Mié, 07/10/2019 - 10:07
Foto: Archivo personal de German Tessarolo.

“Uno no es de donde nace sino donde se siente bien”: German Tessarolo

Para hablar del Maestro Germán Tessarolo hay que incluir varias cosas a la vez: rebeldía, desapego, aventura, noche, bohemia, pasión, desnudos, arte, pintura, religión, cigarros, colores, libros, montañas, café, alcohol, paz, gastronomía, espiritualidad, tango, soledad, filantropía, amor, solidaridad, unión, palabra, poesía.

Germán Tessarolo es un artista sin límites y fue un rebelde con causa. Sus intenciones a muy temprana edad de querer convertirse en pintor tomaron vuelo cuando apenas era un adolescente. 
Inmigrar, conocer otros lugares, otra gente, vivir su propia vida, desplegar su talento, maravillarse con su arte, fue quizás la decisión correcta de su vida, aquella que también fue incorrecta para su familia y sobre todo para su padre. 

“No soy de aquí ni soy de allá” dice la canción de Facundo Cabral y tal vez podría aplicarse a la vida de este pintor que nació en Italia y se crió en Argentina, pero hace medio siglo escogió y se instaló en Colombia como su país de adopción porque su filosofía es que uno no es de donde nace si no donde se siente bien.   

Esta entrevista es tan sólo una pincelada en la exuberante historia de este reconocido artista.

G.P. : ¿Cómo fue haber crecido y vivir la juventud en Argentina?

G.T.: Fue una época bonita. Con muchos cambios de presidentes pero un ambiente muy agradable. No había todavía ese despelote que se descolgó después pero era un país muy chévere, muy alegre. Yo nunca me pude adaptar muy bien. Nunca me gustó mucho pero lógicamente viví una niñez y una adolescencia con mis amigos muy bien.  Rumbeábamos, se trabajaba. Había otra calidad de vida. Ahora no sé cómo estará esa parte porque yo ya vivo acá hace 50 años. Te podrás imaginar que ni idea.

G.P. : ¿Por qué quiso volver a Italia a los 17 años?

G.T.: En esa edad uno quiere buscar muchas cosas. Quiere ver otras opciones. Yo estaba pintando. Trabajaba en publicidad. Modelaba. Allá tenía amigos que estaban un poco en lo mismo y me metí en esa amistad con ellos y casi que vivíamos todos juntos en el mismo edificio. Hacíamos de todo un poco pero fue una etapa muy linda. Muy chévere.

Un poco la época de la “Dolce Vita”, de Mastroianni, de Fellini. Todas esas películas que se realizaban en esa época. Buena música.  De noche todos los bares que estaban al lado del edificio llamado El Panteon Romano en donde se reunían los senadores.. Era una época tranquila, lo único peligroso era que de noche no podías parar en los semáforos en rojo. Tenías que seguir porque ahí nadie paraba. Nadie respetaba los semáforos. No podías parar. Era una época en la que no había tecnología pero había diversión. La rumba era más sana. También era mucho más barato vivir allá. Todo se vino abajo con el tema de la Comunidad Europea pero si no era un vividero fabuloso.

G.P. : ¿De hacer dibujos animados, trabajar en publicidad y modelar que le dejó los recuerdos más especiales en su vida?

G.T.: Las agencias de publicidad estaban todas en Milán entonces pasábamos bastante tiempo en esta ciudad bastante polucionada. Estaban todas las agencias más importantes y los diseñadores. Allí desfilábamos.

¿Qué me recuerda todo esto? O sea la época tan chévere que nunca nos cansábamos. Éramos muy jóvenes. Inmortales. Todo el tiempo de un lado para el otro. Todo muy bien. A veces la familia de alguno de los chicos nos invitaban a cenar y preparaban una spaguetata o una rabiolada de esas echa en casa en unas mesas inmensas y todo el mundo echando harina en los rabioles. Fue genial. Una época hermosísima.

G.P. : ¿Por qué era el hijo preferido de mamá?

