Sáb, 07/27/2019 - 08:26

El páramo y Deogracias Jaimes Pineda, un amor eterno y complejo

Por: Yessica Cepeda- CAR

Así empieza Deogracias Jaimes a narrar muy naturalmente, cómo son sus amaneceres en el páramo del Sumapaz, que en su caso, limita en Sibaté con la vereda Bradamonte; nombre particular que obedece a un árbol de la zona en vía de extinción, llamado Rodamonte a 3.300 msnvm.

A esa lejana y maravillosa tierra, llegó hace ya más de 10 años, y sabe que convivir con el páramo es hermoso, pero también complejo; su altura, su clima cambiante y su enmarañada dinámica natural, obligan a don Deo a adaptarse a él y a aprender de él, como en un buen matrimonio.

Es una relación que cada día crece y ha visto renacer zonas de la vereda donde las malas prácticas de antepasados habían afectado el páramo. Don Deogracias recuerda cómo de la mano de la CAR inició ese camino del cuidado y el amor por el medio ambiente, y por su vereda. “Hoy día a lo que más le pongo empeño es a enseñarle a mi comunidad sobre educación ambiental, eso nos ha abierto puertas como vereda y como ejemplo. Sabemos que el valor de nuestro territorio es único, por eso los talleres de Legalidad Ambiental, Metodologías WET y Herramientas Pedagógicas, han sido vitales para mí como líder y para que la comunidad aprenda más fácil.”

Don Deogracias Jaimes amplió sus conocimientos formándose para la tarea, por eso, cuenta que es Técnico en Manejo Ambiental del SENA, hizo un curso de medio ambiente en la ESAP, y con la CAR aprendió sobre cuencas hidrográficas, delimitación, aguas superficiales, subterránea, nacederos, pantanos, humedales y otros términos que ya maneja con propiedad. Pero además, aprendió a sembrar árboles, uno de sus grandes retos y pasiones.

Sobre eso recuerda: “La CAR nos hizo un estudio muy completo hace unos años sobre los árboles de la zona, de ahí entendimos cómo reforestar y con qué especie, ligado a eso, pasamos por las quebradas, carreteras y zonas de la vereda donde recogemos residuos y hacemos limpieza, somos una de las veredas más impecables y bonitas, cuando nos visitan, nos felicitan por eso. A ese grado de conciencia hemos llegado con la comunidad donde ya somos 17 personas en condiciones especiales, 87 familias y 342 personas comprometidas con el medio ambiente.”

Don Deogracias asegura que el futuro del mundo no son los niños, ni los adultos; sino que el futuro es EL AGUA, porque de qué sirve tener profesionales, abogados, médicos, ingenieros de todo tipo sin agua; sin agua no hay vida, no hay nada. ¡Cuánta vehemencia y angustia le imprime a esta frase de batalla don Deo!

Es inevitable preguntarle a donde Deogracias por qué tanto amor al páramo, cómo le hace para trabajar, convivir y soñar en condiciones a veces tan difíciles, pero él asegura: “El páramo es impredecible, uno no sabe qué día o clima le va a tocar muchas veces. No hay malos días, eso sí, porque él paramo es hermoso.” Esa parece que es la clave de don Deo, pues siempre ve hermoso lo que le rodea a pesar de la rutina y la cotidianidad, esa es una buena lección. Y continúa: “Me preocupa cómo ha perdido flora y fauna el páramo por cuenta del cambio climático, lo impacta mucho, además hace 2 años llegó un gusano que destruye las espeletias o bueno, frailejones, como muchos les dicen. Yo nací en un páramo de Boyacá cerca a Duitama, mi amor por los páramos es de toda la vida, desde el vientre de mi mamá. Este es un paraíso que me persigue, estoy enamorado de él, de mis campesinos humildes que saludan siempre, me ofrecen un chocolate, comida, allá la vida es hermosa”.

Ese es Don Deogracias, un personaje único de Sibaté, que sin duda sigue enfocado en trabajar por su páramo, su vereda Bradamonte y su gente. Porque como en un buen matrimonio y como el mismo dice: “Hasta que la muerte nos separe”.

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