Mar, 10/22/2019 - 07:48

“El ser humano no tiene fronteras”: Fernando Nope

Fernando Nope es de aquellos personajes que pertenece a ese particular grupo en donde la visibilidad de sus buenas acciones en el exterior es lo que menos les importa, pero siempre hay alguien que por alguna razón especial de la vida los descubre y es ahí cuando nos enteramos de la gran labor con la que algunos hacen patria en otros lugares del mundo.

El teatro es la vida de Fernando Nope. Al arte de la dramaturgia le ha entregado alma, corazón y vida. Desde muy joven Nope quiso explorar otras culturas y recorrer nuevas tierras y ese deseo de explorar lo llevo a vivir en Suecia en donde se hizo profesor de teatro y desde donde ha tenido la oportunidad de compartir sus conocimientos y experiencia en Palestina, Jerusalén, Noruega y América Latina.

En esta entrevista tendremos la oportunidad de conocer un poco más sobre la vida de este actor, profesor de teatro y hasta descubridor de talentos, para quién lo más en importante en la vida es la esencia de la búsqueda del ser humano.

G.P.: ¿De dónde es Fernando Nope?

F.N.: Yo soy de Bogotá. Crecí en un pueblo cundinamarqués con límites con Boyacá,  que se llama Manta Cundinamarca. Crecí con los abuelos y de esta región creo que viene mi afición al teatro.

G.P.: ¿Cuántos años lleva dedicado al teatro?

F.N.: Comencé a hacer teatro desde los diez años en Manta y también en Bogotá. Participaba como niño en las actividades infantiles y juveniles que hacía el teatro El Parque Nacional. Luego en el bachillerato  formábamos grupos que asistían a festivales intercolegiales y luego hice algunas cosas con personajes pequeños para televisión. Mi experiencia en teatro suma más de cuatro décadas.

G.P.: ¿Por qué su determinación de irse para Suecia?

F.N.: Cuando terminé mis estudios pensé que a esto era a lo que me quería dedicar. Traté en algunos grupos participando en festivales de teatro pero yo quería algo más. Así tuve la idea de irme a Europa a estudiar. La idea era llegar a Suecia y trabajar en el verano, estoy hablando de 1980. Cuando llegué allá las cosas fueron muy distintas. La idea principal era estudiar y trabajar allí y luego hacer lo mismo en Inglaterra pero el objetivo final era hacer mis estudios en Francia. Las cosas se dieron de otra forma y me radiqué finalmente en Suecia.

G.P.: ¿Cómo recuerda sus inicios en Suecia?

F.N.: Es duro. Llegar sin idioma, sin contacto alguno. Empecé viviendo en la calle, conociendo el mundo nocturno, llegué en un mes de mayo cuando no se ocultaba él sol, pasé hambre, comí de las canecas de la basura. Poco a poco empecé a estudiar el idioma, al principio fue duro su aprendizaje. Mi primera opción era hacer aquellos trabajos que normalmente muchos no hacen que son bastante duros, en donde te explotan y pasas por muchas cosas. Eso sí, todo esto lo he llevado con mucha humildad.

G.P.: ¿Cómo percibió el proceso de integración en esta nueva sociedad?

F.N.: Esto de crecer en el campo en nuestra realidad nos hace humildes ante determinadas cosas. En algunos trabajos no necesitaba hablar pero llegó el momento que tuve la forzosa necesidad de comenzar a comunicarme por otros trabajos. Hay algo importante. Existen muchos mitos, de que los colombianos somos unos grandes verracos, pero en este proceso de inmigrar uno conoce gente de otras partes del mundo con un espíritu muy fuerte de supervivencia. La nostalgia que se siente al principio es pesada porque de todas formas muchas cosas no son las mismas. Llegué a un país súper moderno en 1980. Muchas cosas que desconocía me ocasionaron algunos choques culturales, confrontarme directamente con el racismo, aquello de ser latino o en nuestro caso, de Colombia, nos abre muchos prejuicios que golpean tu seguridad y otro montón de cosas. Luego del idioma me inscribí en unos cursos de teatro y luego llegaron los estudios superiores.

