Vie, 09/11/2020 - 08:20

El hombre que pidió ser enterrado junto a cadáveres no identificados en Roldanillo

Pedro Ruiz no era especialista forense de profesión, y nunca soñó con trabajar en una morgue, sin embargo, cuando sus días finalizaban lo único que pidió fue ser enterrado junto a los cadáveres no identificados de su pueblo Roldanillo, en el Valle del Cauca.

La historia laboral de Pedro, un sencillo pero trabajador esposo y padre de 3 hijos comenzó vinculado a labores de ventas y oficios en los que se desempeñaba bien pero no se hallaba del todo feliz. Sin dar muchas vueltas, en 1978 se vinculó como asistente en diferentes oficios en la Unidad Básica de Medicina Legal de ese municipio y poco a poco, con el pasar de los años, se fue convirtiendo en una pieza fundamental en el trabajo forense.

"Él era todero: asistente, disector, entregaba actas y dictámenes y hasta se ocupaba de hablar con las familias de los difuntos", recuerda Pedro, su hijo que hoy labora también en Medicina Legal.

Oscar Franco Arboleda, Coordinador de la Unidad Básica desde 1994 dice que a todos asombraba la capacidad de entrega de Pedro. "A veces salía uno y lo veía llorando con los familiares".

Y cuentan los conocidos que a pesar de que por todos los muertos tenía un gran respeto, guardaba un cariño especial por los cadáveres no identificados. Cuando a la morgue llegaban, Pedro buscaba recursos para inhumar aquellos cuerpos: a veces, sacaba ropa de su casa para vestirla, fiaba en el cementerio para darle cristiana sepultura e incluso lloraba en la tumba de aquellos que no tenían seres queridos.

Esta entrega con los desamparados, con los vivos y muertos, le valió a Pedro el amor de su esposa, sus 3 hijos biológicos, y los hijos de corazón, pues muchos en el pueblo lo consideraban como un papá.

"Todos en el pueblo lo querían mucho, porque era un hombre servicial y no distinguía clases sociales, nivel de educación, o posición social", afirma su hijo.

Y fue ese sentimiento, más que el compromiso, lo que hasta el último día que pudo trabajar, lo movió a entregar todo de sí para dar un trato especial a vivos y muertos.

Pedro murió en el 2011 y hoy sus restos reposan juntos a los no identificados de su municipio recordando que él, aún después de su propia muerte, es su ser querido, su ángel protector.

Fuente: Medicinalegal.gov.co

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