Lun, 10/01/2018 - 09:03

Una sola cabeza en la justicia

Es innegable que la justicia en Colombia pasa por uno de sus peores momentos y se requiere estudiar e implementar estrategias de cambio para recobrar la seguridad en el sistema judicial, manteniendo su independencia y autonomía, pues es uno de los principales pilares para preservar la democracia.

Con todas las voces que se levantan para realizar una reforma estructural a la justicia que considero necesaria, como ya lo he expresado en anteriores escritos, no debemos perder de vista que es importante mantener la separación de poderes en las funciones ejecutiva, legislativa y judicial, pues ello garantiza el equilibrio de pesos y contrapesos en el Estado y ofrece garantías de mayor transparencia en el sector público. Si se presentan actos de corrupción con el sistema de vigilancia actual, qué se podría esperar de un Estado en el que uno de sus poderes sea el que dirija y controle los otros dos?

Haciendo esa salvedad de mantener la independencia que logró la Rama Judicial con la Constitución del 91 y que marcó un avance en la Administración de Justicia, no es loco ni desfasado pensar en transformar la organización de la justicia con una sola corte, llámese Suprema Corte Judicial o Tribunal Constitucional Supremo, que se constituiría en la Corporación de cierre, con magistrados doctos que unifiquen jurisprudencia.

Un sistema judicial con una sola corte acabaría con los llamados “choques de trenes”, que enfrenta decisiones de una y otra Corporación y genera incertidumbre en jueces y abogados litigantes, pues en ciertas materias existen consideraciones ambivalentes que son expuestas a conveniencia como argumentación jurídica en demandas y oficios presentados en los despachos judiciales.

Un solo “Tribunal Supremo” daría seguridad jurídica e incluso reduciría el alto número de tutelas que son presentadas contra sentencias judiciales, evitaría la intervención política en la conformación de esa corporación. Esta propuesta puede estar acompañada de iniciativas que permitan optimizar los recursos de la Rama Judicial, ubicando a los servidores judiciales en los cargos que más se requieren. Según reporte reciente del Presidente de la República, los magistrados de altas cortes le cuestan al país más de 50 mil millones de pesos al año.

Crear una sola corte de cierre no implicaría acabar con las especialidades de las diferentes jurisdicciones, las altas corporaciones actuales podrían pasar a ser salas de esa “súper corte” o tribunales, en todo caso con una sola cabeza visible en el sector judicial. Habría que pensar en un esquema de transición que evite traumatismos y preserve el respeto por los derechos de las partes, entre ellos el debido proceso.

Muchos países poseen un sistema judicial con una corte de cierre con resultados exitosos, sin incluir a Estados Unidos, que a pesar de tener una corte su organización como gobierno federal otorga características distintas al sistema judicial nuestro. Gran Bretaña, Canadá, Argentina, Chile, Dinamarca, entre otros, son naciones que cuentan con un tribunal de cierre.

Por supuesto que los problemas de la justicia que afectan al ciudadano no se resolverán con la transformación de la organización de la Rama, esos tienen que ser tratados en otras iniciativas legislativas, pero hay que empezar por darle orden a la cabeza para continuar con los demás cambios estructurales que se requieren.

@WilsonRuizO

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