Estudiar teatro me ayudó a conocer más de la idiosincrasia de ellos. Aprendí a ver el mundo con mentalidad abierta. De aquí para allá uno es provinciano, el mundo es mucho más grande, es complicado. Me volví más curioso, respetuoso del pensamiento de los demás y en confiar en la bondad del extraño porque hay gente buena en todas partes. Si estás haciendo teatro hay que profundizar mucho en esto. He conocido ricos que por su forma de ser son humildes y he conocido pobres totalmente arrogantes y también a aquellos mártires que se están quejando todo el tiempo y de todo. De esto hay que alejarse naturalmente.

G.P.: ¿Cómo se dio el inicio de su experiencia en el teatro en Suecia?

F.N.: Primero comencé en un teatro de inmigrantes del cono sur, con ellos di mis primeros pasos y dirigí algunas obras, pero comenzó en mí un desafío personal y empecé a divagar de si quedarme en el inmigrante sin idioma y en un tipo de gueto, suspirando por estar en Colombia, o cortaba todos los contactos y me dedicaba a estudiar y trabajar en el nuevo idioma. Fue muy duro cortar con todo esto sobre todo en esos momentos de soledad además que no es fácil hacer amigos por allá.

Decidido me dediqué a mis estudios y me presenté a un teatro que lo patrocinaba en esa época la municipalidad de Estocolmo de nombre Vår Teater (Nuestro Teatro). Me contrataron para que dictara clase e hiciera montajes de teatro con jóvenes. Con el tiempo pasé a la Escuela de Artes de Estocolmo “Kulturskolan  Stockholm”  que tiene todas las disciplinas con unos 14 mil alumnos y yo tenía alrededor de unos 200 alumnos a la semana divididos en 18 grupos, cada grupo exigía que yo tuviese un montaje. Allí comencé en 1987 hasta el presente.

G.P.: ¿Y su experiencia en Palestina y Jerusalén?

F.N.: Mi trabajo con Palestina fue en una época en la que pasaban por muchas dificultades. Hicieron un tipo de llamado porque necesitaban directores europeos que fueran a impartir cursos y al parecer fueron muchos los llamados pero todos tuvieron miedo de ir y yo tuve la suerte de colarme ahí. La primera vez fue en 2001 en verano. Era difícil, había enfrentamientos y estados de sitio. Me invitó un grupo de teatro, el “Ashtar Theatre” que trabaja con temas sociales que son los que me interesan. Mi labor era educar pedagogos en teatro para que trabajaran en los campos de refugiados.

En el 2003 el Conservatorio Nacional de Música de Palestina (The Edward Said National Conservatory of Music) me agregó y se hizo el montaje del primer musical palestino en escena que se llamó
AL-FAWANEES basado en el cuento del autor palestino Ghassan Kanafi. Fue una Mega Producción con cien personas en escena, 60 músicos y técnicos. Se dice que fue el primer musical que se hizo en Palestina en lengua árabe. Esto se hizo en la ciudad de Ramallah en el Teatro Ramallah Cultural Palace.  En el mundo árabe fue una noticia muy bien recibida.

Después me invitó el teatro “Ashtar Theatre” y en este año se hizo otro Musical idéntico con menos gente pero en Jerusalen. Una 50 personas en escena, 40 músicos y los técnicos. De esto estuvo a cargo un centro cultural en Jerusalen (Theatre Yabous Cultural Cenre East Jerusalem).

Ellos mismos han dicho que ha sido el primer musical realizado en el este de Jerusalen. Salió muy bien y  mucha gente lo vio. En total fueron diez funciones y era muy especial porque fue encontrarse con alumnos que habían actuado 15 años atrás. Algunos de ellos ya profesionales en diferentes áreas y algunos colaboraron con el montaje en cuestiones técnicas. Fue un encuentro muy bonito. Uno como artista no sabe cuánto se puede influir positivamente en el ser humano con el arte. Fue hermosísima la experiencia de ese reencuentro que finalizó el 20 de julio del presente año, luego me volví a Suecia a cumplir con otros compromisos.

