Dom, 06/05/2022 - 08:06

Antes de nosotros también estamos todos, como después

La última vez que estuve aquí, hace una semana ya, fue para decir que ese día cerraba aquel año, en el que estuve conversando con ustedes, hablándoles de diferentes cosas y diciéndoles otro montón, en su mayoría, inservible. Esta vez, por tanto, es la primera de este nuevo año, y, como siempre, aunque un poco más hoy, vengo a hablar, no de algo extraordinario, sino de algo que sucede en el día a día de todos nosotros.

Pero de lo que vengo a hablar es de lo que sucedió, o, mejor dicho, de lo que le está sucediendo a tantas, casi todas las personas del mundo, y que está pasando en el mundo ya mismo. Podríamos decir que en este momento hay alguien amando, que también hay alguien odiando, alguien durmiendo, alguien soñando, alguien olvidando, porque existen mil y un maneras de estar en el mundo, así como existen siete mil quinientos millones de formas de vivir, de crear y de mantener ese mundo en actividad, por lo que sería imposible no quedarme toda una vida, o todas las vidas, todas nuestras vidas, o toda la vida del mundo hablando del tema, hablando de qué está pasando en este momento en otras personas, en otros mundos, en otros pechos, en otras cabezas. Por tanto, y no me resulta descabellado pensarlo, podría resumir que, en este mundo, en este momento, está sucediendo una sola cosa: lo que queramos que suceda.

Y qué es, se preguntan ustedes, lo que queramos que suceda, porque todos queremos algo diferente, eso también es bien sabido desde que se inventó el querer. Pues, para no ir tan lejos, todos queremos, al fin y al cabo, querer y que nos quieran, sea una persona, una planta, una mascota, una cosa, el silencio, la nada, la muerte, la filosofía, la poesía, en fin. Y sí, como se lo están preguntando aquí y ahora, para qué vengo a decir que todos queremos que nos quieran y todos queremos creer y que, aún más obvio todavía, eso está sucediendo en este momento. Pues la respuesta es más simple de lo que parece: porque lo que no mencionamos no existe, lo que no invocamos deja de existir y lo que olvidamos se convierte en nada. Entonces, si en este preciso instante ustedes están queriendo pensar, por ejemplo, en ese ser querido que está lejos de ustedes, que hace tiempo no contactan, pues en este preciso instante, ese ser querido está existiendo en sus cabezas, en sus pechos y en sus estómagos, para no mencionar las tantas partes que los componen.

Y qué se hace con lo que está en esos lugares de nuestros cuerpos, en el estómago, la cabeza, las tripas, el pecho, las manos, también se preguntan ahora muchos de ustedes. La respuesta, como ya varios de ustedes lo adivinaron, es fabricar, amasar, construir ese querer y ese qué querer, con lo que tengan ustedes en este momento para desear, querer y pensar en sus cabezas, pechos, corazones, tripas, manos, pies o piel, fabricaremos, o fabricará cada quién a su antojo, y a su gusto, esa forma de querer y ese querer que regresa en forma de persona, o de cosa, o de lo que sea, a hacerlo sentir que está haciendo algo y, sobre todo, y quizá lo más importante, sirviendo para algo.

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