Dom, 08/16/2020 - 08:50

La cara y el espejo

Por: Esteban Jaramillo Osorio.

No puedo “culpar al espejo por mi cara”, “al termómetro por mi fiebre”, o a los demás por mis despropósitos. No puedo responsabilizar solo a Messi por una caída, así celebre el resultado aplastante en contra de la soberbia que no es de él, sino de España y su fútbol prepotente.

El fútbol ya no admite idolatrías y el mundo rechaza dioses paganos y monarquías.

El fútbol moderno en el que lo individual sucumbe ante lo colectivo, el egoísmo ante la solidaridad, las fantasías presumidas, a la aplastante realidad, no hay “jugadores, o equipos, de otro planeta” y se castigan los resultados puestos.

Fútbol con el premio mayor para los innovadores, que buscan y proponen, con goles hilvanados, precedidos de toques preciosos.

Por eso Leipzig, Bayern, Lyon, PSG, Nigelsman, Flicks, García y Tuchel… Por eso la champions.

Por eso las goleadas que celebran todos, a excepción de los obsesivos de las pizarras, que creen que este deporte es una ciencia.

Triunfan en él los jugadores que vinculan la fantasía con el juego asociado, el sacrificio con el arte de danzar conectados por un pase. Que destacan la sociedad de la velocidad física, con el pensamiento.

Los que inventan y recrean. Los que celebran y divierten.

¿Seré un soñador?... Este es MI FÚTBOL.

Futbol fiesta o masacre

El gol en su máxima expresión. En ocho actos maravillosos, puestos en escena con metódica perfección.

Bayer, que parecía jugar con 12, sin que el árbitro se notara como ocurre cuando juegan otros clubes de su estirpe, fue voraz, demoledor, humillante, para masacrar a su enemigo, el Barcelona ensombrecido, con su estrella acorralada y reducida.

Este, abandonado y a la deriva, llevó a mínimos su talento ante la avalancha destructiva de su rival y la impotencia de los suyos, que, desde batallas anteriores, deambulaban sin ideas, por la ausencia de un verdadero comandante en jefe.

Aplastados los sueños de grandeza de los españoles, aún convencidos de que tienen el mejor fútbol del mundo. ¡Vaya disparate!

Al Barcelona no solo le robaron la billetera, sino que le saquearon su casa.

Bella fiesta del fútbol, en su máxima expresión, sin cabos sueltos, para el deleite de quienes aman la intensidad, el ritmo sostenido asociado con la pelota, construido desde la mente, con terminados de lujo, solidario en defensa y en ataque, sin dependencias de una figura y sus caprichos.

Recordé a Brasil 2014, en Mineirao, cuando Alemania aplastó los sueños de sus hinchas con mazazos fulminantes como los del Maracanazo; y el nueve cero en Londrina, cuando Colombia pensó que clasificaba a los olímpicos en el vestuario, sin disparar una bala y sin ver rodar la pelota.

El Bayern desde ya es favorito, pero no olvidemos que nunca se gana antes del pitazo de cierre. 

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