G.T.: Con mi padre siempre tuve problemas. La relación de mi hermano con mi padre era mucho mejor que la que yo tenía con él. Mi padre era una persona muy autoritaria. El quería que yo fuera a trabajar al banco como él. Intentó como artista, esto y lo otro y terminó en un banco y quería que yo hiciera lo mismo. El no se tuvo fe como artista. Vivió frustrado con ese tema.  Esto generaba muchas discusiones entre ambos pero yo a los 15 años me fui y se acabó.

Yo era el preferido de mi mamá porque era el mayor. Mi hermano ya partió con el Señor. Con mi mamá tenía una relación muy linda, muy especial. Pasaron diez años desde mi partida en los que mi madre casi no sabía de mi y cosas por el estilo.  Son cosas de la vida. Una familia bastante disfuncional. Mi mamá era una mujer muy amorosa. Una napolitana a carta cabal pero con mi padre era una situación bastante complicada. Recuerdo que ponía una pista y se dedicaba a cantar los fines de semana y se sentía Caruso en el comedor de la casa. Vivía su fantasía de esa manera.  En esa época ser artista,  ser pintor era un submundo. Era una cosa de locos, muy mal vista. Era asociar las convivencias con las mujeres, la bohemia, la mala vida, el trago.

G.P. : Usted tiene un hijo. ¿Quisiera compartirnos cómo es su relación con él?

G.T.: Somos amigos.  Hablamos de todo tipo de cosas. Es un muchacho muy sano. Muy querido. Tranquilo. Hace su vida en Miami en donde trabaja y estudia. Nos vemos continuamente gracias a la tecnología. Cuando era pequeño yo lo llevé un par de veces a Buenos Aires y mi papá lo conoció y lo trataba de una manera muy especial como me hubiese gustado que me tratara a mí. 

Creo que a cada uno le toca como le tocó. De pronto pudo haber sido peor o mejor. No sé.  A mí me tocó vivirla de esa forma y así se escribe la historia.

G.P. : ¿Ahora más tranquilo como analiza aquellos tiempos  de loca juventud, de desprendimiento familiar?

G.T.: Bueno, es como se dice en las misas, es justo y necesario esa etapa de búsqueda y de desasosiego porque después empieza una tranquilidad, una calma, se empieza a madurar la obra.

En fin. Aunque uno muchas veces es muy inquieto, juguetón, pero en el trabajo siempre hay que seguirla luchando porque es tu desafío. Lo peor que tú puedes hacer es quedarte con la vaca atada. Cuando ya pensas que tenes la vaca atada ahí empezas a perder porque ahí se acaba la creatividad y se acaban muchas cosas.  Hay que estar creando todo el tiempo.

Es como en tu trabajo, en la locución se está creando todo el tiempo. Enganchando nuevos oyentes a través de esa magia que produce la radio.

G.P. :¿Para usted fue realmente claro que lo que quería hacer en su vida era pintar?

Si, así es.

G.T.: Esa La tenía muy clara pero mi papá no tanto y él quería que yo tuviese una carrera más digna, más seria, más segura. Entonces muchas veces la seguridad te corta las alas. La seguridad no te hace feliz. Claro está la cuestión de la incertidumbre que es otro precio que tenes que pagar pero por lo menos tenes más tiempo para crear y si uno es disciplinado y trabaja encontras tu propio estilo y se empieza a agarrar velocidad. No me arrepiento en nada en cuanto a lo que he hecho en mi trabajo.

Todavía hago cosas en publicidad. Hago talleres de Arte Terapia . Diseño campañas publicitarias para laboratorios pero me divierto porque yo le meto arte a todo.  

G.P. : ¿A quién considera cómo su modelo en la pintura?

G.T.: En Colombia siempre me gustó mucho Obregón.  Para mí el pintor del trópico ha sido Obregón. Nos conocimos, fuimos amigos en una época. Para mi es quién tiene la magia en la pincelada en Colombia.  También me gusta la obra de Enrique Grau.

Tengo empatía  con varios artistas del exterior, uno de ellos es el francés Bernard Buffet.

G.P. : ¿Qué nos dice de su buen amigo Julio Cesar Luna ahora que está interpretando tango?

