Sáb, 09/22/2018 - 10:02
Este año se conmemoró el Día Internacional de la Paz, bajo el lema "El derecho a la paz: 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos".

Reflexiones acerca del Día Internacional de la Paz

Por: Carlos Juárez, director en México del Instituto para la Economía y la Paz.

¿Qué falta para poder impulsarla a nivel mundial? Todos hablamos de ella, pero curiosamente, un tema muy recurrente en las conversaciones cotidianas y que representa una de nuestras mayores preocupaciones, es también uno de los más confusos y menos definidos. La mayoría de nosotros ha participado en alguna conversación que comienza con un comentario sobre la violencia y continua con opiniones acerca de su causa principal. Las opiniones van desde la falta de paz interior, hasta la geopolítica, pasando por la falta de valores, la religión y la ineficiencia de los gobiernos.

Así, hablamos mucho sobre la paz y estamos muy conscientes de su ausencia, pero pocas veces la definimos o logramos tener una idea clara de sus características.

Es común definir la paz partir de lo que no es. Es decir, queremos un país sin homicidios, sin robos ni crimen. Deseamos una sociedad sin violencia, donde se viva sin miedo, etc. Esta definición, que se refiere a la ausencia de violencia directa, se llama Paz negativa. Y si bien estas condiciones son indispensables y muy deseables, también sabemos que no son suficientes para garantizar una sociedad pacífica en el largo plazo.

Para construir una paz duradera o Paz positiva, es necesario atender las causas raíz de la violencia directa. Esto significa desactivar otros tipos de violencia, más profundos, y por lo tanto menos visibles.

¿Violencia o violencias?

Johan Galtung, pionero en el estudio de paz y conflicto, clasifica la violencia en tres tipos:

Violencia directa, que se refiere a las formas tradicionales y más evidentes de “hacer daño”, los golpes, insultos, el acoso escolar y el crimen son algunos ejemplos. Según Galtung, estas manifestaciones violentas son la punta del iceberg, es decir, que son apenas los síntomas de la enfermedad.

La Violencia estructural es producida por las instituciones y algunas construcciones sociales que forman parte del contexto y entorno en que vivimos, como el modelo económico o el sistema político, y que al negarle derechos y satisfactores básicos a las personas, también las violenta. Estas estructuras pocas veces son cuestionadas ya que “siempre” han estado ahí y son las reglas del juego que consideramos fijas e inmutables.

Un tercer tipo de violencia tiene que ver con las actitudes y creencias de las personas, las cuales justifican o normalizan las violencias directa y estructural. Así, algunas injusticias y agravios se vuelven aceptables al estar basados en diferencias ideológicas, religiosas o sociales. El machismo, la homofobia, el clasismo y el racismo son algunos ejemplos de Violencia cultural.

Al ampliar la definición de violencia, se amplía también el concepto de paz. Aunque quizás resulta más interesante y útil reconocer que todos ejercemos alguna de estas violencias en algún momento. Si esto es cierto, significa también que algunos cambios en nuestro comportamiento pueden desactivar la violencia que generamos y, por lo tanto, construir paz.

En el Instituto para la Economía y la Paz nos dedicamos, desde hace 12 años a nivel global y desde hace cinco en México, a cambiar la conversación pública hacia un enfoque de paz positiva. Así, a partir del análisis de muchos y muy diversos casos alrededor del mundo, proponemos Ocho Pilares de Paz Positiva que representan los factores que la impulsan en el largo plazo y ayudan a mantenerla.

¿Quién construye la paz?

Resulta evidente que hasta ahora, la forma en que se ha analizado la violencia y las estrategias para prevenirla no han dado los resultados esperados. Las tasas de homicidio siguen incrementándose, la criminalidad prolifera, y el miedo y el sufrimiento se extienden a lo largo del país.

Recientemente, el Índice de Paz México 2018 señaló que, contrario a la percepción popular, la crisis de violencia en el país no se explica solamente por el crimen organizado: la delincuencia común y la violencia interpersonal también se han incrementado durante los últimos tres años, lo cual significa que nuestras interacciones cotidianas (en la casa, el trabajo, la calle y la escuela) se han vuelto cada vez más violentas. Ante tal panorama, es necesario abordar la violencia desde una mirada social más amplia, con intervenciones que vayan más allá de patrullas, armas y policías.

Colombia, que se sitúa en el puesto 145 del ranking del Índice de Paz Global, está entre los países peor valorados por éste índice, es decir entre los más peligrosos del mundo. Ha mejorado su situación respecto al año anterior, ya que en 2017 estaba en el puesto 146. ha obtenido 2,729 puntos en el Índice de Paz Global (Global Peace Index) que publica el Institute for Economics and Peace, con lo que mejora su puntuación respecto al informe del año anterior, en el que obtuvo 2,777 puntos.

Este indicador mide el nivel de paz y la ausencia de violencia en un país. Además de la evolución de la puntuación, es fundamental la evolución que tenga el país en el ranking que lo compara con el resto de los países.

Un enfoque integral sobre estos fenómenos implica también capturar su complejidad, incorporando al análisis algunas interacciones y actores que comúnmente se consideran ajenos a las soluciones. En otras palabras, y respondiendo a la pregunta de ¿quién construye la paz?, la respuesta es todos, por supuesto, pero definiendo responsabilidades específicas y ámbitos concretos de participación.

A todos nos preocupa y afecta la falta de paz y un primer paso para construir el país que anhelamos es reconocer que las respuestas no vendrán de un sector solamente. Sin negar que nuestros gobiernos tienen una gran responsabilidad y deuda con nosotros en materia de seguridad, también es fundamental que los académicos generen conocimiento sobre el tema; que las empresas contribuyan a la generación de condiciones sociales más justas y menos desiguales; que las organizaciones religiosas acompañen alas víctimas; o que las escuelas y familias formen ciudadanos más éticos y personas más solidarias.

La violencia no solo se trata de un tema de inseguridad, sino de desarrollo económico y desigualdad social. La paz, más allá de ser una meta es un proceso de construcción, y existen múltiples formas para colaborar.

Al asumir esto como parte de su responsabilidad social e invertir en una cultura de paz, las empresas tienen múltiples beneficios, como contar con una estrategia de manejo de riesgos, disminuir costos asociados a la inseguridad al interior, mejorar su reputación y alinear la estrategia de negocio a las mejores prácticas mundiales.

Cuando las empresas crean estrategias y desarrollan iniciativas que construyen una cultura de paz, tanto al interior como al exterior de la organización, contribuyen además al cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 16 de la ONU, que propone precisamente promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas.

¿Cómo construir una cultura de paz?

La iniciativa privada puede invertir en una cultura de paz de las siguientes maneras:

  • Adhiriéndose a iniciativas globales o nacionales, como los ODS a nivel global o Negocios para la Paz de Pacto Mundial, por mencionar algunas.
  • Crear y ofrecer oportunidades laborales dignas para personas afectadas por conflictos o temas relacionados a la violencia.
  • Campañas de comunicación y concientización sobre temas de violencia y cultura de paz entre colaboradores, familia y sociedad civil.
  • Negocios inclusivos que vinculen a población vulnerable.
  • Apoyo a organizaciones sociales que trabajen con temas relacionados a la paz.
  • Gestión responsable de la cadena de valor.

Es cierto que transformar las estructuras, actitudes e instituciones es un proceso de largo plazo, pero también es cierto que entre más pronto comencemos a trabajar, más cerca estaremos de lograrlo. Frente a este difícil escenario debemos saber que no estamos condenados a vivir con miedo y que podemos construir una mejor realidad, que un mejor país es posible.

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