Lun, 02/18/2019 - 07:37

¡Amigos, no vayan a mi funeral!

No pierdan su valiosísimo tiempo en una reunión llena de tristeza y lamentos, con gente que no los conocen o no están para visitas en ese momento.

Al fin, ustedes tienen muchos asuntos por atender. Está el trabajo, por ejemplo, que no se puede descuidar porque de él depende su bienestar. Y también están los otros asuntos... bueno, no sé muy bien cuáles, pero siempre hay mucho por hacer, ¿verdad?

Y está el programa de televisión,... Y... Bueno, uno no sabe bien en qué se le va la vida, pero nunca queda tiempo para nada.

Se me ocurre sí que éste parece un buen momento para pensar en un asunto: ¿Cuántos amigos tienen a quienes no llaman o visitan desde hace meses (años, quizá)? Siempre que los encuentran les demuestran mucho afecto, y prometen que los van a llamar, pero luego se olvidan (no quiero ni pensar que ustedes fingen ese afecto).

Sería éste un buen momento para tomar el teléfono y llamar a alguno, aunque sea uno. Eso lo sorprenderá y lo alegrará de veras. Le estarán demostrando que sí lo recuerdan, aprecian, quieren ver de nuevo.

¡Qué importa que él tampoco haya llamado! Por algún lado tiene que romperse el círculo vicioso del olvido y la indiferencia, ¿por qué no de su lado?

O quizás los sorprendidos sean ustedes, cuando algún familiar les conteste y les cuente que su amigo falleció hace algunos meses (o años, quizá).

Quizá pueden ser un poco más radicales y hacer una lista de amigos a los que llamarán en los próximos días, comenzando por alguno ahora mismo, antes de que pierdan el impulso.

A mí, por ejemplo, hace meses que ningún amigo me llama para simplemente conversar, aunque yo sí he sorprendido a algunos cuando los llamo sólo para saludarlos; hasta me han dicho que soy raro.

Pero, pienso yo, qué sentido tiene que se gasten tres o cuatro horas en un funeral si yo ya no estaré ahí para atenderlos, si no encontraron un momento para alegrarse conmigo mientras estoy vivo. Mírese por donde se mire, es una inmensa tontería.

¿Qué los movería a ir? ¿Tradición, remordimiento, culpa?

Es mejor que no vayan, y sigan con su muy atareada vida que les impidió que nos reuniéramos para conversar un rato. Al fin y al cabo, nadie tiene amigos muertos. Como dijo el poeta:

No estaré en ese ataúd,

en medio de tantas flores,

ni escucharé a los cantores

que me honren con su laúd.

Hay una antigua virtud

en el tema de Amistad:

No dejar en soledad

a quien amor necesita;

llama o hace una visita

quien es amigo en verdad.

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