G.T.: Bueno. Hay tangos que los canta muy bien y les pone mucho sentimiento. Para mi sigue siendo una sorpresa que él se dedicara al tango. Yo pensé que al principio lo hacía como por molestar pero luego pude ver que lo hacía de una forma muy profesional, muy seria y muy bien, es muy válido.  Tiene la voz, tiene la personalidad, tiene el aspecto del Milonguero viejo. Me parece divertido.  Chévere.  Se ha presentado en centros comerciales en ocasiones especiales y tiene sus seguidores. 

G.P. : ¿Por qué lo atrapó Colombia?

G.T.: El clima de acá que nunca hay invierno. Vivir entre las montañas me parece muy simpático. Las comidas, los olores, la gente, el café. Recuerdo que cuando llegué a Colombia tomaba grecas de café al día y fumaba mucho cigarrillo.

G.P. : Usted ya hizo historia en Colombia por haber sido el primer modelo en posar desnudo. ¿Qué opina al respecto?

G.T.: Eso fue en el año 1976 era la época del destape, de la locura. Fue para una revista en donde salieron varias fotografías prácticamente desnudo y fue el comienzo también para que otras personas empezaron a salir en revistas haciendo lo mismo. Se dio en otras partes del mundo. ¿Por qué no en Colombia? 

G.P. : Estuvo casado con la actriz Amparo Grisales. ¿Quién fue Amparo Grisales en un momento de su vida?

G.T.: Una persona que conocí, que tuvimos una relación y como todas las cosas empiezan y terminan. Cada unos estaba en su carrera, en su camino y hay que respetarlo. No duró mucho pero forma parte de un tiempo, de un recuerdo.

“Uno no es de donde nace si no donde se siente bien”- Germán Tessarolo en su estudio. Foto de su archivo personal.

G.P. : ¿Desde el momento en que se identificó con la religión evangélica hasta la fecha que siente de esta otra experiencia de vida?

G.T.: Estuve en el evangelio treinta y cinco años. Un día hace un año más o menos volví nuevamente a la religión católica. Un día salí de una congregación y sentí un gran vacío, algo que no entendía por qué a la madre de Jesús en las iglesias cristianas no la nombraban mucho. Me rebelé y volví nuevamente al catolicismo. Soy de familia católica, apostólica y romana. Tengo familiares, parientes que han sido cardenales y siempre en la familia habían visitas de sacerdotes los fines de semana, incluso monseñores en casa de la abuela. 

En ese regreso me encontré en paz y tranquilidad. Incluso tengo amigos evangélicos y pastores, entre ellos el actor Moisés Angulo.

G.P. : El haber superado su adicción al alcohol y vida de bohemia usted lo considera como un milagro ¿Por qué?

G.T.: Porque uno se cansa de todo y si uno no sale de eso en un momento dado quedas atrapado en ese medio y ya después es tarde.

Fue un tiempo de unas tres décadas. Lo importante es que logré salir de esto y volví a hacer la maleta.  

G.P. : ¿A través de la pintura como está contribuyendo a crear sociedad?

G.T.: Estoy trabajando en talleres de Arte Terapia. Es justamente terapia a través del arte. La pintura es la terapia más eficaz y más utilizada en este momento a nivel universal. 

Trabajo con niños que tienen discapacidad cognitiva.

Hago talleres con empresas comerciales. Hacemos charlas en las que se pasan una serie de mensajes para ir poniendo a la gente en un punto y después empieza el taller de pintura en donde se saca a ese niño interior que todos tenemos y después de unas cuatro horas hay un encuentro, una apertura de muchas cosas que nos hacen sentir muy bien como personas. 

 Yo vivo muy encerrado trabajando mucho. Me gusta la soledad pero también trabajar con la gente y en eso estoy colaborando en este mundo loco. 

G.P. : ¿Cómo describe la Colombia adolorida que una gran mayoría ni imaginamos?

G.T.: Yo volé durante casi tres años con el periodista Antinio José Caballero en una emisión llamada  “Alas para Colombia”. Íbamos unas diez avionetas con muchas personas entre ellos médicos y periodistas a las ciudades en donde había pasado la guerrilla y mientras ellos hacían cirugías y operaban yo juntaba los niños y la gente de la zona y pintábamos murales en los centros de salud y en los colegios. 

