Incluso, hay más de 10 memes hechos sobre el tema. Ni hasta el propio “Tuso” se pudo imaginar que podría ser tendencia en redes sociales gracias a un reconocido partido politico colombiano.

Lo sucedido con Sierra el pasado 23 de octubre es similar al fenómeno protagonizado por las publicaciones de alias “Popeye”. Para nadie es un secreto que Jhon Jairo Velásquez, quien se ha autodenominado como “El General de la Mafia”, fue una revelación en redes sociales. Eso sin hablar del sinnúmero de libros escritos sobre los tristemente célebres delincuentes de nuestro país. Tirofijo, Raúl Reyes, Alfonso Cano, Carlos Castaño, Salvatore Mancuso y hasta el propio Pablo Escobar han desfilado por cientos y cientos de páginas que se han vendido como pan caliente en nuestras librerías.

Lamentablemente para las últimas generaciones de colombianos hay una realidad que es incontrovertible: parte de nuestra historia ha sido y será contada por terroristas que las escriben con letras ensangrentadas. Uno de los componentes fundamentales de las justicias transicionales, como las usadas con las AUC o con las Farc, es la verdad. ¿Y quiénes la cuentan? Pues ellos. Los bandidos y criminales que son los únicos dueños de la verdadera historia de hechos que nos han enlutado por décadas. ¿Debemos asombrarnos de esto? No, es un hecho contundente. ¿Escandalizarnos? Si, de tanta barbaridad que solo conoceremos con el paso del tiempo. Claro, si es que permiten que los procesos sigan su camino.¿Por qué? Porque están tratando de modificar lo acordado sobre la JEP hasta el punto en que los militares tendrían magistrados diferentes. Y son muchos los que aplauden sin querer entender que hay un importante sector, que fue determinante en la guerra, al que no le conviene que los agentes del Estado cuenten su verdad. Serían muchos nombres los que saldrían a relucir. Padres de la patria ensangrentados con almas inocentes.

Lo otro que han intentado para silenciar la verdad, es la de querer nombrar al señor Mario Javier Pacheco como Director del Centro Nacional de Memoria Histórica. No es un secreto la cercanía de este periodista y académico con algunos sectores radicales del uribismo que no ven con buenos ojos lo investigado hasta el momento. A muchos parece dolerle que las cifras oficiales demuestren, hasta ahora, un mayor salvajismo en los actos de guerra de los paramilitares que los de la guerrilla. Sin olvidar que todos han sido unos bárbaros. A veces es importante recordar que un solo muerto es un verdadera tragedia. Es hora de que salgamos de ese letargo en el que parece habernos sumido nuestra ya larga historia de violencia. Perdimos la capacidad de asombrarnos ante la muerte y por esto es que seguimos destilando odio en redes sociales. Hoy por hoy pareciera que tanto dolor y tanto sufrimiento nos hubiera anestesiado.

La invitación debería ser a que entre todos hagamos un exhaustivo análisis de lo que compartimos en redes sociales. No sería nada nuevo que cualquiera de estos delincuentes un día diga una cosa y otro día diga otra. Si la política es dinámica, hay que imaginar cómo serán los recuerdos de un delincuente que van al vaiven de las conveniencias de turno. Debería ser la justicia, con sus errores y aciertos, la que finalmente diga quiénes son inocentes y quiénes culpables. Mientras no pasemos esta dolorosa página de nuestra historia, hay que leer con especial cuidado a esos personajes siniestros que con razón o sin ella, la están escribiendo desde sus macabras vivencias.

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