G.P.: ¿Qué considera le ha ayudado para desarrollar su carrera como profesor de teatro?

F.N.: Yo he sido muy disciplinado y cumplidor de mis cosas y esto me abrió las puertas. La disciplina es básica. Mi trayectoria me ha permitido durante estos años experimentar todas las clases de tipos de teatro con salas que tenían acceso a diferentes técnicas y muchos con bajo presupuesto, siempre traté buscar de no anonadarme de ese tipo de producción de altos costos, si no hacer los montajes con pocos recursos y esto me ha ayudado para mi trabajo en Latinoamérica y Oriente Medio.

En Suecia  tienen un programa que está unido a la Unión Europea y por mi experiencia internacional me enviaban como uno de los miembros de la Escuela de Artes de Estocolmo – Kulturskolan en combinación con la Comunidad Europea. Así tuve la oportunidad de trabajar con varios países.

G.P.: ¿Cómo ven a un colombiano enseñando teatro en estas partes del mundo?

F.N.: Para ser sincero yo creo que no se piensa así porque en el fondo todos somos inmigrantes. La nacionalidad ya deja de carecer de importancia para volverse en algo más Cosmopolita. Cuando yo digo que hablo español-castellano muchos lo asocian indirectamente con España. Trabajar en el medio oriente es trabajar en zonas de conflicto y en ciertas ocasiones me siento mejor bienvenido como colombiano que como europeo. El ser  humano no tiene fronteras y ahí es donde nos encontramos todos.

Pese a esto se presentan casos algo desagradables. Desde mi experiencia como colombiano en alguna embajada colombiana o en una cita con algún agregado cultural deja mucho que decir. Al parecer son puestos que se han conseguido a través de contactos y es muy difícil hacer puentes de comunicación. Y no solamente los colombianos también en otras nacionalidades, estos personajes no pasan si no de tener un título de decoración para devengar un salario.

G.P.: ¿Cómo cataloga el talento de sus alumnos en el exterior?

F.N.: Pienso que con el talento se nace pero que hay que tener disciplina y cultivarlo para ver resultados. En el teatro como en cualquier otra profesión hay que perfeccionarse para poder lograr algo. En Suecia debido al tipo de montajes que yo hago como clásicos, contemporáneos ó experimentales, es recíproco codearse con las nuevas generaciones que hace que juntos intercambiemos conocimientos. Yo pienso que las nuevas generaciones son fantásticas para trabajar con ellos.

G.P.: ¿Alguno de sus alumnos han logrado tener reconocimiento en el mundo de la actuación?

F.N.: Con una experiencia de 40 años he tenido alumnos representados en las distintas disciplinas, actores, directores de teatro, directores de cine, libretistas, todo lo relacionado con el teatro y el arte dramático. Varios de ellos están en Hollywood incluso han realizado papeles protagónicos. La vida nos permitió cruzarnos alguna vez en la vida y tal vez ellos me recuerden, algunos de ellos eran hijos de gente reconocida pero siempre tuve la precaución de tomar a la persona como individuo, a mi no me importaban quienes habían sido sus padres, así fueran muy conocidos. De todo esto quedó una experiencia muy bonita y prefiero no mencionar nombres para ufanarme y ellos lo saben y esto es genial.

G.P.: ¿Cómo ha contribuido la enseñanza del teatro en las nuevas generaciones de Palestina?

F.N.: En Palestina estos montajes han influido no solamente en cuestiones artísticas si no también en otras profesiones. Cuando se trabaja en la dinámica de un grupo a través de las colaboraciones esto puede incurrir en efectos positivos en otras profesiones. Por sus conflictos, es la lucha por la supervivencia, esto hace que tengan otro tipo de estética. Se ha trabajado con grandes del teatro como Augusto Boal y otras personalidades. Allí el teatro también se utiliza como medio de educación.

G.P.: ¿Qué opina del teatro en nuestro país?

