Jue, 02/20/2020 - 09:33

Guillermo Díaz Salamanca: “Mientras podamos estar en la radio, ahí estaremos”

Entrevistar al gran hombre de radio, Guillermo Díaz Salamanca, tomó su tiempo pero valió la pena. Fueron varios meses en los que en algún momento me di por vencido y ya prácticamente descartada de la agenda, las cosas se dieron de la manera más inesperada. Será entonces esta entrevista, una de las más especiales y aguardadas de mi lista.

Haber entrevistado al hombre -considerado más importante en algún momento en Colombia-, fue todo un honor pero no fue tarea fácil. Esa noche en la que finalmente daba por hecho de que estaba grabando nuestra conversación, entendí una vez más que en la vida todo tiene una fecha y hora inquebrantables.

A través de su voz serena y pausada, como la de aquel sacerdote que nunca fue, Guillermo Díaz Salamanca empezó muy cortésmente a responder mis inquietudes de manera simple y espontánea. Sin afanes, sin pretensiones, con la tranquilidad de quien nada debe.

Al igual que en las presentaciones de otros de mis invitados, también en la de él, obvié el discurso de su hoja de vida, porque simplemente su nombre lo dice todo. Con Guillermo Díaz Salamanca, cabe perfectamente traer a colación aquel conocido adagio que dice: “Una imagen vale más que mil palabras”.

G.P.: ¿Cómo se originó su talento para imitar?

G.D.S.: Hombre, esto es una cosa que viene conmigo desde niño. Creo que la desarrollé primero que todo en mi casa, imitando a las personas que nos visitaban y ya después en la radio, en los medios.

G.P.: ¿Y seguramente hasta se ganó algún regaño por parte de sus padres?

G.D.S.: Por lo menos de mi mamá sí. Mi mamá solía esconderme cuando llegaban las visitas porque yo imitaba las personas que llegaban a la casa y a mi mamá le daba pena pero yo era muy relajado, muy fresco, muy tranquilo para hacerlo.

G.P.: Usted se suma a otras personalidades de los medios en Colombia que en su momento pensaron en el seminario. Por ejemplo, Eucario Bermúdez (q.e.p.d) y William Vinazco Ch. ¿En su caso qué le llamó la atención del seminario?

G.D.S.: Pienso que esto tiene que ver con la cultura y la época. Digamos que hace unos años nuestro país era muy dado al tema católico y todas las creencias eran prácticamente basadas en el catolicismo. En semana santa por ejemplo comer pescado no era posible, oír música con volumen era pecado, bañarse el viernes santo era pecado. Hoy en día todo esto ha cambiado. La gente el viernes santo se baña, los centros comerciales los abren, uno se puede bañar y no le pasa absolutamente nada, total de que hay una cantidad de mitos en torno a eso y crecimos con esos mitos y creencias y con esa fe por supuesto.

Un poco de lo bueno de la época era que las niñas algunas, no todas, fueran monjas y que los hombres fuéramos al seminario a ver si intentábamos ser curas, y a mí no me disgustaba para nada el tema. Igual fui acolito, ayudé en la iglesia de mi barrio, también ayudé en la iglesia de la Emisora Mariana de Bogotá que era la iglesia de los padres agustinos, la de San Agustín, en pleno centro de Bogotá en alguna época. Estudié en un seminario, intenté ser sacerdote pero allá se dieron cuenta que no tenía vocación.

G.P.: ¿Y precisamente la Emisora Mariana fue su despegue en la radio?

G.D.S.: Pues si porque yo no sabía nada de radio y allá me abrieron las puertas muy amablemente los padres Agustinos. Me permitieron aprender y meterme en ese mundo mágico de la radio y gracias a que me abrieron la puerta obviamente llevo varios años en este oficio que me gusta tanto y que lo entiendo tan bien.

G.P.: A usted se le conoce como un hombre tranquilo, pausado. ¿Algo que le dañe esa tranquilidad?

