Vie, 01/13/2017 - 16:57

Una nueva modalidad para el tráfico y transporte de cocaína fue develada por el Ejército Nacional.

El operativo realizado en diciembre de 2016, finalizó con la captura de 5 ciudadanos mexicanos y la incautación de la droga que se comercializaría en el exterior.

Utilizando avanzadas técnicas de empaque los traficantes pretendían sacar del país cerca de dos toneladas de clorhidrato de cocaína en 30 cajas metálicas herméticas, que al parecer tenía como destino final Estados Unidos, haciendo escala en México.

Dos equipos de soldadura, un taladro, una máquina tipo prensa para inyectar caucho a las cajas metálicas, una prensa hidráulica para empacar al vacío, un montacargas y varias herramientas para vulcanizado de caucho, entre otros elementos, eran necesarios para alistar cada una de las cajas metálicas recubiertas que contenían 62 bloques tipo panela de clorhidrato de cocaína de 1 kilo cada uno.

La carga fue incautada en una bodega en el Municipio de Sibaté, donde funcionaba un taller de metalmecánica como fachada, muy cerca de la capital del país para no despertar sospechas de las autoridades. El cargamento estaba siendo empacado para su transporte hacia un puerto de Colombia y de ahí en barco hacia el exterior. Cinco ciudadanos mexicanos eran los encargados de embalar la droga y realizar la sofisticada modalidad de empaque, que al parecer era utilizada por los carteles de narcotráfico desde hacía cerca de 10 meses, el personal detenido y los elementos incautados procedían de mencionado país.

Los bloques (panelas) de 1 kilo cada uno, son prensados y forrados con bolsas plásticas de alta densidad. Estos a su vez eran empacados en 30 cajas de hierro forjado de unas dimensiones de 1.5 metros por 80 cm aproximadamente cada una, las cuales eran forradas con espuma de caucho con recubrimiento de papel de aluminio, un material elástico de apertura-cierre, el cual es suave, anti-flexión, resistente al calor y frío, impermeable y que además ofrece una conductividad térmica baja y un buen rendimiento de absorción de impactos y de sonidos. Dicha espuma bloquea el fuego y el humo, no se derrite cuando entra en contacto con el fuego y tiene la característica de ser auto-extinguible.

Durante el proceso de empaque las 62 kilos de clorhidrato de cocaína de cada caja vulcanizada, son cubiertas con pulverizado de hule de llanta (para evitar el olfato de los caninos) y posteriormente las cajas son soldadas con tapa de hierro y nuevamente sometidas a un recubrimiento con láminas de caucho vulcanizadas, para lograr una mayor cohesión del material, lo cual lo vuelve más duro y resistente al frío y al calor. Los insumos o materias primas para la fabricación del embalaje eran importados de México.

A simple vista las cajas no permitían observar ninguna anomalía. Al ser revisadas por las autoridades portuarias ninguna de ellas podía ser abierta en su totalidad debido a la complejidad del empaque, por lo que pasaban como material de recubrimiento para la proa de los barcos.

En este operativo interagencial realizado por el Ejército Nacional y el CTI de la Fiscalía, la droga incautada alcanzaría un valor base en Estados Unidos de unos 100 millones de dólares, con lo que se logró una significativa afectación a las finanzas de las redes que se nutren del narcotráfico. Las autoridades aseguraron que se dejaron de comercializar 2 millones de dosis del alcaloide aproximadamente.

Es la primera vez que en Colombia se encuentra el clorhidrato de cocaína empacado de esta forma. Lo cual indica que cada vez son más novedosas las formas en que los narcotraficantes intentan sacar droga de nuestro país hacia diferentes destinos.

Recordemos que a principios del año 2016 en una casa de Fusagasugá, se encontró un cargamento de coca, empacado en 1.146 lonas de un kilo cada una marcadas con logos de marcas de cigarrillos, listo para ser enviado al parecer a México, camuflado en productos agroquímicos. Según las autoridades, la droga habría llegado de los Llanos Orientales y de Norte de Santander. En ese mismo operativo fue encontrado un bulto de café, otros sacos que expelían un fuerte olor, aserrín y un radio de telecomunicaciones.

El 15 de septiembre de este año fueron incautadas 19 panelas de clorhidrato de cocaína camufladas en las puertas de un vehículo de baja gama, el cual se movilizaba tranquilamente por las calles de Chinauta.

Así mismo, el aeropuerto internacional El Dorado es uno de los lugares en donde ronda la actividad delincuencial de tráfico y transporte de estupefacientes. Allí se han descubierto varias formas de empaque de los alcaloides, incluida la solución mezclada con cerámica con la cual fabricaban hermosas piezas artesanales. Todo esto llama la atención acerca de las nuevas estrategias que utilizan los supuestos viajeros para transportar drogas sin generar sospechas.

Esta modalidad supera con creces la antigua forma de sacar alcaloides adheridos al cuerpo o ingiriéndolos en cápsulas de látex y mucho más, a aquel episodio curioso que sorprendió al país en el 2015, luego de que una pareja pretendió sacar 5 kilos de cocaína camuflándolos entre sándwiches.

De acuerdo al estudio “Narcomenudeo en Colombia: una transformación de la economía criminal”, que elaboró el Departamento de Planeación Nacional y que es una aproximación a los métodos del negocio del narcotráfico en el país, el control que hoy tienen los carteles mexicanos sobre el negocio, especialmente de la distribución en las calles de Estados Unidos, golpeó las ganancias de los narcos colombianos hasta reducirlas a la décima parte de épocas anteriores. Hoy, según cálculos de Planeación, la utilidad de los traficantes colombianos que envían la cocaína al exterior está sobre un 300 por ciento, lo que contrasta con la aterradora cifra de los años 80 cuando las utilidades del negocio llegaron al 2.800 por ciento.

Pese a los duros golpes dados al narcotráfico en nuestro país, según datos de la ONU, Colombia es el principal cultivador mundial de hoja de coca, materia prima de la cocaína, y también el mayor productor de esa droga con 646 toneladas en 2015. Durante el 2016 las autoridades colombianas han decomisado más de 300 toneladas de cocaína, una cifra récord que esperan superar este año.

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