Mié, 03/02/2022 - 08:56
Benedetta se estrenó el apsado 17 de febrero en salas de Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla. Foto: Cortesía.

Benedetta: lo que va del deseo al poder

¿Qué ocurre cuando, aislados del mundo exterior, en un entorno opresivo, rodeados solo de personas que comparten identidad de género, debemos enfrentarnos a nuestros deseos? Una pregunta sin respuesta que a menudo yace en el fondo de muchas fantasías que suceden en muchos escenarios: una base militar, un colegio de internado o un convento de monjas.

Benedetta, dirigida por Paul Verhoeven, reconocido por su trabajo en otros largometrajes como RoboCop (1987), Bajos instintos (1992) y Showgirls (1995), plantea preguntas sobre el deseo, la sexualidad femenina y el conflicto eterno entre la religión, el amor y la lujuria.

La película , protagonizada por Virgine Efira, quien interpreta a Benedetta Carlini, una monja del siglo XVII que mantiene una relación lésbica con Bartolomea, interpretada por Daphne Patakia, toma como base el libro Immodest Acts: The Life of a Lesbian Nun in Renaissance Italy, de la historiadora especialista en el Renacimiento italiano Judith C. Brown para construir una historia a medio camino entre el drama y el erotismo que, sin embargo, no abusa de recursos que podrían resultar evidentes y se permite construir escenas cargadas de simbolismo y fuerza narrativa.

Benedetta es una mujer perturbada por sus visiones y, sobre todo, por su deseo, aquel animal salvaje imposible de dominar, esa bestia de caza implacable que encuentra a su presa en cualquier escondite. Así, entre las fisuras de un entorno permanentemente vigilante, el animal salvaje encuentra el espacio para desencadenar su furia.

Están, claro, los simbolismos, que caminan esa delgada línea que roza con lo blasfemo, y que logran tensar la cuerda de la trama, ambientando el ascenso al poder de Benedetta en medio de la desconfianza, el temor y la reverencia. Una analogía del poder mismo. Y en el fondo, la peste bubónica, que enferma y mata sin contemplaciones, atacando a súbditos y sacerdotes por igual, todo esto para mostrar al convento y a la ciudad como el último bastión de la pureza, una especie de oasis en medio del desierto. Es, quizás, una alegoría al encierro, a la pretendida pulcritud de la intimidad, al calor del hogar que, sin embargo, no deja de ser fuego que quema y destruye.

Se dice que, en los monasterios de la Edad Media y el Renacimiento, los monjes de clausura, incapaces de huir de sus deseos, daban rienda suelta a sus fantasías entre los pasillos oscuros ante la única visión femenina a su alcance: las pinturas de la Virgen María Amamantando al Niño Jesús. En una de las escenas, Benedetta, siendo una niña, ante la proximidad de una estatua que ofrece generosa su pecho, sucumbe ante la tentación de ser también amamantada por María y es tal vez allí donde comienza a recorrer su camino, su propio camino, que la llevará a ser venerada, temida, señalada y excluida.

Estrenada en Colombia el pasado 17 de febrero, Benedetta es una película que seguramente ha despertado y despertará suspicacias entre las personas más religiosas, pero que permite hacerse, entre muchas otras, una pregunta fundamental, pero incómoda: ¿porqué, en la Italia del Renacimiento y en el occidente del siglo XXI, una mujer es señalada por la forma en la que manifiesta y vive su deseo?     

Si al trazar un paralelo entre el contexto histórico y la actualidad, la pregunta sigue latente, entonces vale la pena verla.

   






 

 

 

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