G.D.S.: Uno trata de vivir una vida tranquila pero sin lugar a dudas hay cosas que intranquilizan. En los tiempos que vivimos intranquiliza la inseguridad particularmente. Obviamente tengo hijos y nietos también y uno se preocupa por los temas de ellos pero procuro no exaltarme y ser muy tranquilo en específico en los temas de trabajo. Llevarme bien con los compañeros de trabajo.

Hay estilos y hay escuelas y maneras de hacer las cosas. Hay algunos periodistas y algunos jefes de programas y conductores de programas que son de un carácter muy fuerte, que tienen la particularidad de tratar a la gente de una manera muy militar, muy estricta, ese no es mi estilo propiamente. Soy muy calmado, hasta donde aguanta, pero tengo una máxima que me decía mi papá: “Hay que ser sereno en el peligro y peligroso en el sereno.”

G.P.: Usted dijo que obtuvo su licencia de locutor número 622 pero que de radio no sabía nada. Luego aprendió. ¿Considera conveniente que ahora a los locutores se les exijan esa licencia?

G.D.S.: Los tiempos han cambiado mucho. Antes era necesario. Había unas voces fantásticas en nuestra radio. Hoy en día la radio ha perdido un poco esa magia y ese encanto. Usted analiza y no hay en materia de voces que sucedan a los que fueros los grandes maestros, por mencionar un Eucario Bermúdez Jorge Antonio Vega Juan Harvey Caicedo Alberto Piedrahita Pacheco, en fin, no hay voces que se asemejen, que se acerquen, a lo que en su momento fueron ellas. Entiendo que los tiempos han cambiado. Ahora en las emisoras musicales se habla mucho, es más lo que se habla que la música que se pasa.

Yo creería que ese filtro de la licencia de locución tampoco es que sirva mucho.

Igual en el caso mío por ejemplo yo obtuve la licencia sin tener mayor conocimiento de los temas de la radio, posteriormente de tenerla comencé a trabajar en la radio y he alcanzado lo que he logrado pero no creo que con la licencia como tal, se logre mucho tampoco.

G.P.: ¿Cuál es el crédito del reconocido Marco Aurelio Álvarez en la creación de La Luciérnaga?

G.D.S.: La Luciérnaga es un programa que lleva más de veinticinco años en Caracol. Surgió después del apagón en el gobierno del presidente Cesar Gaviria. El país estaba en una tremenda crisis en materia eléctrica e hídrica y por orden gubernamental hubo una necesidad de apagar las luces a una determinada hora y con esto tuvimos que cumplir todos los colombianos. Al estar el país en la penumbra había que ser muy creativos en la radio para entretener a las personas con su transistor, cosa que difícilmente se podía hacer en la televisión salvo quienes tuvieran planta eléctrica.

En Caracol surgió la idea por una iniciativa de Marco Aurelio Alvarez al sugerir hacer un magazín con humor, variedades, noticias y música. El ha sido un hombre de radio que ha creado muchas cosas y ha tenido muy buenas iniciativas y me parece que un poco él, fue quien pone esa semilla para que La Luciérnaga llegara a ser lo que fue después y lo que es hoy.

G.P.: ¿Cómo influyó en su carrera radiofónica Yamid Amat?

G.D.S.: Yamid Amat fue la persona que me motivó a dedicarme a hacer humor en la radio. Yo estaba dedicado a las transmisiones deportivas, era relator deportivo, en esa época trabajaba en Todelar. Un día fui invitado a un programa de Caracol Radio a hacer unas imitaciones y Yamid me vio, el no me conocía, obviamente yo si conocía la gran figura que era Yamid Amat.

Entablamos una amistad que perdura todavía aún hoy. El fue quien me impulsó, me motivó, me convenció de que debía dedicarme más a hacer humor que a la parte deportiva.

