Dom, 08/15/2021 - 08:58

Metallica Corps

Lo bueno: habrá nuevo álbum de Metallica. Lo malo: es un disco de versiones. Lo feo: El cover de J Balvin. Es el fin del mundo para muchos fanáticos del cuarteto norteamericano que no se han enterado que el mundo se viene acabando hace varios años.

El asunto es que, hace demasiado tiempo, Metallica no es una banda de metal. Es una empresa. Una bien administrada, que reporta ganancias, supongo yo, de cientos de miles de dólares al año. Y las empresas existen, claro, para ganar dinero. O eso dice el capitalismo. Y los libertarios.

Claro: Metallica es un emblema.  Su visibilidad contribuyó a que, bajo la mirada de un público que siempre sintió el rock como algo ajeno, la banda fuera la piedra angular de todo un género: la “música metálica” –“a mí no me gusta la música metálica, me parece muy pesada”, decía alguien, y a continuación un metalero indignado se dedicaba a explicar que no, que la música metálica no existe, que Metallica es solo una banda y que el género se llama metal y que hay muchos subgéneros del metal dentro de este-. Pero la verdad es que poco queda de la banda que quería tocar covers de Misfits (una banda de punk) pero con un sonido más extremo. Sí: siguen tocando sus grandes éxitos (suelen cerrar sus conciertos con Seek and destroy, de su primer álbum Kill em’ all) y mucho hay de una empresa rentable que entiende muy bien cómo funciona el mercado. Metallica no tiene miembros, tiene socios.

Y, desde esa perspectiva, están ampliando sus horizontes de negocio. Se están reinventando, para usar una de esas desgastadas palabras que se pusieron de moda en la actual versión del Apocalipsis.

Este año se cumplen 30 años del lanzamiento del Black álbum (un disco emblemático que catapultó a la fama internacional a la banda) y la forma de celebrarlo es un disco –del que ya se han escuchado adelantos- en el que artistas de diversos géneros versionarán temas como The Unforgiven, Sad but true, Nothing else matters y Enter sandman. Y ahí, en la lista de artistas invitados, el origen de la discordia, al menos para muchos fanáticos colombianos: J Balvin (no hablemos de Juanes, que versionó a la banda en un Rock al parque, o de Mon Laferte, o de Miley Cyrus o de Weezer o de Elton John o todos los demás artistas invitados). El nombre de Álvaro José les colgó la lápida al cuello a varios metaleros, mucho más desde que la canción fue publicada. Esa fue mi primera impresión. “Hoy ha muerto un fan de Metallica”, dije, en medio de una reunión de trabajo, como quien se atraganta tomando agua. Pero, al final… “Who cares?”. Con indignación o no, el disco se lanzará en su totalidad el próximo 10 de septiembre y, además del señor que se dedica a cantar reguetón, y que hizo, según todas las voces, un cover desastroso, hay otros 52 artistas. Y sí: admito que no conozco a la mayoría. Qué le vamos a hacer. A lo mejor es mi culpa y no de Metallica. Los clientes casi nunca tenemos la razón.

Pero retomo. Metallica comprendió que el rock es un género musical que se hizo viejo. Cada vez menos personas jóvenes escuchan rock. Y en este punto culpamos a la industria musical, que decidió hace mucho que en las estaciones de radio deben sonar otros géneros que venden más y son más rentables; al sistema capitalista o a la educación y a una larga lista de enemigos invisibles. Así, con un público cada vez más reducido, la banda lanzará un álbum conmemorativo para conectar con las nuevas audiencias que, por el motivo que sea, se sienten inclinadas por otros géneros musicales. Y claro, está el fin loable de que las ganancias del álbum se destinarán a una fundación –que también es de Metallica, porque las empresas nunca pierden-, pero la jugada de mercadeo es brillante. Pregúntenle a cualquier publicista.

El asunto, y la razón por la que escribo un artículo tan innecesario, es que no hay nada que lamentar o por lo que indignarse (eso lo vine a comprender después, cuando se acabó la reunión de trabajo, más o menos). Metallica es una empresa que se preocupa por sus ganancias y la razón por la que muchas personas, incluso sin ser fanáticas del rock, han escuchado hablar de la “música metálica”, creyendo que la banda nombra a todo un género, es la misma por la que la mayoría de personas jamás han escuchado hablar de Anthrax, Slayer, Kreator, Testamet, Anihilator o Sepultura. Porque, más que marcas o empresas, siguen siendo bandas. O eso quisiera creer.

 

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