Dom, 01/23/2022 - 07:36

Fondo

Si abandonase aquel desagradecido campo de batalla. Si mi piel dejase de fantasear y en su rápida descomposición borrara lo de una entera vida y quizás les hubiese dado el sentido a vivencias permeadas de dolores innecesarios, autoimpuestos, regalados.

¿Habrá arrepentimiento luego del placer de dejar ser? Prefiero colgarme a resignarme.

Camus tendría razón cuando profesaba que el acto más importante que realizamos  cada día es tomar la decisión de no suicidarnos. Tanto he errado en esta decisión corroída por el óxido del paso del tiempo, un trastorno acechando desde el día de la luz brillante en los ojos impávidos llenos de llanto y desconcierto.

Nací muriendo, vivo para la pronta muerte enfrentando mil voces, llantos que arrugan las expresiones y el corazón. Las horas fatigadas aproximando la hora cero. Momento de la única cita a la cual no deseo faltar, en el segundo giro del séptimo círculo, ahí donde se encuentra mi lugar.
Lanzo un grito ahogado que en el cielo resuena. Se escucha un eco agrietando la verdad.

Puedo sentir, pensar, todavía la extenuante existencia. Alejandra, cuánta verdad en tus pequeñas palabras, no querer ir sino hasta el fondo. Estrellarse contra el asfalto deteriorado de la gris ciudad. Extinguir la flameante llama entre las sombras de transeúntes deshabitados.

Ya no sueño, ya no hay olores, ni sabores. Se escuchan los llamados. No se advierte  la nada. ¿Existe? ¿Sentimos? Solo somos versiones anticuadas de miles de estrellas muertas.

Somos el miedo a lo que somos y no alcanzamos a ser.

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