Cuando de lleno me dedico al humor no dejo de lado lo deportivo. Con el tiempo creé el Pulso del Fútbol, programa que hacían Iván Mejía y Hernán Peláez, manejé la Cadena Deportiva de Caracol durante dos años, para la Cadena Fox Sports Latinoamérica, inventé el programa los Tenores del Fútbol, que eran Hernán Peláez, Carlos Antonio Vélez e Iván Mejía, dirigí durante dos años la Vuelta a Colombia en Bicicleta, las transmisiones de Caracol, fui parte de la Organización de dos vueltas a Colombia, total de que no he dejado el tema deportivo pero sigo con el tema del humor haciéndole caso a Yamid.

G.P.: ¿Usted es reconocido como el “Hombre de la Mil voces”, de esas mil, alguna que le haya resultado complicado imitar?

G.D.S.: Hay unas que son sumamente difíciles y realmente si son muchas las imitaciones que Dios me ha permitido hacer a lo largo de mi carrera. No es fácil, pero hay algunas voces que por su tono, por la forma en la que la persona habla es complicado imitarla. Son voces neutras, que no tienen altas ni bajas y que no permiten encontrar la manera de imitarlas.

Un ejemplo fue la voz del ex presidente Virgilio Barco que en su momento fue muy difícil para mí. Después, escuchando la manera como el colega e imitador, Alirio Parra, imitaba al ex presidente, fue que yo aprendí a imitarlo también. Alirio lo imita muy bien.

G.P.: ¿De sus imitaciones recuerda alguna en especial en donde se haya visto en algún problema serio?

G.D.S.: No. Normalmente la gente lo recibe como un homenaje. Es decir, más o menos el símil es que fuera una caricatura para un diario o revista. Esta es en cambio una caricatura con la voz, entonces de alguna manera lo que se hace es rendirle un homenaje a la persona que está imitando independiente de lo que esa persona haga. Lo mío tiene que ver mucho con los deportes, la gente de la política y funcionarios del estado reconocidos y que tienen mucha exposición mediática pero ninguno hasta ahora se ha molestado conmigo porque haga imitaciones o porque haga alguna broma con su trabajo.

G.P.: En Caracol fue pionero con La Luciérnaga y en RCN dirigió El Cocuyo en ambas ha tenido éxito. ¿Qué opinión tiene de cada una de estas empresas?

G.D.S.: Sin duda alguna mi paso por Caracol me permitió conocer una empresa magnífica, maravillosa, gente extraordinaria. Es una industria de medios de comunicación.

RCN es una empresa donde se mira más el aspecto familiar. Si bien es cierto que compite en todos los aspectos con Caracol, es muy distinta en su conformación. En RCN son personas que tienen un profundo respeto por la familia. Siempre hay una información para todo el colectivo de la cadena indicando por ejemplo que alguno de sus empleados ha fallecido. Eso la hace ver como una empresa muchísimo más familiar en comparación a Caracol, pero ambas son sin duda alguna las dos mejores empresas de medios que existen en Colombia.

G.P.: Se lo digo con toda honestidad. Jamás en mi vida había escuchado a una persona con la frialdad como usted describió que pagaría una deuda de 950 millones de pesos. ¿Esa serenidad suya para afrontar problemas de este tipo de donde salió?

G.D.S.: Lo que pasa es que tal vez lo más fácil hubiera sido salir corriendo y tirarse uno por una ventana. Eso es lo más fácil siendo muy difícil. Pero el camino más difícil era pagar la deuda. Y si es una deuda que uno ha adquirido tiene que ser responsable y pagarla y la verdad me parece que no podía transmitirle a mi familia esa desazón, ese desespero, esa angustia y simplemente lo tomé con mucha calma y cuando me preguntaron cómo iba a pagarla respondí que con mucha dificultad pero la pagué.

Esto es lo que la vida nos enseña. Por muy difícil que sea el reto hay que asumirlo y enfrentarlo, hay que ponerle el pecho y hay que ser capaz de pensar, de crear como poder salir adelante. Lo hice. Le doy gracias a Dios por supuesto. Me apoyé mucho en Dios. Soy muy creyente y Él no me dejó abandonado ni me dejó tirado y ahí estoy. Avancé. 

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