F.N.: Sobre el teatro colombiano depende también el nivel de conocimiento porque en Suecia por ejemplo su mayor influencia es el teatro anglosajón. Y si estás en Oriente Medio, son las influencias del teatro árabe o hebreo.

En el teatro colombiano como tal, quizás lo que más llama la atención es la creación colectiva y el Festival de Teatro Iberoamericano en donde me consta ha venido a participar gente de Palestina y de Suecia. Obviamente es muy importante el idioma para su participación e integración.  Yo por ejemplo he leído unos dos o tres libros publicados en sueco sobre el teatro latinoamericano. Cuando los escritores se tomen el tiempo de contar aquellas realidades de violencia haciendo una especie de catarsis con la ayuda de la dramaturgia, vamos a poder salir adelante.

En la imagen: Fernando Nope acompañdo del actor Dixon Dacosta. Festival de Teatro 2019 Bogotá.

G.P.: ¿Son comunes los intercambios desde donde usted ha trabajado con estudiantes en Colombia?

F.N.: Se de algunos estudiantes que han venido a Colombia pero más a nivel personal no a nivel de estados. Han venido jóvenes de Suecia y de Palestina. Alguna vez hice algún montaje en castellano con estudiantes de español y resultó fenomenal. También estoy muy ligado familiarmente con Noruega en donde se ha dado la oportunidad de intercambios también.

G.P.: ¿Durante su estadía en Colombia destacaría algún talento en especial?

F.N.: Nombrar personas quizás sea algo delicado ya que entran también los celos personales. Naturalmente acá como en el exterior existen esas personas. Me he encontrado aquí en Colombia con jóvenes que trabajan muy bien. Justo ahora soy jurado de un festival de teatro y he intercambiando con otros miembros del jurado y me doy cuenta de su capacidad de reflexión  y academia que tienen. Hay esperanzas y nuevos talentos. Claro que se complica la situación en sociedades en donde no se puede vivir del arte.

 ¿Cuáles serán sus objetivos durante su estadía en Colombia?

F.N.: Estoy en Colombia desde agosto, debería estar en Estocolmo pero por algunos asuntos personales y familiares decidí quedarme más tiempo acá. No ha sido tan fácil, es época fría y los choques culturales por esa cantidad de años viviendo en el exterior a veces hacen un poco complicadas las cosas. Es muy lindo también aprender, ha sido mucho tiempo por fuera y son muchas cosas que ya ignoro de mi propio país.

Aquí tengo una muy buena madrina que es Maria Eugenia Penagos y ella me ha involucrado muy bien en las actividades que tiene el Circulo Colombiano de Artistas y el Teatro Bernardo Romero Lozano. He asistido a interesantes conferencias. He visto diferentes obras de teatro y festivales, todo esto me anima a venir más seguido y cooperar de una forma muy humilde. Esto de venir a enseñarle a los brujos brujería y uno también brujo es como intercambiar las hechicerías del arte.

Mientras permanezca  aquí quiero participar como espectador por lo menos en el Festival Iberoamericano de Teatro y durante este tiempo asistir a distintos eventos del arte. Siempre he pensado que Bogotá es una ciudad muy rica en hacer actividades con mucho sacrificio ya que falta ayuda del estado.  

Mi estadía en Colombia sería hasta el 22 de abril del año próximo. Me encantaría trabajar un poco más con el teatro Bernardo Romero Lozano y el CICA y también ofrecerme a otras posibilidades de cooperación. Mis deseos son de aprender e intercambiar conocimientos. La idea es estar moviéndome entre Suecia, Colombia y Oriente Medio, hasta cumplir el tiempo de mi pensión.

G.P.: Muy amable

F.N.: Muchísimas gracias por este detalle para conmigo. Creo que en esta entrevista está la esencia de la búsqueda del ser humano. Un abrazo y hasta un próximo encuentro.

“Yo pienso que las nuevas generaciones son fantásticas para trabajar con ellos.”  

En la imagen: Fernando Nope (centro) Al-Fawanees Musical 2019. Conservatorio Nacional de Música Palestino Jerusalen.

 

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