Dom, 12/31/2017 - 07:17

Carta para ti

Hola extraño. Sí, extraño porque no te conozco, porque aunque estuvimos juntos un tiempo, la persona que eres hoy me resulta un total desconocido. Extraño porque el hombre que creí conocer no está, porque me doy cuenta de que me enamoré de la idea de ti que yo creé, no de quien en verdad eres.

A veces no entiendo que la persona con la que en algún momento hice tantas cosas y con quien soñé un futuro compartido, ahora sólo sea otro desconocido con quien a veces me topo en la calle, y con quién no cruzo siquiera la mirada.

¿Reconoces la fotografía? sí, fuiste tú quien la tomó en nuestro viaje al páramo, en aquella época en la que creía que mi mano estaría tomando la tuya durante mucho tiempo. 

Pero llegó el día en que puedo agradecerte. ¿Por qué? Por romperme el corazón y regalarme una de las lecciones más grandes de mi vida, las ganas de amar de la forma más bonita y sincera posible.

Tal vez suene raro que luego de todo lo que me hiciste yo te agradezca; pero entendí que si quise ver tantas cosas buenas en ti es porque eso hay dentro de mí, y ahí comprendí que te portaras de una forma tan tonta, pues al final cada uno da lo que tiene en su corazón.

Gracias porque aprendí que puedo ser la mejor persona y eso no garantiza que lo sean conmigo, así que hoy tengo los ojos abiertos a lo que doy y recibo.

Gracias porque aprendí que no puedo hacer que otra persona me valore, pero que tampoco valgo menos si no lo hacen y sobre todo, que puedo alejarme cuando eso pase.

Gracias porque al decirme que no soy acorde a tu vida, entendí que mientras para mí el amor es el pilar fundamental de la vida, para tí es sólo un cuento de hadas. Comprendí que para mí la religión es intrascendente porque lo importante es el Dios vivo, verdadero y lleno de amor. Para tí Dios implica conveniencia y matrimonio arreglado a usanza del pasado. Allá tú y tus creencias con las que puedes vivir a medias.

Gracias porque aprendí que no todas las personas son sinceras, que algunas incluso mienten cuando dicen ‘te amo’, tú fuiste infiel al amor verdadero, pero no voy a vivir preocupada por eso, porque jamás podré tener la total certeza de que alguien sea sincero, yo sólo puedo confiar.

Gracias porque aprendí que cuando quiero a una persona soy tan sincera e incondicional cómo es posible, incluso más, porque en ocasiones estuviste tan mal que yo nos sostuve a los dos, y cuando el resto se fue yo estaba ahí, contigo, y eso lo hacen muy pocos.

Gracias porque aprendí que el amor no es egoísta, que si alguien me quiere no se siente celoso de mis triunfos y mucho menos trata de opacarlos por sentirse inseguro de los suyos.

Gracias porque aprendí que lo que creí que dolería tanto en realidad fue lo mejor que me pudo pasar, y no mal interpretes, porque claro que dolió, pero sólo un poco, porque cuando me lastimaste tanto supe que no iba a extrañar a alguien que no me merecía.

Gracias, porque con todo lo que viví a tu lado la que creció fui yo, al final no me importa si no reconoces a la mujer que soy, porque a mí ya me quedó más que claro.

Al final te agradezco, porque aprendí que existen dos tipos de personas, las que como tú, no saben amar, y las que como yo, no sabemos no hacerlo. Y no tengo miedo. No puedo desearte que te vaya bien o mal, sólo como lo merezcas. Para mí vienen cosas buenas porque aquí no fui yo quien perdió.

Todos los días me repito que “en la vida, tarde o temprano todo pasa, esto también pasará” y este mal trago que viví contigo, ya pasó. Adiós extraño. 

 

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