Sáb, 01/20/2018 - 06:40

Acerca del caso de Edwin Cardona y Wilmar Barrios

El pasado martes un escándalo sacudió el mundo del fútbol: Los jugadores Edwin Cardona y Wilmar Barrios, pertenecientes al Club Boca Juniors y habituales convocados en la selección Colombia, habrían agredido física y verbalmente a dos mujeres, a las cuales presuntamente también amenazaron con cuchillos. Desde entonces este caso ha estado en el centro de atención de varios medios de comunicación tanto colombianos como argentinos.

En el momento en el que el presente artículo está siendo escrito, no existe aún un veredicto por parte de la justicia argentina ni una resolución del caso. No obstante todo el mundo especula: que Barrios y Cardona son culpables, que las mujeres solo quieren dinero y fama, que esto y que lo otro.

No pretendo dar acá mi opinión acerca de si los dos deportistas son culpables o inocentes, para eso existen instituciones encargadas de investigar los delitos relacionados con la violencia de género. El tema que quisiera tratar es otro: el manejo irresponsable que se le ha dado a la información que ha ido apareciendo con respecto a este acontecimiento.

En primer lugar, se encuentra el modo como desde diversas fuentes se han presentado las noticias de forma fragmentada, poco sistemática y por decir lo menos, desatinada. Para la muestra un botón: En las declaraciones otorgadas por una de las supuestas víctimas al canal CN5, esta tuvo que aclarar que, a diferencia de lo que se afirma, ella no es prostituta ni bailarina sino ama de casa. Además fue necesario que la misma persona desmintiera que hubiera sufrido abuso sexual durante el encuentro con los colombianos y que señalara que sí bien había cuchillos en el sitio, no fue amenazada con ellos. Sin embargo sí reportó haber recibido golpes y malos tratos.

Todo esto, tuvo que ser dicho por la mujer en respuesta a la cantidad de aseveraciones hechas por medios en los días posteriores al escándalo. No se trata acá de tildar a nadie de mentiroso, sino de mostrar como el tráfico continuo de contenido con respecto al caso, sin ningún tipo de espera a que haya claridad sobre los hechos, ha llevado a la difusión de información que se puede catalogar como mínimo de confusa.

Ahora bien, con la cantidad de artículos y notas que han aparecido con respecto a la supuesta agresión perpetuada por Barrios y Cardona, junto a la publicación -a mi modo de ver poco ética- de las fotos de las presuntas víctimas, los comentarios en redes sociales no se han hecho esperar. Algunos toman bando por una de las partes, muchas veces definiendo con calificativos peyorativos a la contraparte. Otros han aprovechado las circunstancias para traer a colación casos que no tienen relación alguna, como el desafortunado problema entre Teófilo Gutiérrez y la esposa de uno de sus ex compañeros de equipo, con el fin de justificar la conducta de las personas a quienes admiran.

El punto que quisiera destacar con respecto a todo esto es que a veces parecemos olvidar que la elaboración irreflexiva de noticias y opiniones tienen consecuencias reales para personas de carne y hueso. Sí bien es posible que nunca sepamos lo que aconteció exactamente en ese apartamento de Puerto Madero, lo cierto es que el despliegue público que ha tenido el caso no deja de tener afectados. De ser inocentes ambos futbolistas, se estaría vulnerando su buen nombre, lo cual puede tener consecuencias en el plano tanto profesional como familiar. De ser culpables, el escenario pinta aún más macabro: pues estaríamos asistiendo a la revictimización de dos mujeres que fueron violentadas.

Y no solo ellos están viviendo los efectos negativos de ser el foco de atención, sino también sus familias entre las cuales también hay niños, como bien lo expresa la mujer que declaró para CN5, quien se encuentra embarazada: "Lo está sufriendo mi bebé. Si fuera por mí nada más, yo no tengo problemas. Pero está repercutiendo en mi bebé y en mis dos hijas, que son dos menores en edad escolar"

Para finalizar, me permito una reflexión: el tema de la violencia hacia la mujer resulta demasiado delicado y serio como para ser tratado con la ligereza con que se ha tomado en este caso en particular. La insistencia de opinar sobre lo ocurrido sin que haya claridad al respecto, solo ha logrado la banalización de lo que está aconteciendo, convirtiendo un hecho tan grave en un Show Mediático donde los prejuicios de cada cual se manifiestan en detrimento de las personas implicadas y la realidad.

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