Vie, 07/22/2022 - 07:54

Una invitación al origen

Los clérigos que llegaban a nuestro territorio proclamaban la falta de razón en toda la tradición oral de nuestros primeros pueblos y los calificaban de mentirosos.

Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. El mar estaba en todas partes. El mar era la madre. La madre no era gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella era el espíritu de lo que iba a venir y ella era pensamiento y memoria.
Cosmogonía Kogui

Una contraposición explicita entre la cultura occidental y las culturas prehispánicas que estaban aposentadas en nuestro territorio antes de la consabida y a la vez rebatida conquista española es lo que nos propone este viaje de 79 páginas. Los clérigos que llegaban a nuestro territorio proclamaban la falta de razón en toda la tradición oral de nuestros primeros pueblos y los calificaban de mentirosos. En fin, desde la perspectiva de ellos en nuestras culturas no se podía hallar cosa cierta. Asimismo, por la campaña evangelizadora todo lo que no correspondiera al discurso occidental manifestado por el cristianismo era falacia. Un acto de ignorancia y de desconocimiento de la fe en pueblos que según ellos no tenían conciencia plena del verdadero origen del mundo.

Es ignorante desconocer la belleza, la gran cultura y la tradición oral de los pueblos prehispánicos. Basta mencionar los grandes códices de la literatura náhuatl, así como los libros mayas de El Chilam Balam y El Popol Vuh, verdaderas revelaciones en torno al origen del hombre y del universo a partir de otras perspectivas que, aunque desconocidas para los individuos de occidente, sin duda, son igualmente válidas.

El agua, la tierra fértil, la comida, la potencia de la naturaleza, los entornos originales, el paisaje diáfano, las odas de tributo sacro recitadas a la luna, al sol, a las estrellas. La conexión basta con el firmamento, esa suerte de mar que nos hunde hacia arriba. Ese respirar, esa tranquilidad que implica el estar seguros de una tradición, la estabilidad con el mundo que tenemos tanto que aprenderles a todas estas cosmogonías. Los vestigios de estas comunidades datan de siglos, no estamos frente a poblaciones novísimas, sino ante mensajeros de legados antiquísimos, que colindan con lo que en Occidente es la llamada cronología de antes de Cristo. La vida y la muerte como conceptos secuenciales y conectados con estadios místicos e inconmensurables. Las descendencias extintas de muchos de nuestros pueblos originarios se están llevando con su desaparición unas reflexiones sobre el origen que, quizá, nosotros como mundo contemporáneo no estamos preparados para conocer. Es lo triste del comienzo, que ni siquiera en su epilogo podamos entenderlo. Asomarse a estas páginas, es tener la conciencia del ayer, del pasado, de la memoria, de la verdad, quizá, que tanto reclamara Darío en su poema Lo fatal, esa incertidumbre de no saber adónde vamos ni de dónde venimos. Esa infinitud se recoge en la también extinta colección de Libro al viento, en una maravillosa compilación hecha por el maestro Julio Paredes, que ya no nos acompaña tampoco y al que le debemos tanto de la cultura y la literatura de un país como Colombia. Estamos empezando a quedarnos rodeados de vacío en todo ámbito.

En este libro, pues, se encuentra gran parte de esa otra mirada que no se puede dar por descontada, ya que también puede tener mucho de veraz. Por estas cosmogonías deambulan Katios, Guambianos, Koguis, Wayús, Witotos, Kuibas, Emberas, Tikunas, Nukaks, Amazonas, Muiscas y U´was. En estos interiores subyace un universo de posibilidades de génesis. Se esconde tras el velo de la tinta una conexión maravillosa con ese concepto ancestral que hizo parir la literatura, el mito.

Escuche aquí el primer episodio del podcast FugArte

 

 

 

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