Yo conocí esa Colombia que muy poca gente conoce. LLegar a un pueblo después de que pase una cosa de estas tú no te imaginas. Es una cosa muy fuerte, muy triste, muy deprimente.

Aterrizábamos en las canchas de fútbol, en las trochas, era todo muy al estilo MASH. Fue una experiencia muy interesante conocer esa otra Colombia más de cerca que no todos la conocen.

También estuvo con nosotros realizando una importante labor el publicista Camilo Arjona, ya fallecido. 

G.P. : ¿Es feliz en este momento de su vida?

G.T.: Si, trato de serlo. Cada cosa, cada movimiento, cada obra va dejando parte de ti y es un poco verte.

La obra es un espejo del alma. Tú ves en el momento en que haces una obra lo que estas sintiendo, todo ese tipo de cosas reflejan un scaner del alma. 

G.P. : ¿Hasta qué punto puede decir que ama a Colombia?

G.T.: ¡Uy!  Imagínate! Después de 50 años que te parece. (jajaja) A Colombia la quiero mucho.  Uno no es de donde nace si no donde se siente bien.  Yo me siento bien acá.

G.P. : ¿Le gusta el fútbol?

G.T.: Poco. Tengo primos futbolistas. Nunca fui fanático  pero ahora algún partidito de la Selección Colombia lo estoy viendo.

G.P. : ¿Qué relató en su libro HUELLAS?

G.T.: HUELLAS es una especie de retrospectiva de todas las cosas que he hecho y estoy haciendo y fue la partida para el segundo libro que ya lo están editando en Cali que se llama “50 AÑOS DE TRAZO Y COLOR EN COLOMBIA”.

Es la continuación. Alguien decía que para hacer un buen abstracto hay que saber anatomía, perspectiva con posición, color, armonía y otra serie de cosas.

Lo importante es poner a trabajar para el amante del arte los hemisferios. Cuando una obra te atrapa y no sabes por qué la miras y la conoces, estás cinco minutos mirándola ya te enganchó y se trata de eso trabajar con los hemisferios.

G.P. : ¿Cómo artista considera que ha logrado alcanzar el máximo de su arte o falta camino por recorrer?

G.T.: No. Uno está en el proceso. El artista que se conforma con lo que hace ya empezó a perder. Esto es una cuestión que no para nunca. Es como una adicción además. Por crear. Es escarbar en tu interior. Escarbar sensaciones a través de la forma y el color.

G.P. : Uno de sus temas en la pintura son los árabes ¿Por qué los pinta?

G.T.: Me atrae mucho esa magia del medio oriente y porque por parte de mi mamá tengo primos griegos y turcos. Mamá era napolitana y ellos tenían sangre, estaban emparentados con los griegos. Italia tiene mucho que ver con los turcos y griegos. Por esas invasiones que han existido. Es un ADN que uno lleva adentro y además ese misterio que llevan esos rostros tapados.

G.P. : Usted tiene un hijo. ¿Quisiera compartirnos cómo es su relación con él?

G.T.: Somos amigos.  Hablamos de todo tipo de cosas. Es un muchacho muy sano. Muy querido. Tranquilo. Hace su vida en Miami en donde trabaja y estudia. Nos vemos continuamente gracias a la tecnología. Cuando era pequeño yo lo llevé un par de veces a Buenos Aires y mi papá lo conoció y lo trataba de una manera muy especial como me hubiese gustado que me tratara a mí. 

Creo que a cada uno le toca como le tocó. De pronto pudo haber sido peor o mejor. No sé.  A mí me tocó vivirla de esa forma y así se escribe la historia.  

G.P. : ¿En qué proyectos artísticos trabaja actualmente?

G.T.: Ahora estoy en el tema de la abstracción total. Ahí abrí otra puerta y es una locura.   

G.P. : Desde 1967 está exhibiendo sus obras prácticamente sin parar. ¿Sigue tan activo?

G.T.: Si. La próxima exposición será en agosto próximo y se tratará de los 50 años de mi carrera en el Centro Andino. Va a durar tres semanas y estará abierta para todo público. Serán unas 22 horas de gran formato con distintas temáticas y mostraré la síntesis de lo que hago ahora. 

“La obra es un espejo del alma”

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